in girum imus nocte et consumimur igni

in girum imus nocte et consumimur igni

lunes, 12 de enero de 2015

Hacerte mío

Te contemplo mientras dormitas entre las sábanas revueltas después de una noche de pasiones retorcidas. Me levanto, me sirvo una copa de vino y enciendo un cigarro… le doy un par de pitadas y lo apago con rabia estrujándolo en el cenicero ¿por qué mierda tengo ése impulso “masculino” de fumar después de hacerte el amor?.

No sé como confesarte que cuando te veo no siento el deseo de ser tuya, me arrebata el deseo de hacerte mío… cuando te acaricio mis manos se pierden donde no deberían de hacerlo, busco rutas para darte placer dándole la contra a lo que manda natura. Y nuevamente me asalta la atroz duda… ¿se equivocaron los dioses que nos separaron con el rayo?... ¿aquél al que maldigo por haberte hecho lo que te hizo enderezó, sin quererlo, lo que estaba torcido?... ¿será que mía es la espada y tuyo el cetro?.

Hoy le decía a la Hija de la Serpiente que desde que la Fantasmala no usa mis manos para escribir sus poemas a mi no me sale ni un puto verso… no ato ni desato collares de perlas románticamente tristes…  no puedo escribirte palabras embebidas con miel, se me atoran los “te amo” en el tintero pero me salen a borbotones los “te deseo” escritos sobre tu carne con el látigo y uso tu sangre para escribirte un “te amo” donde no puedes leerlo.  

Enciendo otro cigarro con disgusto, no quiero seguir dándole a la madeja cansada de tantos enredos y fumo para entorpecerme. Te despiertas, me miras y me sonríes… me reclamas que vuelva al lecho y nuevamente me ofreces tu cuerpo que cede complaciente a mis caricias equivocadas… y me dices leyendo mis pensamientos: Deja de pensar en tonterías, lo único que importa es que estamos juntos, ámame como te provoque hacerlo.

Y tienes razón… tantas vueltas nos han dado los dioses que tal vez ni ellos saben que ésta equivocado y qué es lo correcto… lo único que importa es que nuestros destinos nuevamente están unidos y que me enloquece besarte… y hacerte mío.

Liliana Celeste Flores Vega - enero 2015

Imagen: Google

martes, 6 de enero de 2015

Amanecer

El día luminoso como un diamante pulido
nace entre encajes rosados y grises
húmedos de aurora.

Los ángeles dormidos en el bosque
bajo el abrigo de los frondosos olmos
se desperezan como rosas en capullo
que se abren a la plenitud
al percibir el calor del sol
que, como un disco de oro, surge
entre las nubes de carmesí y de algodón.

Dormito entre tus brazos
agotada de haber satisfecho tus deseos
después de toda una noche de lujurioso desenfreno.
Me despiertas con tus besos,
abro los ojos y me miro en los tuyos,
tus ojos tan bellos y luminosos como dos zafiros
son como dos espejos azules que reflejan mi dicha.

Sonríes y es tan hermosa tu sonrisa,
amado mío... ¡dile a la noche que vuelva!
y no me despiertes… quiero seguir soñando entre tus brazos.

Liliana Celeste Flores Vega - enero del 2015

lunes, 5 de enero de 2015

Poemas y Memorias de una Dama Blanca




Quiméricas

Ecos de Ultratumba

Una recopilación de relatos de terror, vampiros y experiencias sobrenaturales.

Un deshonroso hecho y los problemas económicos son los motivos por los cuáles Lord Ramiro Vanderloph y su familia se ven obligados a regresar al castillo de sus ancestros ignorando la oscura leyenda que yace oculta tras sus muros.

Los amables lectores de mi blog recordarán los extraños sucesos que Damon y yo vivimos a finales del año 2012 y supongo que algunos se preguntarán que sucedió con los pacientes de aquella atípica casa de reposo que se encuentra en un lejano paraje en el norte del país. Yo misma sentía esa curiosidad y desconocía que abúa sucedido con ellos... hasta un par de semanas que Damon y yo volvimos a visitar el lugar.

Memorias Oniricas

Una recopilación de mis memorias oníricas, visiones en el espejo, sueños y desvaríos. 











domingo, 4 de enero de 2015

La Luna desvelada

Una recopilación de relatos románticos y eróticos.





