in girum imus nocte et consumimur igni

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viernes, 9 de agosto de 2019

La espera


Era noche oscura, era noche de luces fantasmas... en el bosque vagaba la niebla mientras que un joven elfo vestido a la antigua con una capa gris que arrastraba sobre la hojarasca caminaba pensativo en la senda agreste... su rostro anguloso era pálido y el viento despeinaba sus largos cabellos cenicientos. Un búho lo vigilaba a escondido entre el ramaje verdinegro de un añoso árbol frondoso.

- ¡Qué tranquila está la noche! – exclamó – los lobos no aúllan.

Y meditaba en silencio cuando un ruido semejante al crujir de la madera vieja llegó a sus oídos...

- ¿Quién anda por ahí? – interrogó al viento.

El crujido se hizo mas intenso, se escucharon lontanos lamentos como llantos cansados, como quejidos de torturados, como estertores de moribundos... el joven elfo se estremeció, pero esperaba a su novia, la bella doncella sacerdotisa de la luna. Entonces tomó coraje y se apoyó en el tronco de un árbol gigantesco dispuesto a enfrentar todo peligro.

El crujido se alejaba y se acercaba desorientándolo, ya tenía su puñal en la mano... de pronto el árbol en el que estaba apoyado se estremeció... él se apartó despavorido... todo era noche... todo era sombra... todo era crujidos.

Una mano gélida se posó sobre su hombro, él giró sobresaltado... era su novia que sonriente llegaba a la cita.

- Amado mío – dijo risueña – soy yo... no te asustes.
- ¿No escuchas esos espantosos lamentos que salen de las entrañas de los árboles? – le preguntó el joven abrazándola con el afán de protegerla de lo ignoto.
- ¡Ah!... sólo son las almas de los árboles muertos – respondió ella casi riendo a carcajadas – descienden a las profundidades de la tierra... dentro de algunos siglos se convertirán en diamantes.

El joven se sonrojó. Se besaron y tomados de la mano se encaminaron a la gruta de los ensueños.

miércoles, 7 de agosto de 2019

El vampiro suicida


Camina envuelto en las gélidas nieblas de una noche de invierno por callejuelas antiguas y decadentes, viste de negro y sus largos cabellos oscuros hacen más pálida su cadavérica faz en donde sus ojos relucen como dos carbunclos.

Despojo de una raza inmortal que duerme en los sepulcros, hace cinco centurias vaga añorando los lejanos tiempos pasados de su juventud, antes desafiaba a los cazadores, ahora ofrece su pecho desnudo fatigado de vivir y de deambular bajo la luz eléctrica que finge un falso día entre edificios, clubes y automóviles.

Ya casi amanece... llega a una iglesia y blasfemando se enfrenta al sol naciente, orgulloso y desafiante como un réprobo, saca una estaca de debajo de su capa ¡y se la hunde en el corazón!

jueves, 1 de agosto de 2019

Skuggor


Sus ojos encendidos por el deseo son como rubíes de fuego que reflejan la lumbre del Averno. La palidez de su rostro se acentúa con el contraste de sus largos cabellos negros tan oscuros como un cielo sin estrellas.

Camina por las callejuelas decadentes envuelto en su capa oscura que simula las alas de un demonio cuando la ahueca el viento, ese toque gótico en su figura, sus caballerosos modales y su romanticismo oscuro completan la alegoría del vampiro.

No puede ocultar su origen inmortal aunque vista de carne y hueso. Hechicero, nigromante y alquimista, guerrero que empuña una espada de niebla, señor de la dorada foresta, demonio de los templos y ángel de los sepulcros, no le sirve su disfraz de humano pues su aura azul resplandece en las tinieblas.

No despreciaré el cortejo de tan noble caballero, quien todas las noches acude a la función de éste miserable teatro parisino, teniendo seguramente compromisos dignos de sus blasones como una velada en la mansión de la marquesa o una partida de whist en el salón del duque. Descortesía sería no aceptar el ramo de rosas rojas que ha enviado a mi camerino.

Con el ramo me envió una esquela en la que me confiesa sus sueños obsesivos: “Desde la primera vez que os vi interpretando a Gretchen sueño que dejáis abierta la puerta de vuestro balcón y yo, vistiendo las galas de Mefisto, invado la privacidad de vuestro recinto. Hermosa, desnuda e indefensa os encuentro y bebo vuestra sangre hasta dejaros muerta”.

