in girum imus nocte et consumimur igni

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viernes, 22 de enero de 2016

Falenas

Ya era tarde y teníamos deseos de tener intimidad, le dimos las buenas noches a doña Francisca y subimos a la habitación que nos habían designado. La cama colonial con cortinajes de brocado nos estaba esperando. Encendimos un par de varitas de incienso de canela y clavo de olor para alejar el olor a humedad que aún persistía y las velas de los candelabros de bronce que estaban sobre la cómoda y las mesitas de noche… era una atmósfera deliciosamente romántica. Nos besamos y empezamos a desvestirnos, yo desnudé a Damon pero no le permití que él me despojara de mi ropa interior.

Le recordé los planes que tenía para él con la cama colonial, le dije que se acostara y lo até a los postes de la cama con mis pañolones de gasa. Teniéndolo atado disfruté el acariciarlo lentamente recorriendo con mis manos y labios su perfecta anatomía… Damon me respondió de inmediato con una erección que a propósito obvié atender y me restringí a acariciar el interior de sus muslos y su vientre para exacerbar más su excitación. Luego busqué en mi mochila el látigo con el que acostumbraba fustigarlo, era casi un juguete a comparación del que había usado Todd… así que no tuve reparos en castigarlo descargando latigazos sobre su pecho, vientre y muslos a pesar que se le notaban las huellas de la azotaina anterior.

Los primeros latigazos siempre le sacaban una sonrisa traviesa casi burlona por lo poco que le dolían mis golpes pero cuando yo mantenía un ritmo constante e iba aumentando la intensidad de los latigazos Damon cambiaba ésa sonrisa por un delicioso mohín de dolor placentero que hacía mordiéndose el labio inferior… yo seguía descargando golpe tras golpe tenazmente sobre su piel enrojecida hasta que finalmente él cerraba los ojos, entreabría los labios y me obsequiaba con sus gemidos de dolor y jadeos de placer. Nunca pasábamos de ése límite… yo sabía que si seguía descargando latigazos sobre su piel cuando estaba caliente y enrojecida corría el riesgo de abrirle heridas… y que él lo permitiría sólo para complacerme.

Me despojé de mi ropa interior y me acomodé entre las piernas de Damon para prestarle a su miembro viril la atención que se merecía... él estaba aprendiendo a contenerse, cada vez toleraba mas estimulación simultánea sin eyacular antes de lo previsto y yo podía disfrutar por un tiempo prolongado del lamer y mordisquear suavemente su pene erguido a la vez que acariciaba sus testículos y deslizaba un par de dedos entre sus nalgas tanteándolo sin forzarlo… esperaba que pronto estuviera listo para introducir algunos juguetes a nuestros encuentros íntimos.

Hasta el momento no se nos había aparecido el fantasma de la madre del dueño del caserón ni se había manifestado otra entidad de las que acostumbraban fastidiarnos la noche. Todd nos había dicho que nosotros atraíamos a los seres del más allá cuando follábamos porque muchos de estos se alimentan de energía sexual y encontraban especialmente apetecible la nuestra porque ambos éramos “shamanes”… nos había recomendado que hiciéramos un domo protector cada vez que tuviéramos intimidad pero el frenesí pasional hacía que casi siempre nos olvidáramos de hacer el susodicho domo protector.

Se me ocurrió que la cama de dosel, por su forma y por magia absurda, podía estar cumpliendo con la función de un domo protector. Levanté la cabeza y vi que el armazón que sostenía el techo de brocado formaba algo parecido a un sello de protección… recordé que el abuelo del dueño del caserón había sido espiritista y acostumbraba hacer sesiones con sus amigos, era lógico que tomara la precaución de proteger de entidades el lugar en donde dormía con su esposa. Entonces comprendí la sugerencia del arqueólogo de que nos acomodaran en ésta habitación… con tantos “poseídos” cerca era seguro que cuando Damon y yo hiciéramos el amor el caserón se convirtiera en algo parecido al despertar del Pandemónium… el arqueólogo había previsto eso.

