in girum imus nocte et consumimur igni

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sábado, 9 de agosto de 2014

Plenilunio

Esta noche la niebla trae arcanos murmurios encantados,
las notas de una melodía que se mece en las olas
es el cántico del mar enamorado seduciendo a la luna
la magia y la maldición del plenilunio.

Y alli va la dama blanca, corriendo descalza sobre la arena
a encontrarse con su amante que en la orilla la espera…
y alli va la dama casquivana, casi desnuda en camisola de nieblas
a perderse entre los brazos de su hermano que en la orilla la espera.

Besos salados bajo el manto cómplice de la noche…
la espuma del mar vertida en el cáliz del lirio de la luna.

Liliana Celeste Flores Vega - agosto 2014

viernes, 1 de agosto de 2014

Rosa y sándalo

Nos encontramos en un café. Luego hicimos las compras necesarias para la noche que habíamos planeado y fuimos al hotel en el que él se había hospedado. La habitación era amplia y elegante. La cama king size ocupaba el centro de la misma, con un velador a cada lado y una alfombra mullida de diseño moderno puesta al lado derecho que daba a la ventana con cortinas color vino. Frente a la cama había una cómoda y sobre ésta un cuadro de un paisaje montañés. El mobiliario lo completaban una mesa y dos sillas colocadas en una esquina al lado de la puerta que daba acceso al cuarto de baño.

Le dije que encendiera las velas y las varillas de incienso mientras que yo me cambiaba de ropa en el baño. Me quité la falda, la blusa, las botas y las medias quedándome con el sujetador y las pantaletas de encaje negro. Me miré al espejo, me retoqué el labial y me cepillé el cabello. Saqué de mi bolso el babydoll de raso negro, las medias francesas de red y los zapatos de charol rojo de tacón aguja. Como pareja ya habíamos incluido “algunos juegos” en nuestros encuentros sexuales pero ésta era nuestra “primera sesión de BDSM” planificada como tal. Me puse el babydoll, las medias y los zapatos. Luego busqué en mi bolso el látigo de cinco colas que habíamos comprado en la sexshop… las muñequeras, las tobilleras y el collar de cuero y la cadena. Salí del baño.

La habitación estaba agradablemente iluminada a media luz por las velas que él supo disponer en los dos veladores y la mesa. También había dispuesto la botella de vino y servido dos copas. Las varillas de incienso de rosa, sándalo, canela y clavo de olor perfumaban el ambiente. Él estaba de pie al lado de la cama, físicamente no era exactamente “el tipo de hombre” que siempre me había gustado, no tenía un “look” gótico ni metal pero me gustaba mucho… sus ojos azules y su mirada de felino, sus labios delgados y su sonrisa, sus facciones definidas, su porte… y sobretodo su cuerpo atlético que desde el primer momento despertó en mí el deseo de someterlo y azotarlo.

Le ordené que se quitara la ropa. Dejé el látigo sobre la mesa. Tomé una copa de vino y la bebí lentamente mientras que él se despojaba de sus prendas hasta quedar completamente desnudo. Recorrí su cuerpo con la mirada… sus pectorales definidos, su vientre, su pubis…

Dejé la copa vacía sobre la mesa y me acerqué a él con el collar de cuero en la mano. Le ordené que se arrodillara sobre la alfombra mullida, él obedeció. Le puse el collar, procedí igual con las muñequeras y las tobilleras. Tomé el cenicero que estaba limpio, lo llené de vino, lo puse en el suelo y le ordené que se pusiera “a cuatro patas” y lo bebiera a lengüetazos como “un gatito bueno”… él lo hizo bastante bien y como recompensa le acaricié la nuca y la espalda.

Luego tomé la cadena, se la enganché a la argolla del collar y le ordené que caminara “a cuatro patas” como un felino, le hice dar una vuelta completa a la habitación. Hacer eso con otro me hubiera parecido algo sumamente ridículo pero con él… con él era algo excitante… la manera en la que arqueaba la espalda y estiraba las piernas para dar cada paso… pensé que le hacía falta “la cola” y tomé nota mental de conseguir una para la próxima ocasión pero aún sin “ése detalle” mi hombre era “un animal hermoso”.