Inconfesables placeres de un noble, como respuesta le enviaré esta esquela: “Para agradeceros rosas y devoción, esta noche os prometo dejar abierta la puerta de mi balcón y quedarme quieta como un cadáver para satisfacer vuestras obsesiones necrofílicas”

viernes, 5 de julio de 2019

El quinceañero


Desde niña Elvira había soñado con la celebración de sus quince años... se imaginaba el hermoso vestido rosa, las decoraciones del salón, los ramos de flores, el buffet, la torta, la música...

Pero sabía que sólo era un sueño porque su familia era muy pobre y nunca podrían pagar una fiesta tan costosa.

Cuando cumplió quince años su madre preparó una torta de chocolate y su padre le regaló una blusa rosada. Elvira sabía el sacrificio que habían hecho sus padres darle esos regalos y lo agradeció mucho, celebró con sus hermanos y durante semanas fue la sensación de la barriada cuando salía con su blusa nueva... pero ella seguía soñando con el quinceañero ideal.

Luego Elvira encontró trabajo en un taller de costura. Sufría mucho cosiendo los hermosos vestidos que otras familias encargaban para sus afortunadas hijas. Y Elvira seguía soñando entre raso, gasa, encaje y lentejuelas...

¡Hasta que un día su sueño se hizo realidad! El sábado pasado, en compañía de su esposo y sus cuatro hijos, Elvira, ahora dueña de un taller de ropa para damas, finalmente celebró el quinceañero de sus sueños.

jueves, 4 de julio de 2019

El lago


Cuenta una leyenda que en cierto remoto lugar existe un lago encantado y que cada noche de luna llena cinco hermosas doncellas emergen de sus aguas para realizar un arcano ritual. También dice que ellas habitan en un palacio bajo las aguas y custodian un fabuloso tesoro.

Los habitantes de Darsena habían crecido escuchando esa leyenda, aunque la mayoría no le daba importancia, era un cuento para niños y poetas. Entonces llegó un forastero y escuchó la leyenda. Buscaba fortuna y decidió aventurarse. Y así fue que llegó al lago, se hizo un refugio con ramas y esperó la luna llena.

Cuando vio a las cinco doncellas surgiendo de las aguas quedó estupefacto, eran tan hermosas. Y las contempló mientras ellas danzaban y preparaban sus ofrendas. Entonces reaccionó, él estaba allí por el tesoro, no debía de quedarse embobado por la gracia de las bellas doncellas. Salió de su escondite intempestivamente, ellas huyeron pero él consiguió tomar del brazo a una de ellas.

- ¡Quiero que me entregues el tesoro que custodian! - exigió.
- ¡Lo haré, pero no me lastimes! - suplicó la doncella - el tesoro se encuentra en una gruta bajo el agua, iré por él.
- No soy tonto como para dejarte escapar tan fácilmente - dijo el forastero - soy muy bueno buceando, iremos juntos.

Dicho esto sacó una soga, se la amarró a la cintura y el otro extremo lo amarró a la cintura de ella. La empujó al lago y saltó tras ella. Las otras doncellas salieron de sus escondites y se acercaron al lago.

- Otro estúpido - dijo una.
- El cuento del tesoro nunca falla - respondió otra - nuestro padre cenará bien esta noche.


domingo, 30 de junio de 2019

Supersticiones


Lucas era un reconocido fotógrafo de la prestigiosa revista de viajes y aventuras "Descubriendo el mundo". En una de sus travesías llegó a un remoto poblado del que había escuchado hablar, éste estaba ubicado en un bosque al que se accedía con mucha dificultad. Cuando llegó vio que parecía una aldea medieval congelada en el tiempo. Se presentó ante los asombrados habitantes y sacó su cámara fotográfica, las personas se mostraron aterrorizadas cuando vieron aquel aparato.

- Esto no les hará daño, sólo tomaré imágenes de ustedes - dijo Lucas.
- Conocemos ese maldito aparato - dijo el anciano que parecía el gobernador de la aldea - hace un tiempo algunos forasteros que llegaron también los tenían... por eso sabemos que si hace daño, le roba el alma a las personas.
- Esas son supersticiones - respondió Lucas - tome la cámara para que usted mismo me tome una foto y pierdan el miedo.