Noté que a Damon le estaba costando contenerse y decidí satisfacerlo de una vez… me senté a horcajadas sobre él empalándome con su miembro viril de una sola sentada y lo cabalgué hasta hacerlo llegar al orgasmo. Me di cuenta de cuanto placer me daba darle placer. Recordé que con Luis nunca había sido así, para mí Luis tenía la obligación de satisfacerme primero… pensé que tal vez si me estaba enamorando de Damon.

Luego me acomodé en una postura adecuada para que Damon pudiera satisfacerme oralmente… apoyé mis rodillas sobre sus hombros pero para mantener el equilibro, y no hacerle mucho peso, me sujeté con ambas manos de la cabecera de la cama. El placer que me provocaban sus lamidas me hizo hacer traquetear la cabecera de la cama y de improviso nos vimos envueltos en una nube de polillas enormes, seguramente habían estado dormidas entre los pliegues de los cortinajes de brocado y las sacudidas las sacaron de su letargo. Me encantó, aunque a él le asustaron un poco… para mí fue como vernos envueltos por la danza de las hadas nocturnas.

Después lo desaté y fue mi turno de ser atada en la cama. Damon sólo me ató las manos y no quiso usar el látigo sobre mi cuerpo, se dedicó a acariciarme y besarme hasta que su erección le exigió penetrarme… mientras que él me poseía las polillas revoloteaban a nuestro alrededor y hasta se posaban sobre nosotros, para mí eso era algo simplemente mágico. Damon les perdió la aprensión e ignoró a las que se atrevieron a posarse sobre su espalda comprendiendo que esas criaturas nocturnas se deleitaban con nuestros amoríos… una de las polillas se inmoló en las flamas de una vela y el olor que desprendió al quemarse fue semejante al almizcle.

Esa vez fui yo quien llegó primero al orgasmo y sin pensarlo le dije: “Te amo”… simplemente las palabras me salieron del alma, el corazón y las entrañas que me latían sintiéndolo dentro de mí. Damon se quedó mirándome incrédulo, luego reaccionó y me besó apasionadamente… rodeé su cintura con mis piernas mientras que él eyaculaba… luego él se quedó abrazándome hundiendo su cabeza sobre mi hombro en el revoltijo de mis cabellos enmarañados. Cuando se incorporó vi que sus mejillas estaban húmedas de lágrimas.

Damon me desató y nos acomodamos para dormir abrazados como acostumbramos hacerlo: Yo acostada de lado dándole la espalda y él pasándome un brazo alrededor de la cintura pegándome a su cuerpo… y quejándose de la mata que hace mi cabello que terminaba acomodándome hacia arriba en una especie de moño anudado para dejar libres mi cuello y mis hombros que le gustaba besuquear hasta quedarse dormido.  

Liliana Celeste Flores Vega - enero 2015
Imagen: Google

Nota: Esto es un fragmento del Capitulo 06 “El demonio en el pozo” de mi novela de terror sobrenatural con tintes eróticos “Los Dioses sin Nombre” que pueden encontrar publicado en éste blog.

martes, 2 de junio de 2015

Silenciosa sumisión

Me gusta contemplarte cuando estás de rodillas ante mi… las cuerdas que te atan son una extensión de mis dedos recorriendo tu cuerpo, mordiendo tu carne, haciéndote mío. Me gusta contemplarte cuando estás postrado ante mí en silenciosa sumisión… mi devoto esclavo... no, soy yo quien cae presa de ti en muda adoración.


Liliana Celeste Flores Vega, junio 2015
Imagen: Google

viernes, 27 de marzo de 2015

Provocación

Me encanta cuando en un momento de la tarde mientras estoy escribiendo un capitulo de mi novela, te acercas a mi, te quitas la camiseta, me miras y haces ése delicioso mohín mordiendo tus labios… sé bien que es una provocación para que deje de hacer lo que estoy haciendo y te haga mío. Te ignoro… entonces introduces uno de tus dedos en tu boca, lo succionas y lo ensalivas, has captado mi atención… dejo de tipear y te contemplo de reojo anticipando el goce que me prometes… recorres con ése dedo mojado tu mentón sombreado con tu barba crecida de un par de días, lo deslizas lentamente por tu cuello, llegas hasta tu pecho y frotas uno de tus pezones que responde de inmediato al estímulo… ah, mis dedos dudando entre el teclado y tu perfecta anatomía… bien, ganaste… guardo el archivo.