Anacrónicas

Una recopilación de relatos de fantasía y ciencia ficción. Cada relato es independiente, no es necesario leerlos en el orden en el que están publicados.











Los Dioses sin Nombre



Es una serie de terror con matices de ciencia ficción y algunas pinceladas de erotismo inspirada en el universo de Lovecraft y que fusiona elementos de los mitos preincaicos, del folklore peruano y del ocultismo en general.



Listado de capítulos:


























Mascarada

Mascarada

Una tarde lluviosa los Llantos Cansados del Bosque llegaron a mi vetusta mansión como errantes viajeros solicitando posada. Por ser amigos de los Elfos les abrí mis puertas cerradas y les ofrecí buen vino añejo, aquel vino que no se libó en nuestras nupcias, y que dormía sus sueños alcohólicos en la bodega cerrada.

Al atardecer el Séquito de las Penas arrimó a mi retiro pidiendo asistencia para la Infanta de la Melancolía a quién traían herida de muerte envuelta en una mortaja. Les cedí aquella alcoba de paredes rosa colonial ahora olvidada en invierno condenada a no conocer estío y que nosotros habíamos destinado para la niña que naciera de nuestras noches de desvarío.

Ya había caído la noche cuando la Dama de las Angustias llegó desesperada para contarme su último infortunio y la recibí en la acogedora salita virreynal. Le dije a mi anciana aya que nos sirviera té amargo cuando el Heraldo de las Sombras se anunció con la borrasca… me traía una carta amarillenta, aquella carta que él nunca pudo enviar.

Subí las escaleras y entré a la que aún en su muerte yo llamaba nuestra alcoba… me arrojé sollozando al mullido lecho de doseles de tul perla, aquel lecho que hubiera sido el altar para nuestros ritos de amor. La luna anunció medianoche y llegaron los preludios evocando su memoria con las notas luctuosas de un violín escondido en la penumbra de la enramada… me puse de pie y atisbé por el ventanal detrás del cual la noche también lloraba.

La tempestad desgarró los viejos árboles, el viento azotó el ventanal y los cristales se quebraron con estruendo… y fueron como puñales de luna en mi pecho. Bajé las escaleras y el espejo me devolvió mi imagen: Pálida como una aparición y con el albo camisón manchado de sangre. En el gran salón, a la luz de mortecinos resplandores, una orquesta fantasma tocaba las notas del Danubio Azul.

Mis misteriosos invitados danzaban en fatal mascarada ocultando sus rostros con antifaces y caretas de fantasía, atravesé el salón entre los espectros de la noche arcana. Salí y me enfrenté cara a cara con la borrasca, el viento y la lluvia azotaron mi rostro… pero él me llamaba detrás de la ignotía nocturna como todas las noches me buscaba en sus sueños de ultratumba.

Él estaba de pie junto a la pérgola desbaratada por la tempestad. Hermoso como un espectro, magnífico como un príncipe envuelto en su capa de tinieblas y muerte... la lluvia escurría por sus largos cabellos oscuros. Me sonrió, yo me acerqué y él me tomó entre sus brazos, acarició mi mejilla y tomando mi mentón me besó en los labios… su boca tenía sabor a licor y sangre.

Me tomó de la mano y juntos regresamos a la mansión, antes de pasar el umbral él me levantó entre sus brazos.

- Mi novia más allá de la vida y de la muerte - me dijo apasionadamente.

Atravesamos el salón y los espectros se abrieron a nuestro paso para descubrir un altar que parecía haber emergido del averno. Un sacerdote vestido de negro semejante a un excomulgado estaba dispuesto a oficiar.

La Dama de las Angustias me puso un velo… pero no fueron azahares, fueron “no me olvides” las flores que coronaron mi tocado de azur. Los dos nos arrodillamos ante la impía ara.

- ¿Tomas a ésta mujer para amarla, protegerla y respetarla más allá de la muerte? – le preguntó el sacerdote excomulgado.
- La tomo y juro amarla eternamente – respondió.
- ¿Aceptas a éste hombre para amarlo, obedecerlo y respetarlo más allá de la muerte? – me  preguntó el sombrío oficiante.
- Acepto y juro que seré suya para siempre – respondí.
- Entonces yo os declaro unidos mas allá de la misma muerte, una noche al año el tiempo se detendrá y vosotros seréis los dueños de ésas horas… del ocaso al alba la carne será carne, la sangre será sangre y los dioses dormirán mientras que vosotros os amáis – dijo el sacerdote excomulgado.

