in girum imus nocte et consumimur igni

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jueves, 18 de noviembre de 2021

La dama del lago

Hace centurias ella duerme
en un lecho de algas...
hace centurias que nadie la busca,
nadie la invoca.
 
Ella duerme
envuelta en espuma, cubierta de perlas
como un ídolo olvidado
que yace en la oscuridad,
como una madre buena
a quien sus hijos han olvidado.
 
Hace centurias ella duerme
en las profundidades de su lago de aguas serenas...
ella duerme,
¿qué soñará?

Liliana Celeste Flores Vega - 1992 

miércoles, 20 de octubre de 2021

Llovizna

Llovizna... cristales empañados
por el vaho de las hadas...
una vela de danzarina flama ilumina la alcoba
tú y yo abrazados en el lecho
al abrigo de nuestros cuerpos desnudos...
noche cerrada sin luna... nubes negras
coronando la montaña vieja.
 
Calidez... tu piel y mi piel
rozándose bajo las sábanas...
tibias caricias y besos tiernos
el búho somnoliento cierra los ojos
cuando complaciente a ti me entrego...
llantos de arcángeles... las oraciones paganas
de la raza antigua arrullando al bosque.

Llovizna... el goce fue intenso
y abrazados dormitamos...
en las profundidades de la foresta
los hijos de la lluvia y del viento
danzan alrededor del árbol milenario...
la vela se consume... en las lejanías
las vibraciones musicales de una gaita.

Liliana Celeste Flores Vega - 1992 

jueves, 10 de enero de 2019

Galaor

Paladín intrépido y generoso,
diestro con la espada, audaz en la lucha,
gallardo jinete sobre indómito corcel,
dueño de una rara belleza salvaje y furiosa.

No imaginas que una princesa caprichosa
y hastiada de estirados nobles de modales refinados
se ha enamorado apasionadamente de ti
y sueña contigo en su lecho de brocado y oropel.

Te espío escondida entre el ramaje
mientras te bañas desnudo en la cascada,
tus músculos son firmes,
tu piel bronceada por el sol del mediodía
y áspera por el frío de la montaña,
tus largos cabellos oscuros caen sobre tus hombros
y enmarcan tus rudas facciones
en donde destacan las esmeraldas de tus ojos.

Sobre las rocas, húmedas y tendidas al sol,
están tus gastadas vestiduras,
imagino las noches de invierno
en las que bajo las estrellas congeladas
sobre un miserable lecho de hojarasca
o tal vez en una húmeda caverna
has sufrido frío sin más abrigo
que aquella capa deshilachada.

Descansas sobre la hierba,
dormitas bajo el sol semejante a un semidiós,
no puedo resistirme y me acerco a ti,
tu virilidad se manifiesta, aunque solo me presientes en tu siesta.

Estoy segura que hace muchas lunas
no has recibido las caricias de una mujer
y que tu deseo reclama la suave humedad de un refugio femenino
despierta... ¿quieres descansar en el regazo de un hada?

Liliana Celeste Flores Vega - 1993


Duendes

Cada vez que quiero huir hago maletas y me escapo a otra vida
pero al desempacar sucede que los duendes vinieron conmigo
escondidos entre los pliegues de mis vestidos.

Y me desbaratan los planes de una vida modesta,
me visten de lentejuelas y boas de plumas, me lisonjean en la barra de un cabaret,
traen al pianista que me compone canciones, al caballero galante de gustos exquisitos,
para completar la farsa invitan al triste poeta de ojos azules
y me obligan a ahogar mi llanto entre carcajadas de vino y oropel.

Y si vuelvo a hacer maletas se las arreglan para venir conmigo
ya sea colgados de mi falda o siguiendo mis pisadas como sabuesos,
siempre ávidos de arruinarme los planes de una vida honesta
me exigen fingir melodramas en un escenario
sin dejarme tiempo de llorar mi propia comedia.

Y con aquellos duendes siempre vienen los fatuos amores
el caballero triste que me ama y protege compartiendo mi infortunio
no tarda en llegar el noble conde que me desea y compra mis caricias
y para darle un tinte sangriento al drama
no olvidan al desdichado que muere jurándome amor.