Lo dejo todo, me pongo de pie y me acerco a ti… con un par de empujones te indico que te sientes en el sofá, apoyo una rodilla sobre tu pierna, pongo mis manos sobre tus hombros y te amonesto por haberme interrumpido… en respuesta a mis regaños me ofreces tu boca y hago míos tus labios mordiéndolos suavemente, introduzco mi lengua buscando con ansias las delicias de tu paladar… ah, ése delicioso sabor a té, miel y naranja al que me has hecho adicta. Y quiero hacer mía tu boca… mi dedo reemplaza a mi lengua en la exploración, lo succionas y lo muerdes suavemente. Entonces deseo hacer mía otra cavidad de tu cuerpo, aquella en donde me recibes sumisamente sabiendo que tu docilidad se verá recompensada con espasmos de un placer indescriptible… ah, pero es muy pronto… recién empezamos con nuestros escarceos amorosos.

Mis manos acarician tus brazos y tu pecho, retuerzo tus pezones y repites ése delicioso mohín mordiendo tus labios, sabes que con ése gesto me enloqueces… prosigo acariciando tu vientre y me encuentro con tu pantalón que estorban mis deseos de seguir explorándote. Te ordeno que te pongas de pie y termines de desnudarte, obedeces de inmediato… ahora soy yo quien se muerde los labios al contemplar tu hombría enhiesta, me acomodo en el sofá y te ordeno que te toques… tus manos juegan con tu sexo… una tibia humedad escurre entre mis piernas en réplica al lascivo espectáculo. Con un gesto te indico lo que debes de hacer aunque ya lo sabes… te arrodillas, tus manos se pierden bajo mi vestido corto de gasa floreado y me despojas de mis bragas… mojas tus dedos con mi humedad, los llevas a tu boca y los lames con delectación… luego tu boca busca entre mis piernas la copa rebosante de ésa miel que tanto te gusta, tu lengua explora mi sexo, tus labios presionan mi clítoris… acomodo mis piernas sobre tus hombros, mis pies acarician tu espalda… cierro los ojos y me dejo arrastrar por las sensaciones que tu boca sabe darme.

Una marejada de dulce placer hace que mis piernas tiemblen, chispas azules y de plata que estallan… acaricias mis muslos mientras me recupero… abro los ojos y te contemplo, me sonríes satisfecho de haberme hecho llegar al clímax como sólo tú sabes hacerlo, tus labios están húmedos de mis fluidos… el amor y la entrega iluminando tus ojos azules… deseo besarte… ah, pero me olvido que te mereces un castigo por haberme interrumpido, me pongo de pie y te ordeno que sigas de rodillas y te apoyes sobre el sofá… te contemplo pensando en el castigo que he de darte… enciendo un cirio, mis manos te recorren mientras espero que se derrita la cera… acaricio tu nuca, bajo dibujando con mis labios el tatuaje que recorre tu columna vertebral y palmoteo tu trasero… sabes lo que te espera y frotas tu miembro viril contra el sofá… tomo el cirio y vierto la cera caliente gota a gota sobre tus hombros y tu espalda, te estremeces y me pides más.

Mereces que te complazca y busco algo con que satisfacer tu demanda… en la mesa hay una botella de cerveza a la mitad, volteas y me ves con la botella en la mano…  en tus ojos la duda si me atreveré a hacerlo o no pero sumisamente asientes y afianzas tus rodillas en la alfombra… te llevas una sorpresa cuando agito la botella y vierto el contenido lentamente desde tu nuca, la cerveza se escurre deslizándose por tu espalda hasta tus nalgas… te ríes y pagas esas carcajadas recibiendo unas palmadas en tu trasero… y vuelves a reírte porque mis palmadas sólo te producen cosquillas… bien, es hora de buscar algo más contundente y me fijo en la correa de mi bolso, la desengancho, la doblo y descargo varios golpes sobre tus nalgas y tus muslos hasta que veo unas líneas rojizas sobre tu carne… jadeas y frotas tu virilidad contra el sofá… tu piel está caliente por el vapuleo, me detengo porque no quiero lastimarte pero tú me pides más.