El sombrío oficiante alzó un cáliz de plata y nos lo ofreció.

- Beban de éste cáliz la consagración de vuestro amor para la eternidad y vuestra condenación a la no muerte para siempre – dijo funesto.

Bebimos… era sangre, la sangre de los santos y mártires. Luego nos dio la comunión en una patena de oro.

- Coman de éste pan, serán como los dioses pero no olvidarán su humanidad y sufrirán por vuestra propia inmortalidad – concluyó  nefasto.

Comulgamos y luego nos besamos apasionadamente. El infierno se tragó el altar y al sacerdote excomulgado, no nos importó de donde había salido el elegido del averno… estábamos casados desde aquí a la eternidad… ¿bendecidos o maldecidos?, no lo sabíamos. Ya en nuestra alcoba, como esposo y esposa,  él me tumbó suavemente sobre el lecho.

- Bella como la Dolorosa – me susurró al oído.

Me quitó el camisón de gasa que estaba manchado de sangre y sus manos acariciaron mis pechos con suavidad y dulzura. Intentó quitarme los fragmentos de cristal que tenía clavados como si fueran puñales de niebla y lluvia.

- No me los hurtes – dije – quiero que tu amor me duela las noches en las que estarás ausente, húndelos en mi corazón voluptuosamente.

Él desabotonó su camisa y dejó su pecho al descubierto, me abrazó apasionadamente y los puñales se hundieron en mi corazón al empuje viril de su peso.

La borrasca cesó pero quedaron unos ecos de rugidos en el viento. Las farolas bañaban de luz fantasmagórica el patio toledano y mis invitados continuaron con su mascarada en el gran salón. Besos, caricias y abrazos encendieron la lujuria… al verme desnuda entre sus brazos y a merced de sus deseos rutiló la inocencia en sus ojos siempre fulgentes de malignidad… él era un bárbaro en la batalla pero era inocente a la hora de amar. Sus manos sacrílegas eran suaves para las caricias, sus labios blasfemos eran dulces al besar… él era un demonio y me entregó su castidad. Destrocé su inocencia amorosamente despertando al guerrero a los placeres de la lubricidad… él me había enseñado de iglesias convertidas en hogueras, yo le enseñé que la pasión al desatarse en un lecho quema mucho más.

Saciado el deseo nos quedamos dormidos un instante, él me cobijaba entre sus brazos y yo apoyaba la cabeza en su pecho. El alba vestida de rosa asomó en los ventanales... y su abrazo se hizo gélido, en su pecho se silenció el latido… él era un espectro venido de la tumba. La alborada anunciaba la hora de los ángeles tranquilos, la noche había cedido su dominio.

- Yo velaré por ti desde las sombras – me dijo al tomar su capa – eres mi dama y mi diosa… te he condenado a ser mía mas allá de la muerte, perdóname...

Su voz se quebró como un sollozo, posó sus labios sobre los míos y acarició uno de mis rizos que caía sobre mi frente. Se envolvió en sombras y tomó el sendero de la muerte.

Bajé las escaleras despavoridamente tras de él. En el jardín la mañana se despertaba pero en el salón era noche cerrada. Las doncellas del Séquito de las Penas me atraparon y entre jaleos me vistieron con ropajes mortecinos… a mi cintura enlazaron un rosario de perlas, alborotaron mis cabellos, me ciñeron una corona de lirios y terminaron mi tocado con un velo de tul que cubría mi rostro. Las lloronas se apartaron cuando se acercó la Dama de las Angustias, ella me ofreció un espejo oscuro donde se reflejaba la noche y se abría el portal al Valle de las Sombras. El mas digno señor de los Llantos Cansados del Bosque me ofreció una vela ambarina que yo sostuve en mi mano.

- Salve Celesta – exclamó – sois la reina de la Mascarada, sois la Dulce Muerte.