El anciano tomó la cámara que Lucas le ofreció, con un dedo vacilante presionó el obturador, el flash salió disparado... Luego le devolvió la cámara.

- ¿Ve cómo no me pasó nada? - dijo Lucas con una sonrisa... un segundo después empezó a desaparecer.


martes, 25 de junio de 2019

La promesa


Micaela y Joaquín se juraron amor eterno, más allá de la vida y la muerte. Entonces estalló la guerra y Joaquín tuvo que partir con los otros jóvenes de su pueblo.

Se escribían cartas renovando sus promesas de amor, Joaquín le juró que pase lo que pase regresaría y Micaela le prometió que lo esperaría.

Pero una tarde de otoño la esperada carta no llegó y un mes más tarde Micaela recibió una misiva del General informándole de la muerte de su amado Joaquín.

Pero ellos se habían jurado amor eterno y Micaela siguió esperando.

Hasta que una tarde de primavera tocaron a su puerta: Era un muchacho, pero ella reconoció la mirada de Joaquín.

- He regresado, mi amada Micaela.


miércoles, 12 de junio de 2019

Esencia de primavera


Ella era la hija de las flores, su alma tenía la esencia de la primavera... Y el amor la dejó abandonada en una ciudad donde reinaba el otoño.

martes, 4 de junio de 2019

Las hijas de la bruma


Cuenta la leyenda que se les puede vislumbrar a la incierta hora del alba, ellas son las hijas de la bruma. Danzan vestidas con recuerdos cenicientos y jirones de niebla, hieráticas doncellas ajenas al tiempo.

Ellas, con sus manos níveas, atrapan las penas, capturan las tristezas y recogen las nostalgias. Después, una de ellas es elegida por el viento para que tome todas las aflicciones y las lleve al cielo en dónde se convierten en lluvia.

Por eso se dice que la lluvia, y las lágrimas, limpian el alma.

jueves, 2 de mayo de 2019

La promesa cumplida

Caía la tarde en el Puerto de Southampton. El señor Lowell, un anciano veterano de guerra que lucía con orgullo su pierna artificial de madera y engranajes de bronce, contemplaba el mar con un catalejo cuyo juego de lentes de aumento le permitían divisar el barco que había zarpado una hora atrás… a bordo iban su hijo Williams y su esposa Cecilia rumbo a España.

El señor Lowell guardó su catalejo y encendió un puro. Cecilia no le agradaba como esposa para su hijo. Recordó la primera vez que Williams la invitó a tomar el té, de primera impresión no le gustó ésa mujer que se presentó vestida con una falda marrón recogida bajo la cual se veían unos pantalones de cuero y botas largas, un corset y una blusa de encaje que dejaba demasiado a la vista. Era hermosa, su larga cabellera oscura contrastaba con sus ojos verdes y su piel pálida… el ingenuo Williams había quedado prendado de su belleza indómita.

Durante aquella tertulia Williams le contó a su padre como conoció a Cecilia. Williams trabajaba en el Casino que antaño le había pertenecido a la familia, los reveses de la fortuna hicieron que el señor Lowell lo vendiera en un contrato privado al señor Umbert, éste conocedor del prestigio del apellido Lowell no cambió el nombre del establecimiento y permitió que Williams se mantuviera como administrador del mismo además de presentarse algunas noches tocando el piano con lo que ganaba un dinero extra.

Williams le contó a su padre que unas noches atrás, terminado su espectáculo, tomó unos tragos de más e instigado por sus amigos se puso a jugar póker. Le estaba yendo bastante mal frente a un hombre que llevaba un curioso monóculo, había perdido una considerable suma de dinero y obnubilado por la bebida cometió el error de seguir jugando apostando el medallón de oro que llevaba al cuello, único recuerdo que conservaba de su madre fallecida… finalmente perdió y el hombre recogía sus ganancias cuando Cecilia se levantó del rincón desde donde contemplaba a los jugadores, se acercó a la mesa trastabillando aparentemente ebria, fingió tropezarse y en el momento que el hombre intentó evitarle la caída sacó un puñal de su corset y se lo puso al cuello obligándolo a confesar que hizo trampa viendo las cartas de Williams gracias al artilugio que llevaba, un monóculo con un complicado juego de espejos. El hombre entregó las ganancias mal habidas y le permitieron marcharse. Para Williams Cecilia era una heroína pero el señor Lowell, no confiaba en una mujer que frecuentaba los casinos llevando un puñal escondido en su corset.