Sé lo que deseas, quieres que te haga mío… busco en mi bolso la crema lubricante, no es la adecuada pero es mejor a nada, unto mis dedos y lentamente te penetro… te quejas, sé que esa crema te escuece y que mis uñas te lastiman pero pronto tu cuerpo se acostumbra a mi intromisión… gimes cuando estimulo ése punto dentro de tu cuerpo… me muerdo los labios disfrutando de tu entrega… ah, mi dulce y sumiso esclavo que sabe entregarse como debe de ser a su dueña… no, me equivoco… tú eres mi amo porque con tu pasiva sumisión me has puesto de rodillas completamente enamorada a tus pies.

Por tus gemidos y estremecimientos sé que es el momento preciso de darte placer de otra manera… retiro mis dedos de tu cuerpo… refunfuñas, reclamas y me suplicas que vuelva a poseerte, hasta me ruegas que le de uso a la botella de cerveza que se quedó tirada sobre la alfombra… pero de inmediato te digo que te sientes en el sofá… y allí me tienes, arrodillada ante ti… deslizas los tirantes de mi vestido y desatas el lazo de raso de mi escote, dejas mis pechos al desnudo y los tomas entre tus manos, pellizcas y retuerces mis pezones… ah, pero aunque yo esté de rodillas sigo llevando la batuta en ésta sinfonía de placeres y te doy una bofetada por tu osadía.

Mis manos estimulan su miembro erecto, suben y bajan por tu carne turgente… recojo el lazo de raso de mi vestido que desataste y lo ato en la base de tu miembro viril, ése es tu castigo por haber hecho algo sin mi permiso… aplico mi boca a tu hombría y te permito que acaricies mi cabello mientras te devoro con ansias… siento que tu carne palpita en la prisión de mi boca y tus piernas tiemblan pero el lazo evita que tu deseo se libere… muerdes tus labios, jadeas y te desesperas por tener que contenerte… sé que juego con fuego pero me encanta hacerte arañar las paredes… ¿cuánto tiempo soportarás la tortura que te ocasionan mi lengua y mis dientes?

Entonces el felino salvaje que duerme en tu interior se despierta y reclama a su presa… me levantas de un tirón, me tomas de la cintura, me echas sobre el sofá y me penetras… ya no puedo controlarte, es inútil luchar contigo cuando entras en ése frenesí indómito… me doblego y dejo que me hagas tuya… tus manos estrujan mis pechos, besas mi cuello y muerdes mis hombros… abrazo tus caderas con mis piernas mientras me embistes apasionadamente… cierro los ojos, el tiempo y la realidad dejan de existir entre tus brazos… un espasmo eléctrico estremece mi cuerpo y grito tu nombre.

Me quedo jadeando entre tus brazos… tu hombría ardiente sigue palpitando prisionera en mis entrañas, me suplicas con la mirada, deslizo mi mano entre tus piernas y desato el lazo que te atormenta… finalmente puedes liberar tu deseo, me llenas con un rugido… y nos quedamos así abrazados, nuestros pechos unidos experimentando un orgasmo no carnal, el clímax de nuestras almas fundidas en una.

Finalmente me levanto y me acomodo el vestido, tú te quedas en el sofá descansando boca abajo… reviso como quedaron tus nalgas y muslos después de los latigazos, sólo unas líneas rojizas que no necesitan de cuidado, se te pasarán en un rato… voy al baño a refrescarme, cuando regreso ya estás dormido… bien, ahora me dejarás escribir tranquila… vuelvo a mi silla frente a la laptop… intento retomar el hilo de lo que estaba escribiendo, es inútil… sólo quiero recostarme a tu lado… ah, debo de dejar de castigarte de ésta manera cuando me interrumpes… a éste paso nunca acabaré de escribir mi novela.