El salón giró a mi alrededor mientras rompía una cascada de arpegios, la noche sempiterna invadió la mansión cerrada y se encendieron fantasmales candiles azules. El estruendo de cascos en el patio arrasó una melodía, los Caballeros del Morte habían llegado y se presentaron como los paladines enviados por mi esposo para velar por la seguridad de mi refugio.

Salí a descubrir la noche tras el velo, atravesé el jardín y me detuve junto a la pérgola… la luna azul y gélida derramó sus rayos sobre los lirios de mi corona fúnebre.

- Los puñales los llevo en el pecho como alfileres sujetándome su recuerdo, es hora de que los guerreros guarden sus espadas – exclamé – mi mansión donde la noche es eterna abre sus puertas, bienvenidos sean todos aquellos que aman las tinieblas.

Llegaron los guerreros cansados con sus espadas rotas, estaban sedientos y les di de beber vino y cerveza… luego encontraron el descanso entre los brazos de mis doncellas. Los cánticos de guerra fueron desterrados, muchos descubrieron que eran poetas bajo un hechizo de gótico romanticismo. Rivendel en penumbras, mascarada de vampiros.

oOoOoOo

Desde entonces la alborada no se atreve a asomarse por los ventanales de la mansión maldita en donde los fantasmas danzan, las tristezas sonríen y los duelos cantan... yo soy la Señora del lúgubre feudo. Las armaduras se guardaron en el desván. Mis caballeros visten capas de negro terciopelo y mis damas miriñaque, mantilla y tafetán.

Cuando nos cansan los bailes y las largas charlas, organizamos una comparsa en noche de niebla o de borrasca… entonces es el espanto que recorre los caminos. Los Caballeros del Morte como esbirros, Los Llantos Cansados del Bosque, el Séquito de las Penas, Vampiros de Drama y Doncellas de Tragedia forman la marcha alucinada guiados por la mortecina luz de mi cirio que nunca se apaga.

Si deseo invitar al baile a un músico, un soñador o un poeta basta con que lo visite en sus sueños rotos o me cruce en su camino cuando extravíe la senda. Como una Walkyria escoge guerreros para el Walhalla escojo a mis caballeros, pero no con una lanza… basta que levante mi velo y lo ciegue con la luz de mis ojos… o que con un beso robe su alma.


 Liliana Celeste Flores Vega - agosto 1994

viernes, 2 de enero de 2015

Noche de luna errática

Noche de luna errática

Noche de luna errática. Estaba recostada en mi cama leyendo un libro cuando me envolvió una somnolencia extraña… la seductora fragancia del incienso de jazmín que se consumía en mi mesa de noche me transportó a un harén y vi a una hermosa mujer con cabello rubio largo hasta la cintura. Ella estaba vestida con un traje de odalisca de seda color perla con bordados de hilo de oro que contrastaba con su piel de melocotón… reía con una risa clara y danzaba, sus pies dibujan arabescos sobre la alfombra y sacudía las caderas al son de un tambor imaginario… me miró y me coqueteó… empezó a despojarse de sus velos… entonces me despabilé.

Me pregunté quien era ésa mujer, me resultaba familiar aunque no era ninguna de las damas blancas que yo conocía… su mirada de zafiro, su cabello de oro, su risa de cristal… pero ¿por qué me coqueteaba y se desvestía frente a mi como si quisiera seducirme?... era bella pero a mi no me gustan las mujeres.

Me levanté de la cama y me miré al espejo, me desconocí… apenas me estaba volviendo a crecer el cabello, añoré mi melena castaña que me llegaba casi hasta las caderas… pero fue necesario que me la cortara.

Tomé otra varita de incienso y la encendí. Volví a la cama y me arrebujé con una manta. En mis ensoñaciones divisé la Torre de Ámbar y vi a la Fantasmala consultando su bola de cristal… yo era una lechuza y volé hasta llegar al Templo de la Luna de la Muerte, me posé en el dintel de la ventana de piedra y vi a la Diosa Milenaria barajando nuevamente sus cartas… estaba cansada de los tejemanejes de las diosas y abrí los ojos… frente a mi estaba el arcángel de mis pesadillas: Cabello de plata, ojos de amatista y mandolina en mano… me sonrió y empezó con su serenata nocturna.