Cecilia le contó que provenía de una familia que se dedicaba al negocio de los bienes raíces pero desafortunadamente por la mala administración cayeron en la miseria y actualmente se dedicaba a la exportación de perfumes. El señor Lowell reconoció que Cecilia además de hermosa era culta, sin duda había recibido una excelente educación, tal vez no mentía sobre sus orígenes… también era intrépida, astuta y decidida… ése era el problema, a leguas se veía que su negocio era el encubrimiento de actividades ilícitas. Esperó no volver a verla pero lamentablemente Williams se enamoró de ella. Una noche durante la cena aprovechó que Williams se ausentó un momento de la mesa para decirle a Cecilia que el Casino no les pertenecía y que Williams sólo trabajaba allí... esperaba que hecha ésa aclaración la cazafortunas emprendiera la retirada pero tres semanas después Williams le anunció su compromiso con ella y posteriormente se casaron.

Empezó a llover, el señor Lowell ajustó su levita gris y emprendió el camino de regreso a su casa deseando que Cecilia fuera una buena esposa a pesar de su historial… el amor puede obrar milagros, él lo sabía… se alejó del puerto recordando a Isabella, su finada esposa, ella también había sido una aventurera pero se enmendó cuando se casaron y llegó a convertirse en una respetada dama de sociedad, ni Williams conocía el oscuro pasado de su madre.



En el barco que se encontraba en altamar, el capitán organizó una fiesta e invitó a Williams a amenizarla tocando el piano, él aceptó a pesar que Cecilia le dijo que se quedaría en el camarote porque le dolía la cabeza. Williams tocaba el Claro de Luna de Beethoven mientras los pasajeros cenaban cuando una serie de explosiones en cubierta estremeció a todos. Seis hombres entraron armados con pistolas modificadas capaces de disparar varias balas al mismo tiempo, de inmediato se hicieron dueños del barco. Un hombre sujetó a Williams quien angustiado sólo pensaba en Cecilia que había quedado en el camarote… entonces la puerta volvió a abrirse y ella entró con un hombre alto y fornido de cabello ceniciento y ojos negros con una cicatriz que le partía el labio inferior hasta el mentón, éste llevaba maniatado al capitán. Williams reconoció al hombre que le había jugado sucio en el Casino aunque no llevara su extraño monóculo. Cecilia calmó a los asustados pasajeros diciéndoles que sólo les interesaba el barco y los liberarían en los botes salvavidas, luego se acercó a Williams.

- ¿Cómo pudiste hacer esto? – le espetó Williams, la rabia y el desconcierto rutilaban en sus ojos azules - ¿Desde un principio estabas confabulada con éste despreciable hombre?

El hombre aludido le arrancó el medallón de oro con tanta violencia que le cortó el cuello con la fricción de la cadena.

- ¡Rupert, no es necesario que seas tan brusco! – exclamó Cecilia.
- Supongo que éste hombre es tu amante – le reclamó Williams a Cecilia - ¡Me has traicionado y te has burlado del amor que te profeso!
- Todo lo contrario, petimetre de salón – dijo Rupert con desprecio, detestaba a Williams porque deseaba a Cecilia y estaba seguro que de no haberlo conocido ella hubiera terminado aceptando sus cortejos – Cecilia estuvo a punto de traicionarnos a nosotros porque se enamoró de ti… pero encontramos la manera de conseguir lo que queremos y quedemos todos felices.

Entre los pasajeros se encontraba un canciller y su esposa quienes fueron tomados como rehenes, Rupert le dijo al capitán que si él y la tripulación obedecían sus órdenes no derramarían sangre. Luego ordenó a sus hombres que se ocuparan de los pasajeros poniéndolos con sus pertenencias en los botes salvavidas a primera hora de la mañana cuando divisaran un barco que pudiera recogerlos. Después se dirigió a un camarote con Cecilia y Williams.