Liliana Celeste Flores Vega - marzo 2015
Imagen: Google

lunes, 9 de marzo de 2015

Eres todo lo que anhelaba

He libado el vino de tantas bocas y me he embriagado con vino dulce y vino amargo. He gozado recorriendo la geografía de tantos cuerpos, pieles blancas y frías como páramos nevados, pieles bronceadas y ardientes como desiertos de arena dorada. Me he enredado en cabelleras de oro, de fuego y de azabache. Me he perdido en miradas de cielo, mar y noche oscura. Me he dejado arrastrar por la locura en las orgías, noches de placer que me dejaban satisfecha por el momento… ah, pero cuando llegaba el amanecer sentía que me inundaba el vacío y seguía buscando a un hombre que supiera dejarme huellas imborrables en el cuerpo y el alma.

Entonces te conocí… libé el vino especiado de tu boca y saboreé tu paladar, deliciosa copa que contenía el vino más embriagador que he probado, un vino dulce y tibio con esencia de canela y clavo y aroma de naranjas amargas. Gocé recorriendo las firmes colinas de tu cuerpo y descubriendo los valles inexplorados de tu anatomía… descubrí el riachuelo salado que se formaba con tu sudor en la cuenca de tu vientre y sacié mi sed. Me perdí en el cielo azul de tus ojos y descubrí la luz del lucero del alba en tu mirada, un destello de tristeza que encandiló mi alma. Me enredé en tus cabellos dorados donde danzaban los rayos de sol que iluminaron mis noches arcanas. El orgasmo fue una explosión de estrellas y me dormí en el refugio de tu pecho. Y el amanecer llegó… y me encontré con el corazón lleno de ti, tus manos dejaron huellas imborrables en mi cuerpo y tu sonrisa esclavizó mi alma… y ya no busqué a otros hombres porque contigo tengo todo lo que anhelaba.

Liliana Celeste Flores Vega - marzo 2015
Imagen: Google

lunes, 12 de enero de 2015

Hacerte mío

Te contemplo mientras dormitas entre las sábanas revueltas después de una noche de pasiones retorcidas. Me levanto, me sirvo una copa de vino y enciendo un cigarro… le doy un par de pitadas y lo apago con rabia estrujándolo en el cenicero ¿por qué mierda tengo ése impulso “masculino” de fumar después de hacerte el amor?.

No sé como confesarte que cuando te veo no siento el deseo de ser tuya, me arrebata el deseo de hacerte mío… cuando te acaricio mis manos se pierden donde no deberían de hacerlo, busco rutas para darte placer dándole la contra a lo que manda natura. Y nuevamente me asalta la atroz duda… ¿se equivocaron los dioses que nos separaron con el rayo?... ¿aquél al que maldigo por haberte hecho lo que te hizo enderezó, sin quererlo, lo que estaba torcido?... ¿será que mía es la espada y tuyo el cetro?.

Hoy le decía a la Hija de la Serpiente que desde que la Fantasmala no usa mis manos para escribir sus poemas a mi no me sale ni un puto verso… no ato ni desato collares de perlas románticamente tristes…  no puedo escribirte palabras embebidas con miel, se me atoran los “te amo” en el tintero pero me salen a borbotones los “te deseo” escritos sobre tu carne con el látigo y uso tu sangre para escribirte un “te amo” donde no puedes leerlo.  

Enciendo otro cigarro con disgusto, no quiero seguir dándole a la madeja cansada de tantos enredos y fumo para entorpecerme. Te despiertas, me miras y me sonríes… me reclamas que vuelva al lecho y nuevamente me ofreces tu cuerpo que cede complaciente a mis caricias equivocadas… y me dices leyendo mis pensamientos: Deja de pensar en tonterías, lo único que importa es que estamos juntos, ámame como te provoque hacerlo.

Y tienes razón… tantas vueltas nos han dado los dioses que tal vez ni ellos saben que ésta equivocado y qué es lo correcto… lo único que importa es que nuestros destinos nuevamente están unidos y que me enloquece besarte… y hacerte mío.

Liliana Celeste Flores Vega - enero 2015

Imagen: Google

viernes, 1 de agosto de 2014

Rosa y sándalo

Nos encontramos en un café. Luego hicimos las compras necesarias para la noche que habíamos planeado y fuimos al hotel en el que él se había hospedado. La habitación era amplia y elegante. La cama king size ocupaba el centro de la misma, con un velador a cada lado y una alfombra mullida de diseño moderno puesta al lado derecho que daba a la ventana con cortinas color vino. Frente a la cama había una cómoda y sobre ésta un cuadro de un paisaje montañés. El mobiliario lo completaban una mesa y dos sillas colocadas en una esquina al lado de la puerta que daba acceso al cuarto de baño.