“Hermosa y fría como un rayo de luna gélido
etérea y triste como una melodía de viento
fantasmal como la Niña de la Lámpara Azul de Eguren
melancólica como la Princesa de Darío”

- Calla, mi bardo triste – le dije cansada de sus baladas tan cursis – mejor dame a beber un trago del licor de la luna de tus labios.

Me besó en la boca. Fue un beso casto y puro, su boca es la copa donde libo ése licor que calma mis inquietudes… bebí hasta que la dulce embriaguez me hizo esbozar una sonrisa. Luego él se sentó a mi lado en la cama.

- ¿Recuerdas cierta conversación que tuvimos hace casi catorce años?

Posó dos dedos sobre mi frente y a mi memoria vino el preámbulo de aquella conversación. En ése entonces yo era poco más que una niña… una tarde paseaba por la alameda cuando una vieja y repulsiva gitana me cogió del brazo y con una mueca asquerosa y rara puso en mis manos una carta de espadas... en la noche el Lobo aulló una canción desentonada de puñales de plata… novia del Jinete de las Sombras que se quedó con el vestido blanco, la corona de flores y las ilusiones quebradas:

- ¿Qué esperas, retirada del mundo, luna de mis amores?
- Espero que el viento me traiga los sordos ecos de los cascos del caballo cadavérico.
- Espera sin esperanzas, el caballero a quien esperas ha muerto.
- Lo sé, ¿acaso mi hada madrina no me prometió que él vencería a la Muerte?

Recordé que lloraba como una condenada, a mis ojos las flores perdieron su color y hasta el alba me parecía oscura.

- ¿Lo amabas? – me preguntó el arcángel demoníaco que es mi guardián.
- No, no lo amaba – le respondí bajo su escudriñadora mirada irreal – no niego que quise al Jinete de las Sombras pero no lo amé… ahora que lo pienso creo que él me sedujo con sus hechizos de magia negra.
- Es cierto. Hechizos que le enseñó la Luna Gélida, ella le dio el poder para obnubilarte… pero no culpes del todo a la magia oscura, te gustaba su porte y su arrogancia… lo quisiste y por él derramaste lágrimas amargas sobre mi pecho, entre sollozos me decías que querías morirte para estar a su lado – me recordó con algo de mofa el Bardo del Infierno.
- Era casi una niña mas enamorada del amor que del novio – le respondí preguntándome a que venía recordar al espectro conjurado.
- Eras feliz cada noche que él te llevaba a cabalgar sobre su cadavérico corcel desafiando la tormenta rumbo a las regiones sombrías donde brillaba la mortecina Estrella de la Muerte, bendecías ser impura, tan impura que él te llevaba orgulloso a las orgías de Svartalfa – me dijo con una sonrisa sombreada de tristeza – hasta…
- Hasta una vez en la que estaba en el mirador de la poesía contemplando la noche incierta de visajes turbios y melodías siniestras, la noche no anunciaba tormenta pero algo funesto había tras las nubes negras – dije jugando con las hebras de su cabello de plata – entonces tú llegaste con el abatimiento en tus ojos violetas, me sonreíste con una sonrisa que no llegó a serlo, con aquél gesto que se hace cuando se tiene que dar una mala nueva, llevabas un pergamino lacrado con el sello real.
- La nueva decisión de la Diosa Fatala con la orden absurda de desposarte con el Lobo que empuñaba la Espada Flamígera – asintió bajando la mirada – en su defensa te diré que ella no quería que te desposaras con él pero había dado su palabra, en su contra te confieso que no era su intención enderezar lo torcido, solo quería ganar tiempo mientras preparaba su próxima jugaba. Tú accediste a obedecer su orden, fingiste llevar tu luto a carcajadas… pero a escondidas te encontrabas con tu Caballero Fantasma bajo el amparo de la Fantasmala.

Recordé con una dulce nostalgia aquella tarde lluviosa en la que los Llantos Cansados del Bosque llegaron a mi vetusta mansión como errantes viajeros solicitando posada, por ser amigos de los Elfos les abrí mis puertas cerradas y les ofrecí buen vino añejo, el vino que no se libó en nuestras nupcias, y que dormía sus sueños alcohólicos en la bodega cerrada.