Si me escapo amparada en la noche borrando mis huellas
y logro encontrarme con el Arcángel Azul de mis fantasías
no tardan los duendes en encontrar mi rastro
y se las arreglan para que la historia de amor
termine laureada como una desgarradora tragedia.

Y ahora que tengo a todos los personajes en la plaza
los duendes no disimulan sus sonrisas sarcásticas
pero esta vez seré yo la que escriba la última página.

Liliana Celeste Flores Vega - 1996

sábado, 21 de mayo de 2016

Deseado por el sol y amado por la luna

Cuando te despiertes descorre las cortinas
deja que la luz del amanecer invada tu alcoba
báñate y no te seques, acércate desnudo a la ventana
cierra los ojos, aspira el fresco aroma de tu jardín
mientras que un rayo de sol acaricia con lujuria tu piel
siente el cálido beso de la mañana, la tibieza del sol
e imagina que son sus labios y sus manos
los que recorren tu piel desnuda.

Cuando te acuestes no cierres la ventana
deja que la oscuridad de la noche invada tu alcoba
desnúdate y no te avergüences, entrégate a tu cama
cierra los ojos, aspira el penetrante aroma del incienso
mientras que un rayo de luna se desliza furtivamente entre las sábanas
siente el gélido beso de la noche, la frialdad de la luna
e imagina que son mis labios y mis manos
los que recorren tu cuerpo.

Desde el amanecer hasta la medianoche
sentirás que eres deseado por el sol y amado por la luna
para él estrella de la mañana, para mí lucero de la tarde
y para ambos nuestro dulce ángel de la música.


Liliana Celeste Flores Vega – mayo 2016

viernes, 29 de abril de 2016

El árbol milenario

En las profundidades del bosque sagrado
se yergue desafiando al tiempo
el árbol milenario de los frutos amargos.

Entre sus raíces retorcidas
tiene su morada una triste doncella pálida,
bella como la aurora, serena y triste como la niebla.

La desdichada virgen tiene en su pasado
un oscuro pecado y está condenada
a regar eternamente con su llanto
el árbol milenario de los frutos amargos.

Liliana Celeste Flores Vega - diciembre de 1991

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Noche medieval

En la soledad y el silencio de los húmedos muros del viejo castillo medieval
la noche se torna corpórea y tangible, se diría que las tinieblas
toman las formas de los pasados fantasmas y vagan por los pasadizos tristes.

Desde el oscuro bosque de árboles añosos llegan los tristores de los gnomos huraños
y el viento llora a través de los troncos huecos con un ulular que espanta
sin duda la canción de los silfos augura desgracias.

En el acogedor salón adornado con nobles escudos y patéticos cuadros
lanza ígneos destellos las llamas que en la chimenea danzan
y las suicidas falenas con fuego juegan.

Un murciélago perdido toca con sus membranosas alas los vitrales del mohoso ventanal
y con sus ojos rojos interroga a las mudas estatuas que con vacías miradas
las sombras quieren penetrar.

Pasos silenciosos suben las escaleras y se dirigen a la alcoba cerrada.
Los halcones se quedan dormidos... los búhos cierran los ojos...
un grito ahogado por un beso impuro... una salvaje embestida... un sollozo.

La espada hirió carme virgen... de carmesí se tiñen las sábanas de lino.
En el bosque encantado un unicornio se desploma y cae muerto
y el crimen queda impune, oculto por la luna que cómplice sonríe con sarcasmo.

Un prolongado silencio amortaja al castillo y todo parece en calma.
El galope presuroso de un corcel de viento rompe la quietud nocturna,
un guerrero sube a la alcoba cerrada sin ni siquiera quitarse la armadura.

Una mujer de cabellos dorados yace en el lecho mancillado...
el guerrero la toma entre sus brazos y besa tiernamente sus labios
la mujer abre sus ojos tan húmedos y claros como el mar... una última mirada.

El guerrero llora y cobija el bello cadáver entre sus brazos
la Doncella de la Aurora se asoma por la ventana y al ver el triste cuadro
ordena a las aves mañaneras que callen sus trinos y se enjuga una lágrima de rocío.