Le dije que encendiera las velas y las varillas de incienso mientras que yo me cambiaba de ropa en el baño. Me quité la falda, la blusa, las botas y las medias quedándome con el sujetador y las pantaletas de encaje negro. Me miré al espejo, me retoqué el labial y me cepillé el cabello. Saqué de mi bolso el babydoll de raso negro, las medias francesas de red y los zapatos de charol rojo de tacón aguja. Como pareja ya habíamos incluido “algunos juegos” en nuestros encuentros sexuales pero ésta era nuestra “primera sesión de BDSM” planificada como tal. Me puse el babydoll, las medias y los zapatos. Luego busqué en mi bolso el látigo de cinco colas que habíamos comprado en la sexshop… las muñequeras, las tobilleras y el collar de cuero y la cadena. Salí del baño.

La habitación estaba agradablemente iluminada a media luz por las velas que él supo disponer en los dos veladores y la mesa. También había dispuesto la botella de vino y servido dos copas. Las varillas de incienso de rosa, sándalo, canela y clavo de olor perfumaban el ambiente. Él estaba de pie al lado de la cama, físicamente no era exactamente “el tipo de hombre” que siempre me había gustado, no tenía un “look” gótico ni metal pero me gustaba mucho… sus ojos azules y su mirada de felino, sus labios delgados y su sonrisa, sus facciones definidas, su porte… y sobretodo su cuerpo atlético que desde el primer momento despertó en mí el deseo de someterlo y azotarlo.

Le ordené que se quitara la ropa. Dejé el látigo sobre la mesa. Tomé una copa de vino y la bebí lentamente mientras que él se despojaba de sus prendas hasta quedar completamente desnudo. Recorrí su cuerpo con la mirada… sus pectorales definidos, su vientre, su pubis…

Dejé la copa vacía sobre la mesa y me acerqué a él con el collar de cuero en la mano. Le ordené que se arrodillara sobre la alfombra mullida, él obedeció. Le puse el collar, procedí igual con las muñequeras y las tobilleras. Tomé el cenicero que estaba limpio, lo llené de vino, lo puse en el suelo y le ordené que se pusiera “a cuatro patas” y lo bebiera a lengüetazos como “un gatito bueno”… él lo hizo bastante bien y como recompensa le acaricié la nuca y la espalda.

Luego tomé la cadena, se la enganché a la argolla del collar y le ordené que caminara “a cuatro patas” como un felino, le hice dar una vuelta completa a la habitación. Hacer eso con otro me hubiera parecido algo sumamente ridículo pero con él… con él era algo excitante… la manera en la que arqueaba la espalda y estiraba las piernas para dar cada paso… pensé que le hacía falta “la cola” y tomé nota mental de conseguir una para la próxima ocasión pero aún sin “ése detalle” mi hombre era “un animal hermoso”.

Terminado “el paseo” tomé el látigo y le ordené que retozara sobre la alfombra como un jaguar. Disfruté de la exhibición de elasticidad que me hizo, su mirada de felino en acecho, un animal ágil y fuerte pero obediente a mis deseos… varias veces le hinqué el pecho y el vientre con el tacón de mi zapato a lo que él respondió con zarpazos juguetones e intentos de mordisquear mi pie, castigué “su malcriadez” con algunos latigazos ligeros.

Dejé el látigo, me arrodillé a su lado y empecé a jugar a “rascarle la pancita”, él se dejó hacer sin poder evitar soltar algunas risas, pasé por alto “ésa pequeña indisciplina” porque tiene una sonrisa adorable. Proseguí acariciándole la nuca y los hombros… le pellizqué los pezones, estirándoselos y retorciéndoselos. Él intentó acariciarme pero le dije que no le había dado permiso para tocarme, me hizo un mohín de protesta y lo amonesté por eso.