- Mi amor, permíteme que te lo explique – le dijo Cecilia a su desconcertado esposo – hace muchos años atrás mi madre y su amiga robaron las arcas de un monasterio en Galicia y encontraron las pistas que las llevaría a un tesoro que unos piratas le arrebataron a un barco que se dirigía a España procedente de Las Indias y enterraron en una de las islas Shetland. Buscaron socios que quisieran participar de la aventura pero su amiga conoció a un caballero extranjero y se casó con él llevándose las pistas de la ubicación de la isla. Mi madre esperó que su amiga se contactara con ella, meses después recibió una carta en la que su amiga le informaba que estaba esperando un bebé y había decidido dejar su vida aventurera para formar una familia respetable, mi madre respetó su decisión. Mi madre conoció a mi padre y juntos iniciaron un rentable negocio de tráfico de psicotrópicos usando como fachada la exportación de perfumes. Lamentablemente hace cinco años mi padre fue capturado y condenado a veinte años de prisión, mi madre y yo pudimos huir con la ayuda de Rupert y llegamos a Inglaterra a bordo de un barco mercante, ni siquiera en ésa situación desesperada mi madre buscó a su antigua amiga, nos la arreglamos para continuar con el negocio aunque no obtuvimos las mismas ganancias. Hace dos años mi madre falleció y leí en su diario la historia del fabuloso tesoro enterrado. Rupert y yo acordamos dividirnos el tesoro, él rastreó el paradero actual de la amiga de mi madre para exigirle que le entregara aquellas pistas pero ella había fallecido.

- Sigo sin entender – dijo Williams.
- La amiga de mi madre era Isabella, tu madre – respondió Cecilia removiéndole el piso a Williams quien desconocía el azaroso pasado de su progenitora – las coordenadas de la ubicación exacta de la isla se encuentran grabadas en el interior del medallón que conservabas como recuerdo. Rupert y yo llevamos un año siguiendo a tu padre buscando la manera de recuperarlo.
- ¡Entonces lo único que querías de mi era ése medallón! – exclamó Williams.
- Si que eres tonto – masculló Rupert – recordarás que pude quedármelo la vez que jugamos póker pero Cecilia se entrometió, ella ha tenido muchas oportunidades de sustraértelo pero se empecinó en que como hijo de Isabella te correspondía una parte del tesoro.
- Perdóname por no contártelo antes – dijo Cecilia – sabía que tu honestidad no te permitiría participar en ésta aventura a menos que te vieras forzado. Pude robarte el medallón y marcharme con Rupert para buscar el tesoro pero te amo y no quería abandonarte. Necesitábamos un barco, ahora lo tenemos y estás involucrado, planeamos empezar una nueva vida en América… pero si te he decepcionado y ya no me amas puedes marcharte mañana con los pasajeros.
- Entonces mis opciones son abordar un bote salvavidas y no volver a verte o unirme a vuestra búsqueda del tesoro y empezar una vida juntos en tierras lejanas – dijo Williams, Cecilia asintió – no necesito pensarlo, te amo y no podría vivir sin ti. Me uno a la expedición pero prométanme que luego de encontrar el tesoro liberarán a los rehenes.
- Cecilia tampoco aprobaría una carnicería innecesaria – dijo Rupert – tienes mi palabra que los liberaremos sanos y salvos. Necesitamos al capitán y su tripulación para maniobrar el barco hasta las islas Shetland, haremos una parada en las islas Feroe por provisiones, viajaremos hasta Islandia… allí los dejaremos, cambiaremos de barco, contrataremos marineros y seguiremos hasta Terranova donde si lo desean nos separaremos y podrán continuar vuestro viaje al sur.

Rupert salió del camarote llevándose el medallón. Williams tomó a Cecilia entre sus brazos y la besó apasionadamente. Seguramente no volvería a ver a su padre pero no podía abandonar a su adorable aventurera… además no le disgustaba del todo la arriesgada empresa, después de todo la sangre de la audaz Isabella corría por sus venas.



Rayando el alba divisaron en lontananza un barco mercante, liberaron a los pasajeros a bordo de los botes salvavidas y navegaron rumbo a las islas Shetland. Rupert ordenó a sus hombres que pintaran la proa del barco y le cambiaran el nombre.

Tras varios días de apacible navegación, que Cecilia y Williams disfrutaron como luna de miel, llegaron a las islas Shetland. La señalada era una pequeña isla habitada por unos pescadores, los hombres de Rupert los amedrentaron fácilmente con sus armas. Cecilia conservaba el pergamino que indicaba como sortear las trampas colocadas en la cueva que albergaba el tesoro, su madre se quedó con él mientras Isabella conservó el medallón con la promesa que algún día buscarían el tesoro… promesa que ahora cumplían los hijos de aquellas audaces mujeres que tenían un lugar ganado entre las grandes embaucadoras de las tierras españolas.