Han pasado siete centurias…

Las ruinas del plúmbeo castillo medieval se divisan en lontananza
entre los nebulosos encajes del cielo nórdico del reino de las brumas
y el viento trae el eco del galope presuroso de un corcel muerto.

Un torreón ha quedado en pie como un coloso desafiando la noche helada
como un blasfemo que desafía el trono de Dios con su puño cerrado
recordando por los siglos el crimen que quedó impune.


Liliana Celeste Flores Vega - noviembre de 1995

miércoles, 14 de octubre de 2015

Skuggor

Sus ojos encendidos por el deseo
son como rubíes de fuego que reflejan la lumbre del Averno...
la palidez de su rostro se acentúa
con el contraste de sus largos cabellos negros
tan oscuros como un cielo sin estrellas.

Camina por las callejuelas decadentes
envuelto en su capa oscura
que simula las alas de un demonio
cuando la ahueca el viento...
ese toque gótico en su figura,
sus caballerosos modales
y su romanticismo oscuro
completan la alegoría del vampiro.

No puede ocultar su origen inmortal
aunque vista de carne y hueso,
hechicero, nigromante y alquimista,
guerrero que empuña una espada de niebla...
señor de la dorada foresta,
demonio de los templos y ángel de los sepulcros,
no le sirve su disfraz de humano
pues su aura azul resplandece en las tinieblas.

No despreciaré el cortejo de tan noble caballero,
quien todas las noches acude a la función
de éste miserable teatro parisino,
teniendo seguramente compromisos dignos de sus blasones
como una velada en la mansión de la marquesa
o una partida de whist en el salón del duque...
descortesía sería no aceptar el ramo de rosas rojas
que ha enviado a mi camerino.

Con el ramo me envió una esquela
en la que me confiesa sus sueños obsesivos:
“Desde la primera vez que os vi interpretando a Gretchen
sueño que dejáis abierta la puerta de vuestro balcón
y yo, vistiendo las galas de Mefisto,
invado la privacidad de vuestro recinto,
hermosa, desnuda e indefensa os encuentro
y bebo vuestra sangre hasta dejaros muerta”

Inconfesables placeres de un noble,
como respuesta le enviaré ésta esquela:
“Para agradeceros rosas y devoción, ésta noche os prometo
dejar abierta la puerta de mi balcón y quedarme quieta como un cadáver
para satisfacer vuestras obsesiones necrofílicas”

Liliana Celeste Flores Vega - 1995

viernes, 9 de octubre de 2015

Viñetas de encaje

Fue una mañana lluviosa
en la que inciertos celajes y añejos perfumes
me hicieron soñar con viñetas de encaje
bordadas en el cielo.

Fantasmales figuras surgieron desnudas
desde el horizonte morado
y se vistieron con despojos de nieblas que se desvanecían
se perfumaron con el rocío de las flores
y huyeron hacia la penumbra.

Runrunearon los ecos profanos
y a la luz temblorosa del pálido sol naciente
la noche voló a esconderse en la buhardilla de la casa antigua
con el fruto del pecado en su vientre.


Liliana Celeste Flores Vega - 1992

sábado, 21 de marzo de 2015

Es la noche

Es la noche que despliega su oscuro manto
son las sombras creando alegorías fantasmas.
Es la garúa tintineando una rondinela
son las gotas levantando el petricor que me embelesa.

Es la falena nefelibata suicidándose en la flama
de la vela aromática que reposa en la mesa de noche.
Es mi deseo recorriendo tu piel sin tocarte
mientras me sonríes seductoramente desde la cama.

Es el grillo empezando con su desvelada sonata
son las cuerdas de tu violín respondiendo su serenata.
Es una noche de arpegios encantados, garúa y dulces aromas
son tus ojos que desnudan mi alma y me enamoran.

Liliana Celeste Flores Vega - marzo 2015

martes, 17 de marzo de 2015

Necesito

Hoy me desperté con deseos de alejarme de la ciudad.

Necesito aire de campo y cielo azul
amaneceres límpidos con el olor de heno fresco
tardes tranquilas con el rumor del río saltando sobre las piedras
atardeceres de ensueño perfumados con madreselvas.