Seguí acariciando sus bien definidos abdominales y bajé hasta su pubis… me gusta la pulcritud con la que mantiene su cuerpo depilado manteniendo sólo una pequeña zona de vello alrededor de su miembro viril. Me entretuve un buen rato acariciando su pubis, sus testículos y el interior de sus muslos… él se dejó hacer, dócil y sumiso, mordiéndose los labios cada vez que yo pasaba por alto el tocar su pene erecto.

Finalmente tomé su virilidad con mi mano derecha, él dejó escapar un gemido de satisfacción y separó las piernas dándome facilidad de movimiento lo que aproveché para estimularlo un buen rato… en su mirada vi que él estaba anticipando que iba a hacerlo terminar masturbándolo y le dije que recién estábamos empezando. Mis dedos estaban mojados con su presemen y le ordené que los lamiera, él lo hizo con complacencia… jugué un buen rato con él metiéndole los dedos en la boca y permitiéndole que los succionara a su gusto.

Luego deslicé lentamente mis dedos mojados con su saliva por su cuello, su pecho, su vientre y su pubis hasta llegar otra vez a su miembro viril… el ambiente estaba embriagadoramente cargado con el aroma exótico de los inciensos creándonos la atmósfera de un místico serrallo. Volví a prestarle atención a su pene que se encontraba tenso, caliente y palpitante… lo acaricié hasta que mis dedos estuvieron otra vez lubricados con su presemen. Metí mi mano entre sus nalgas y toqueteé su entrada, él se acomodó preparándose para la intromisión de mis dedos pero le recordé que recién estábamos empezando… aunque he de confesar que yo también estaba muy excitada y tuve que controlar mi deseo de irrumpir en su cuerpo.

Me puse de pie y le ordené que me quitara las pantaletas de encaje con la boca y sin ayudarse con las manos… no es tan fácil como se cree y él terminó rasgándomela con los dientes, el forcejeo fue más excitante de lo que me esperaba. Me quité los zapatos de charol y le ordené que me quitara las medias de igual manera, eso le resultó más fácil de hacer… le permití que me besara y lamiera los pies, las piernas y los muslos pero cuando intentó lamer mis partes íntimas le aclaré que no le había dado permiso para hacer eso, ésta vez se contuvo de hacer un mohín de protesta y acató en silencio… lo recompensé acariciándole la nuca.

Enseguida le ordené que se arrodillara al borde de la cama descansando la parte superior de su cuerpo sobre ésta… él afianzó sus rodillas sobre la alfombra mullida, se inclinó en ángulo recto y se acomodó cruzando los brazos sobre la cama y poniendo la cabeza sobre sus brazos a guisa de almohada. La postura exponía su bonito trasero, lo contemplé un largo rato… la tenue luz de las velas le daba un matiz cálido a su piel, la visión de sus nalgas a mi disposición fue suficiente para que me empezaran a latir las entrañas… tener a un hombre como él en ésa posición era muy excitante. Le acaricié la nuca, la espalda y las nalgas… él respondió a mis caricias arqueándose como un felino.

Tomé el látigo que había dejado sobre la mesa y descargué un golpe sobre sus nalgas, él dejó escapar una exclamación, mas de sorpresa que de dolor… le di un segundo golpe, ésta vez con mas fuerza y él me respondió con un gemido… proseguí dándole más latigazos aumentando la intensidad de los golpes gradualmente, sus gemidos también fueron en crescendo y me indicaron que él lo estaba disfrutando incluso más que yo… habiendo encontrado la intensidad y el ritmo adecuados seguí vapuleándolo hasta que sus gemidos se volvieron jadeos, entonces me detuve. Ya habíamos practicado algunos juegos como flagelación con una correa, tortura con mis pinzas de cabello y sesiones con cera caliente… así que yo sabía diferenciar sus gemidos de placer, de placer doloroso, de dolor placentero y de dolor… y esos jadeos eran de dolor. Sus nalgas estaban tumescentes y enrojecidas, puse mi mano sobre ellas y las sentí demasiado calientes… le di la oportunidad de decir nuestra palabra de seguridad pero no lo hizo, al contrario… él giró la cabeza y me miró como preguntándome: “¿Vas a seguir o no?”