La entrada de la cueva estaba protegida por una gran piedra que removieron con facilidad gracias a las indicaciones del pergamino que explicaba como manipular el artilugio de pesas y engranajes que se activaba con una palanca oculta. El tesoro consistía en una considerable cantidad de barras de oro que se apresuraron a transportar al barco, acomodaron el valioso cargamento en la bodega y partieron. En altamar celebraron en la cubierta abriendo un tonel de vino que bebieron contemplando las luces norteñas.

Hicieron una parada en las islas Feroe donde el telégrafo llevó la noticia que días atrás un barco mercante rescató de las aguas del Mar del Norte a los pasajeros de un crucero tomado por piratas y la armada naval inglesa estaba buscándolos. Consiguieron provisiones, evaluaron la situación y decidieron dirigirse a Noruega… Cecilia y Williams desembarcarían en Trondheim, Rupert y sus hombres se arriesgarían continuando la travesía hasta Terranova. Se hicieron a la mar pero los problemas surgieron al momento de dividir el tesoro.

- Williams también tiene derecho al tesoro, lo dividiremos en tres partes – dijo Cecilia.
- ¡Eso es una burla! – rugió Rupert dando un puñetazo sobre la mesa – acordamos dividirlo mitad y mitad, el mequetrefe no se ha ganado una parte.
- Acordamos dividirlo en partes iguales – dijo Cecilia –  el medallón le pertenecía a Williams.
- Y yo lo tenía en mis manos cuando se te ocurrió entrometerte – respondió Rupert – reclamo la mitad, comparte tu mitad con él.

Rupert abandonó el camarote y subió a cubierta. Había entrado al servicio del padre de Cecilia cuando ella tenía dieciséis años, era uno de sus mejores sicarios, no pudo evitar que su jefe fuera capturado pero puso a salvo a su esposa e hija… y ésa muchacha malcriada pagaba su devoción enamorándose del inglesito afeminado.

Mientras tanto Williams, quien permaneció callado durante la discusión, convenció a Cecilia que Rupert se merecía la mitad del tesoro porque los dejaría a salvo en Trondheim exponiéndose como carnada a la armada naval inglesa. Cecilia subió a cubierta para hablar con Rupert y lo encontró bebiendo ron.

- Williams me hizo entender que te mereces la mitad del tesoro – dijo Cecilia abrazando a Rupert con gesto reconciliador – haz hecho mucho por mi familia, te quiero y deseo que cuando nos dejes en Trondheim nos despidamos como amigos.
- También te quiero – dijo Rupert sin soltarla – los dejaré a salvo pero antes me cobraré algo que también me merezco.

Rupert besó a Cecilia a la fuerza e iba a ultrajarla cuando Williams lo golpeó con la botella de ron en la nuca… Rupert trastabilló pero era recio, le propinó un puñetazo a Williams haciéndolo caer sentado y lo remató con una brutal patada en el estómago… Cecilia arremetió contra Rupert pero él la tumbó con un empujón.

- ¡No toques a mi esposa! – exclamó Williams.

Rupert lo arrastró obligándolo a inclinarse sobre la baranda.

- Entonces tomarás el lugar de tu esposa – dijo Rupert bajándole los pantalones.

Williams fingió someterse pero cuando Rupert bajó la guardia le clavó un puñal entre las costillas y Cecilia ayudó a arrojarlo sobre la borda. Los hombres de Rupert acudieron por el alboroto, uno de ellos llevaba una pistola y apuntó a Williams exigiéndole a Cecilia que les entregara el tesoro a cambio de la vida de su esposo… pero Cecilia había tenido tiempo de hacerse de un lanzallamas y no vaciló en incinerar al facineroso. Los demás quedaron conformes con dividirse la mitad que le tocaba a Rupert.  

Cecilia y Williams desembarcaron en Trondheim con la mitad del tesoro. Lo que sucedió con los cinco hombres de Rupert, el capitán, la tripulación y los rehenes es otra historia.   

Liliana Celeste Flores Vega - 2016
Imagen: Miranda Deviantart