Y noches apasionadas de luna enamorada
una sonata de grillos, una chimenea encendida donde se suicidan las falenas
y tu cuerpo desnudo sobre las rústicas sábanas con olor a verbena.


Liliana Celeste Flores Vega - marzo 2015

miércoles, 11 de marzo de 2015

Quiero ser

Quiero ser la brisa matutina que despeina tus cabellos
y te susurra al oído palabras de pasión.
Quiero ser la garúa vespertina que te besa los hombros
y se desliza por tu espalda.

Quiero ser el deseo nocturno que no te deja dormir
y hace que deslices tu mano inquieta bajo las sábanas
buscando tu sexo turgente y febril
para apaciguar esas ansias que cosquillean en tu vientre.

Quiero ser los jadeos del placer que te estremece
y el mordisco que te das en los labios cuando te satisfaces.
Finalmente quiero ser la sonrisa que se dibuja en tu rostro
y la serena calma que embarga tu pecho cuando duermes.


Liliana Celeste Flores Vega - marzo 2015

martes, 6 de enero de 2015

Amanecer

El día luminoso como un diamante pulido
nace entre encajes rosados y grises
húmedos de aurora.

Los ángeles dormidos en el bosque
bajo el abrigo de los frondosos olmos
se desperezan como rosas en capullo
que se abren a la plenitud
al percibir el calor del sol
que, como un disco de oro, surge
entre las nubes de carmesí y de algodón.

Dormito entre tus brazos
agotada de haber satisfecho tus deseos
después de toda una noche de lujurioso desenfreno.
Me despiertas con tus besos,
abro los ojos y me miro en los tuyos,
tus ojos tan bellos y luminosos como dos zafiros
son como dos espejos azules que reflejan mi dicha.

Sonríes y es tan hermosa tu sonrisa,
amado mío... ¡dile a la noche que vuelva!
y no me despiertes… quiero seguir soñando entre tus brazos.

Liliana Celeste Flores Vega - enero del 2015

sábado, 9 de agosto de 2014

Plenilunio

Esta noche la niebla trae arcanos murmurios encantados,
las notas de una melodía que se mece en las olas
es el cántico del mar enamorado seduciendo a la luna
la magia y la maldición del plenilunio.

Y alli va la dama blanca, corriendo descalza sobre la arena
a encontrarse con su amante que en la orilla la espera…
y alli va la dama casquivana, casi desnuda en camisola de nieblas
a perderse entre los brazos de su hermano que en la orilla la espera.

Besos salados bajo el manto cómplice de la noche…
la espuma del mar vertida en el cáliz del lirio de la luna.

Liliana Celeste Flores Vega - agosto 2014

martes, 29 de julio de 2014

Susurros

Los árboles se quedan sin alma.
Ondinas varadas entre las rocas
las olas azotan el risco, castillo en gris.
Los susurros del errante viajero del limbo
espejos rotos, pasión consumiendo velas de niebla.
Una fávila agoniza en el ocaso. 

Luna soñando con leyendas olvidadas
esperando el beso que la despierte.
Guerrero de fuego perdido en el desierto
corcel esquelético buscando la huella del jinete.
Luna esperando sin esperanzas
el espectro aparece al lado izquierdo del lecho. 

En una casona solitaria habita el viento
arpa eólica movida por suspiros.
La doncella tejiendo ilusiones con hilos de plata
regando con sus lágrimas su jardín de lirios.
Lobo albino en lontananza
melodías arcanas, la muerte callada. 

Frío acero en su mirada interrogando a la montaña.
El dragón duerme en el pozo
estatuas de arcilla vigilan su descanso.
En el camino caravana de peregrinos
escriben sus plegarias en la piedra gastada.
Las arañas contemplando el alba. 

Liliana Celeste Flores Vega - febrero 2007

lunes, 28 de julio de 2014

La mansión ancestral

Antañera y vetusta mansión
sobre la que hace centurias
olvidada por el mismo olvido
pesa una extraña maldición.