No quise seguir fustigando sus nalgas por precaución. Descargué un golpe sobre sus muslos, él dejó escapar un gemido que reconocí como de placer doloroso… proseguí azotándolo hasta que sus gemidos alcanzaron el matiz de dolor y me detuve. Recompensé su docilidad acariciándole la nuca y la espalda.

Dejé el látigo sobre la mesa y tomé la otra copa de vino, le ordené que se incorporara y le di de beber un par de sorbos… le permití que me lo agradeciera besándome las manos. Luego le ordené que volviera a la postura anterior, tomé una de las velas y vertí unas gotas de cera caliente sobre su espalda… él dejó escapar un gemido de sorpresa cuando la primera gota cayó sobre su piel, proseguí derramando gotas de cera a lo largo de su columna… sus gemidos se mantuvieron en el nivel de placer doloroso y noté que él estaba frotando su sexo contra la cama.

Le dije que no le había dado permiso para masturbarse de aquella manera pero él me respondió haciendo un mohín tan delicioso que sólo lo amonesté por comportarse como un “gatito travieso” y apagué la vela para atenderlo como se merecía, se lo había ganado. Le acaricié las nalgas que aún estaban tumescentes y enrojecidas… yo estaba bastante mojada y lo aproveché para lubricar mis dedos con los fluidos de mis partes íntimas… es algo que ambos preferimos hacer, en lo posible evitamos usar lubricantes artificiales a no ser que sea muy necesario.

Tanteé su entrada, él relajó su esfínter y le introduje dos dedos… él recibió mi intromisión con una exclamación de placer… busqué su próstata y se la masajeé suavemente hasta que su cuerpo me correspondió con la rítmica palpitación de su recto y él empezó con ése delicioso ronroneo que tanto excita mis sentidos. Proseguí por un buen rato hasta que él llevó su mano a su pene para masturbarse… me detuve y retiré mis dedos ignorando su bufido de protesta.

Me puse de pie y le ordené que se acostara en la cama, él obedeció de inmediato… desenganché la cadena del collar, la pasé por las argollas de las muñequeras e intenté asegurarla en una saliente de la cabecera de la cama pero no se pudo, así que me conformé con dejarle los brazos hacia arriba sobre su cabeza. Me incliné sobre él y rocé sus labios con los míos dejándolo con el deseo de un beso. Lo repetí un par de veces antes de besarlo apasionadamente introduciendo mi lengua en su boca, saboreando su paladar y mordisqueando sus labios.

Lugo me coloqué entre sus piernas y acaricié sus muslos y su miembro viril… desaté el lazo de mi babydoll de raso y lo usé para hacerle una ligadura en la base del pene, él protestó con otro bufido y le di un par de palmaditas en los testículos por eso.

Me puse a horcajadas sobre él y busqué la posición adecuada para copularlo, me senté sobre su miembro viril, éste entró suavemente en mi cuerpo gracias a lo lubricada que me encontraba… empecé a cabalgarlo, primero despacio, acariciando su vientre y pellizcando sus pezones… luego fui aumentando el ritmo… podía ver en su sus ojos sus ansias por venirse y la angustia de no poder hacerlo por la presión que la cinta de raso atada en la base de su miembro viril ejercía sobre su uretra, fue una de las cosas que más disfruté de ésa noche… experimenté un orgasmo delicioso e intenso. Me quedé jadeando un rato sobre él antes de levantarme.

Él estaba jadeando y me suplicó que le permitiera venirse… me acomodé entre sus piernas, me incliné y lamí su pene, esperé que me suplicara una vez más antes de albergar su miembro viril en mi boca… le desaté la cinta y él eyaculó con un rugido de satisfacción. Mantuve su semen en mi boca y lo besé pasando su descarga a su boca y obligándolo a que se lo tragara todo.

Finalmente le quité la cadena, el collar, las muñequeras y las tobilleras… acabada la sesión él se tomó la libertad de quitarme el babydoll y el sujetador, me tumbó sobre la cama, me besó, me acarició a su antojo y me hizo suya a su modo.

Liliana Celeste Flores Vega - julio del 2014
Imagen: Google