No amé al Jinete de las Sombras pero a él le debía haber sido la Reina de la Mascarada que vistió las galas de la Dulce Muerte. Recordé aquella noche en la que los guerreros cansados con sus espadas rotas llegaron a mi mansión siniestra, estaban sedientos y les ofrecí vino y cerveza… encontraron el amor y el descanso entre los brazos de mis doncellas... los cánticos de guerra fueron desterrados y muchos descubrieron que eran poetas bajo un hechizo de gótico romanticismo. La alborada no se atrevía a asomarse por los ventanales de la mansión maldita en donde los fantasmas danzaban, las tristezas sonreían y los duelos cantaban. Las armaduras se guardaron en el desván… mis caballeros vistieron capas de terciopelo negro y mis damas trajes de miriñaque, mantilla y tafetán.

- Muchas veces quise decirte que estabas danzando una canción equivocada pero eras tan feliz siendo la reina de los vampiros que no me atreví a romper la esfera de cristal que encerraba la fantasía del baile de máscaras – añadió con la culpa danzando un vals en sus ojos amatistas – además... si te lo hubiera dicho la Degolladora no me lo hubiera perdonado y en estos momentos mi cabeza estaría colgando de su macabro cinturón.
- No te culpes, disfruté mucho danzar ésa canción equivocada – le respondí sinceramente – fui la Dama del Pecado que presidía la Misa Negra hasta que llegaron los gitanos. Cayó la tarde sobre la plaza con remembranzas de España, un condenado alcahuete me presentó a un Coplero… la noche me trajo perfume de claveles y una serenata bajo mi ventana.

Mi arcángel bajó la mirada, él había sido el condenado alcahuete.

- Salí al balcón para que el bullicio que él estaba armando con su guitarra desafinada no despertara al vecindario, escuché sus apasionados requiebros y sus gastadas palabras de amor – añadí haciendo el recuento de los daños – no era el libreto que había estudiado pero la función tenía que continuar pues las candilejas del patético teatro estaban encendidas y había público esperando ver la obra… yo era la actriz principal de la tragedia y el Coplero era el reemplazo que contrató la compañía.
- Cierto, él es un reemplazo – me confirmó mi arcángel.
- Me prometió estrellas únicas y me amenazó con borrascas, finalmente me rendí a sus cortejos – proseguí sin prestarle atención a la confesión que se había deslizado de los labios de mi arcángel triste – no te culpo por haber sido el alcahuete ni culpo a la Luna de los Muertos por haber forzado la situación con sus sortilegios quien sabe con qué propósitos… lo acepté porque lo reconocí como el hombre que había visto en mis sueños.
- ¿Estás segura que él es el hombre que viste en tus sueños? – me preguntó, yo asentí – tal vez lo viste en algunos de tus sueños, eso no lo dudo... pero ¿es el hombre que viste en ése sueño del Templo de Kali?
- Si – le respondí aunque tenía mis dudas – hasta lleva el mismo tatuaje.
- Entonces… ¿por qué lo han relevado de su cargo de shaman? – me preguntó.
- No pasó la última prueba – le respondí, esa había sido la explicación que me habían dado las diosas – él era el hombre que había visto en ése sueño y en otros más, un hombre al que amé en vidas pasadas… pero no era el elegido para empuñar la Guadaña.

Mi arcángel meneó la cabeza.

- Un juramento que hice a mala hora me prohíbe decirte algo que debería de decirte pero puedo darte algunas pistas para que tú lo adivines – me susurró como temiendo que las paredes pudieran oírnos – tu misma has dicho que sabes que el Coplero es un reemplazo… ¿sabes a quién reemplaza?
- Obviamente reemplazó al Jinete de las Sombras – le respondí, mi arcángel volvió a menear la cabeza – ambos fueron shamanes de Thanatos… pero ninguno era el heredero elegido que empuñará la Guadaña.

Mi arcángel asintió pero en su mirada había una sombra de derrota.

- ¿Recuerdas aquellas noches de pasional desenfreno con el Nigromante? – me preguntó mi arcángel de cabellera de plata, le devolví una mirada extrañada – vuestro primer encuentro fue una cita a ciegas de mano de la locura… sus largos cabellos oscuros caían sobre sus hombros, sus ojos eran oscuros pozos de beleño y vestía un gabán negro… con él danzaste una lujuriosa danza en un tálamo sobre las tumbas.