Me estremezco cuando atravieso sola los húmedos pasillos
pues temo que de entre las grietas de los muros
salga una mano huesuda a cogerme del vestido.

Desde los enormes ventanales
me espían sombras difusas y rostros horrendos
como si fueran las mismísimas caras del pecado materializadas.

En las tardes cuando estoy en la biblioteca leyendo
desde la torre lejana llega un sollozo como el de una alma en pena
o el de una mujer emparedada tras el muro.

No puedo dormir tranquila pues en las noches se escuchan
gemidos de ultratumba que parecen llantos de reos
que agonizan en despiadadas torturas.

Antañera y vetusta mansión
sobre la que hace centurias
olvidada por el mismo olvido
pesa la maldición de Dios.

Liliana Celeste Flores Vega - 1990

martes, 24 de junio de 2014

Vampiresa

Surges como una vampiresa
entre nubes de opio e incienso
en la soledad de mis noches insomnes,
la más bella odalisca del harén del Diablo
¡danzas para mí!

Seductoramente te enroscas como una serpiente,
tus labios entreabiertos ansiosos de besos lascivos,
tus colmillos afilados blancos como el marfil
hambrientos de mi sangre...
son tus ojos del color del mar
y tus cabellos húmeda cascada de oro.

Súcubo ven a mi lecho, ebrios nos amaremos,
ésta noche te haré mía, seré tuyo...
sonríe mientras mis trémulas manos
recorren tu piel de seda,
sonríe mientras profano tus caderas
en nombre de Sodoma.

Cuando ya saciado esté mi deseo
te ofreceré mi cuello
y beberás hasta hartarte...
eres una pesadilla
con cuerpo de mujer.

Liliana Celeste Flores Vega - 1995

Templo en Tinieblas

El ocaso incendiaba las nubes,
el campanario del templo era de lumbre,
yo te esperaba ardiendo en el fuego del deseo.

Llegaste con la noche, envuelta en una capa negra
ocultando tu belleza bajo toscas vestimentas...
te tomé entre mis brazos, tú me rechazaste y me preguntaste:
“¿Para qué me haz citado?, ¿qué es lo que quieres?”
yo acaricié tu suave mejilla pálida y te respondí:
“Quiero poseerte en el altar del templo del dios de las mentiras”
sonreíste y tu sonrisa era un reto, ¿creías que no me atrevería?
bajo el cirio de la luna menguante atravesamos el abrupto sendero
y llegamos a la entrada de las derruidas catacumbas húmedas.

Los sombríos túneles donde las alimañas tenían su guarida
eran oscuros y encendí una antorcha,
el piso resbaladizo por los vapores fétidos te hizo vacilar
y te aferraste a mí, me estremecí cuando tomaste mi mano...
forcé el portón que daba acceso al recinto sacro,
crujieron los goznes, cedió la cerradura...
nuestras pisadas resonaron con prolongado eco
en la inmensidad de la nave, desde los altares las estatuas
nos observaban con ojos móviles y fulgentes de ira.

De pie frente al altar, tú y yo retamos al dios usurpador,
te despojé de tus toscas vestiduras negras...
tu hermosa cabellera dorada se abrió como una cascada de oro, exclamé:
“¡Eres bella! ... ¡demasiado!”
dejaste caer tu vestido, tu desnudez de mármol era un insulto y dijiste:
“Conmigo gozan los inmortales... ¿podrás complacerme?”
tus palabras me hirieron pero sonreí con desenfado... oculté mi dolor...
me despojé de mi camisa y de mis bragas, me satisfizo
atrapar una chispa de lujuria en tus claros ojos al verme desnudo.

Te levanté en mis brazos y te deposité en el frío altar,
acaricié todo tu cuerpo, mis manos temblaban al recorrer tu anatomía
y cuando mis labios ansiosos se unieron a los tuyos
correspondiste a mis besos entreabriendo tu boca...
los pezones de tus pechos se endurecieron en mi boca,
bajé poco a poco, disfrutando de la frescura de tu vientre...
la tersura de tus muslos era irresistible, abrí tus piernas
junté mi boca a los labios de tu vulva y bebí con ansias
saboreando con mi lengua el salado sabor de tu cáliz.