Entonces recordé aquél desvarío: Llegué a la exposición de arte con los matices bronces del atardecer, entré a la sala de arte, nerviosa como una muchacha en su primera cita a ciegas y me detuve a contemplar sin interés una pintura. Entonces percibí que el tiempo se detuvo, por un instante me quedé suspendida en el silencio, el estruendo de un muro derrumbado, una ráfaga gélida… y desde ultratumba el eco de sus pasos. Me preparé para un fantasmal abrazo pero sus brazos ciñeron mi cintura, su aliento acarició mi cuello y me susurró una frase cariñosa. Me estremecí, bajé los ojos y vi sus manos alrededor de mi talle, llevaba un anillo de calavera… con el corazón latiéndome aceleradamente giré para mirarlo, sus largos cabellos oscuros caían sobre sus hombros y vestía un gabán negro.

Tomó mi mano, en silencio salimos de la sala de arte y caminamos hasta la plazoleta, nos sentamos en una de las bancas frente a la catedral y apoyé mi cabeza sobre su hombro. La noche estaba serena, la gente que pasaba no nos miraba con extrañeza, solo éramos una pareja de enamorados sentados en la plazoleta… él me miró a los ojos, me reprochó mi incredulidad con la mirada y para que ya no dudara me besó en los labios.

Fuimos a un café. Luego caminamos sin rumbo por las callejuelas y terminamos pidiendo una habitación en el hotel frente a la iglesia sobre las tumbas. Ya a solas en la habitación los fuegos fatuos desataron su danza, nos besamos apasionadamente y nos desvestimos con vehemencia… sus caricias cubrieron mi cuerpo con desenfreno y me hizo suya en medio de fantasmales fuegos. Toda la madrugada turbamos el bendito sueño de los muertos con nuestra lujuria… me quedé dormida entre sus brazos exhausta y cuando desperté estaba sola abrazando la almohada.

- Si, recuerdo ése encuentro con él – le confirmé – y también recuerdo otra noche de pasión desbocada en el salón de la mansión… y sus besos cuando se escabullía furtivamente en mi alcoba mientras dormía… pero sólo fueron sueños de opio y hachís… engaños del Coplero anda tú a saber con que propósitos.
- Sueños de opio que te hicieron madre de una niña bruja – me respondió con una sonrisa sarcástica pero antes que yo protestara diciéndole que mi hija nació por obra y gracia de la magia arcana, él me hizo otra pregunta – y hablando del Coplero… ¿lo amas?
- Yo misma me he preguntado que siento verdaderamente por él – le respondí escudriñando mi corazón – pasión y deseo, remembranzas de amoríos de vidas pasadas… una inexplicable necesidad física de él... pero amor, lo dudo.
- La misma sangre corre por vuestras venas – me dijo mi arcángel de mirada amatista.
- Lo sé, tenemos los mismos ancestros – le respondí algo cansada del interrogatorio.

El alba despuntaba por la ventana con matices grises, violetas y rosados.

- ¿Y qué hay del muchacho del violín? – me preguntó mi arcángel siguiendo con el tema.
- Otro reemplazo, otro candidato a empuñar la Guadaña que falló en el intento – le respondí sin disimular un bostezo.
- ¿Lo amas? – me preguntó mi arcángel recibiéndome en su pecho.
- No, sabes que hace un mes corté los lazos del compromiso que me ataban a él y no le he llorado ni una lágrima – le respondí acomodándome en el refugio de sus brazos.
- Parecías enamorada de él – me dijo con cierto reproche.
- Llegué a quererlo – admití cerrando los ojos – él espantó a los cuervos que acechaban en mi ventana, durante nuestro noviazgo se comportó como un caballero y tenemos un par de historias pasadas con bonitos recuerdos… pero agradezco que haya fracasado, si hubiera pasado la última prueba me hubiera casado con él sin quejas ni reclamos… sé que hubiera sido un buen esposo, es guapo y sabía complacerme en la cama… también hubiera sido un excelente shaman, además es buen guerrero muy diestro con el arco, valiente, responsable, noble e inteligente… siendo honesta él fue el mejor prospecto que he tenido pero nunca hubiera podido amarlo… le conseguí una carta blanca y espero que tenga una vida feliz… es noble, tiene buen corazón… se lo merece.
- Le conseguiste esa carta blanca por remordimientos, tú fuiste quien saboteaste su última prueba – me dijo disimulando una risita cómplice – pero él te amó, aún te ama y te seguirá amando… buscará una mujer que se parezca a ti, que tenga tus ojos y tu cabello, tendrá un hijo con ella para darle un cuerpo a la gema que procrearon… y nunca podrá olvidarte.
- Y yo lo recordé siempre con cariño – dije ya casi dormida – ojalá que en una próxima vida los dioses quieran que sea mi hermano… ése es el amor que puedo darle.