Gemías y yo me embriagaba con el licor que manaba de tus entrañas,
estabas menstruando y yo bebía tu sangre impura con sed de vampiro...
el sacrilegio asomó en tu rostro de virgen y me sugeriste:
“Hermano mío, alcánzame el copón de las hostias”...
el frío sudor perló mi frente al tomar la copa santa y te respondí:
“Toma mi divina pecadora, comulguemos”...
pero tú tomaste unas hostias y las hundiste en tu vagina
te ofreciste a mí y te penetré sintiendo como mi falo hundía
las hostias benditas destrozándolas dentro de ti.

Tus piernas ceñían mi cintura en degradante abrazo
y al hundirme en tus entrañas sentía que me hundía en el abismo,
tu jadeabas como una bacante ebria y yo enloquecido te poseía
profanando la santidad del recinto y blasfemando...
mantuve mi virilidad hasta que el orgasmo te estremeció
y con una brutal embestida eyaculé en el fondo de ti...
jadeante y agitado sobre ti, tú acariciabas mi cabeza
que afiebrada descansaba sobre tu pecho, y en tus entrañas
una masa inmunda de pan bendito, tu sangre y mi semen.

Las estatuas nos amenazaban con sus ojos sin vida,
fornicamos, bebimos el vino consagrado...
al rayar el alba decidimos regresar y te pregunté:
“Hermana mía, ¿logré satisfacer tu demoníaca lujuria?”...
uniste tu boca a la mía, ¡me besaste apasionadamente! y me respondiste:
“Casi... tal vez si hubieras profanado aquel amuleto que pende de tu cuello”…
me levanté y me vestí... ¿cómo podías ser tan angelicalmente malvada?
guardé el amuleto debajo de mi camisa temiendo que tan solo tu mirada
lo dañara, tú hiciste una mueca de burla, yo bajé la cabeza.

Te lavaste en la pila de agua bendita,
las sienes me latían, tu serenidad era pasmante
y yo te contemplaba aterrado como quien contempla
a una virgen que subasta su castidad en un mercado...
te vestiste y escondiste tu celestial belleza pecadora
bajo los toscos ropajes de tu hábito de novicia,
regresamos por los túneles húmedos de las catacumbas,
tu pequeña mano aferrada a mi brazo, aunque eres el alma de mi alma
desconocía la profundidad de la fuente pútrida de tu iniquidad.

El alba coloreaba las nubes,
el campanario del templo quedaba atrás
y mi aún inocente inocencia te suplicaba piedad.


Liliana Celeste Flores Vega - 1995


Este poema lo escribí en 1995 y está incluido en una novela que dejé inconclusa. Trata de dos hermanos que tienen una relación incestuosa, ambos son hijos de un conde y vampiros de nacimiento (pero no son los típicos vampiros, no estallan en llamas con la luz del sol pero una larga exposición si les hace daño, comen todo tipo de alimento normalmente pero necesitan beber sangre)… la historia ésta escrita desde el punto de vista del hermano en forma de diario, él cuenta como después de varios sucesos oscuros y sangrientos fueron culpados por su condición de “vampiros”, el padre fue linchado por el populacho y ellos casi corren la misma suerte… luego él es encerrado en una celda a la espera de un juicio y ella es obligada a tomar los hábitos de novicia en un convento, él escapa con la ayuda de un nigromante que promete enseñarle las artes oscuras, él planea huir con su hermana pero antes que él pueda liberarla ella escapa y resentida con él se convierte en una cortesana. Este poema es un recuerdo del hermano de un encuentro furtivo con su hermana.

miércoles, 16 de abril de 2014

Fantasmagórica

Algunas noches la he visto:
ella vaga entre las nieblas
vestida de encajes y vaporosos tules negros.

Con los largos cabellos oscuros al viento
se diría que es la alegoría de la noche
o una viuda indecente.

Algunas noches la he visto:
ella es muda y esquiva
despótica e insensible...

Tan leve es su paso que se diría que flota
como un hermoso fantasma
que se ha escapado de su mausoleo.


Liliana Celeste Flores Vega - diciembre de 1992