Mi arcángel acarició mis cabellos trayéndome remembranzas de mi infancia.

- Me pesa en el corazón el terrible secreto que guardo – me murmuró pesaroso – sabes que tanta cháchara se debe a que la Fantasmala y la Luna de los Muertos se han puesto de acuerdo y tienen a otro pretendiente a punto de cantarte serenatas bajo tu ventana. No vuelvas a pedirme un beso porque el licor que bebes de mis labios es nepente que nubla tus recuerdos y te prepara para recibir con agrado los cortejos de otro caballero… ésta vez será uno a quien te han atado con hilos embrujados y con quien haz compartido muchas vidas, lo amarás por la maldita virtud de aquella magia… y si ése falla en las pruebas ya tienen a otro candidato en la lista… no puedo hablarte con palabras claras pero puedo decirte una adivinanza: “Ni claveles de España, ni muguets de Finlandia, ni cardos de Rumania... rosas inglesas para mi bella dama blanca... y no te quejes de las espinas, que de todas las flores que he mencionado sé que es la que mas te agrada”

Me despabilé de inmediato. Sospechaba que el licor de la luna que bebía de la copa de su boca era nepente, por eso instintivamente siempre le pedía besos para calmar mi dolor… pero aquella adivinanza disparó algo en mi.

- ¿Rosas inglesas? – le pregunté con el corazón latiéndome a mil revoluciones – entonces… ¿debo de volver con el muchacho del violín?... ¿era él quién merecía empuñar la Guadaña?,  ¿lo arruiné todo saboteando su última prueba, verdad?... que tonta fui, demostró que era el más capaz de todos… ah, pero yo nunca hubiera podido amarlo.

Mi arcángel dejó escapar un suspiro de derrota.

- No pudo decirte más, princesita mía – murmuró cabizbajo y con tristeza.
- Por favor, dime algo más – le supliqué tomando sus manos – sé que espero a un hombre que amé mucho, con él me sentía completa… pero no lo recuerdo y las diosas se aprovechan de eso para manipularme a su antojo y conveniencia, he dejado que ellas me usen como su marioneta porque como shamana debo obedecer sus mandatos y acatar sus designios… pero ya no soporto el vacío que tengo en el corazón.
- No esperes más a ése hombre, búscalo – me dijo escuetamente.
- ¿Cómo busco a alguien que no recuerdo? – le pregunté desesperanzada.
- Es cierto… ya te has encontrado con él y por un momento te enamoraste de su mirada triste pero no lo reconociste – me respondió sembrándome mas inquietud y desconsuelo – la Degolladora me arrojará al mas horrendo pozo del infierno cuando se entere que te dije lo que voy a decirte… búscalo con el corazón… su recuerdo se esconde en tu memoria antigua, sus ojos son un reflejo de los tuyos.
- Ya lo conozco y sus ojos son un reflejo de los míos – medité por un instante - ¿Vladlux, mi hermano de ritual?... tengo una gran empatía con él y me gusta pero… no lo amo… además acabas de decirme que los muguets de Finlandia no son para mí.
- Lo siento mucho, no puedo decirte más… ya amaneció y debo irme – musitó mi arcángel guardián – duerme princesita mía… duerme y busca al hombre que amas en tu memoria.

Mi arcángel me dio un beso en la frente y se fue. Me arrebujé en mi cama y cerré los ojos… me hubiera gustado pedirle un último beso y beber un último trago de nepente… pero ya no debería de libar de su boca, tenía que recordar… dormir y buscar al hombre que amo en mi memoria… en mi memoria antigua.

Liliana Celeste Flores Vega - marzo 2007