Terminado “el paseo” tomé el látigo y le ordené que retozara sobre la alfombra como un jaguar. Disfruté de la exhibición de elasticidad que me hizo, su mirada de felino en acecho, un animal ágil y fuerte pero obediente a mis deseos… varias veces le hinqué el pecho y el vientre con el tacón de mi zapato a lo que él respondió con zarpazos juguetones e intentos de mordisquear mi pie, castigué “su malcriadez” con algunos latigazos ligeros.

Dejé el látigo, me arrodillé a su lado y empecé a jugar a “rascarle la pancita”, él se dejó hacer sin poder evitar soltar algunas risas, pasé por alto “ésa pequeña indisciplina” porque tiene una sonrisa adorable. Proseguí acariciándole la nuca y los hombros… le pellizqué los pezones, estirándoselos y retorciéndoselos. Él intentó acariciarme pero le dije que no le había dado permiso para tocarme, me hizo un mohín de protesta y lo amonesté por eso.

Seguí acariciando sus bien definidos abdominales y bajé hasta su pubis… me gusta la pulcritud con la que mantiene su cuerpo depilado manteniendo sólo una pequeña zona de vello alrededor de su miembro viril. Me entretuve un buen rato acariciando su pubis, sus testículos y el interior de sus muslos… él se dejó hacer, dócil y sumiso, mordiéndose los labios cada vez que yo pasaba por alto el tocar su pene erecto.

Finalmente tomé su virilidad con mi mano derecha, él dejó escapar un gemido de satisfacción y separó las piernas dándome facilidad de movimiento lo que aproveché para estimularlo un buen rato… en su mirada vi que él estaba anticipando que iba a hacerlo terminar masturbándolo y le dije que recién estábamos empezando. Mis dedos estaban mojados con su presemen y le ordené que los lamiera, él lo hizo con complacencia… jugué un buen rato con él metiéndole los dedos en la boca y permitiéndole que los succionara a su gusto.

Luego deslicé lentamente mis dedos mojados con su saliva por su cuello, su pecho, su vientre y su pubis hasta llegar otra vez a su miembro viril… el ambiente estaba embriagadoramente cargado con el aroma exótico de los inciensos creándonos la atmósfera de un místico serrallo. Volví a prestarle atención a su pene que se encontraba tenso, caliente y palpitante… lo acaricié hasta que mis dedos estuvieron otra vez lubricados con su presemen. Metí mi mano entre sus nalgas y toqueteé su entrada, él se acomodó preparándose para la intromisión de mis dedos pero le recordé que recién estábamos empezando… aunque he de confesar que yo también estaba muy excitada y tuve que controlar mi deseo de irrumpir en su cuerpo.

Me puse de pie y le ordené que me quitara las pantaletas de encaje con la boca y sin ayudarse con las manos… no es tan fácil como se cree y él terminó rasgándomela con los dientes, el forcejeo fue más excitante de lo que me esperaba. Me quité los zapatos de charol y le ordené que me quitara las medias de igual manera, eso le resultó más fácil de hacer… le permití que me besara y lamiera los pies, las piernas y los muslos pero cuando intentó lamer mis partes íntimas le aclaré que no le había dado permiso para hacer eso, ésta vez se contuvo de hacer un mohín de protesta y acató en silencio… lo recompensé acariciándole la nuca.

Enseguida le ordené que se arrodillara al borde de la cama descansando la parte superior de su cuerpo sobre ésta… él afianzó sus rodillas sobre la alfombra mullida, se inclinó en ángulo recto y se acomodó cruzando los brazos sobre la cama y poniendo la cabeza sobre sus brazos a guisa de almohada. La postura exponía su bonito trasero, lo contemplé un largo rato… la tenue luz de las velas le daba un matiz cálido a su piel, la visión de sus nalgas a mi disposición fue suficiente para que me empezaran a latir las entrañas… tener a un hombre como él en ésa posición era muy excitante. Le acaricié la nuca, la espalda y las nalgas… él respondió a mis caricias arqueándose como un felino.

Tomé el látigo que había dejado sobre la mesa y descargué un golpe sobre sus nalgas, él dejó escapar una exclamación, mas de sorpresa que de dolor… le di un segundo golpe, ésta vez con mas fuerza y él me respondió con un gemido… proseguí dándole más latigazos aumentando la intensidad de los golpes gradualmente, sus gemidos también fueron en crescendo y me indicaron que él lo estaba disfrutando incluso más que yo… habiendo encontrado la intensidad y el ritmo adecuados seguí vapuleándolo hasta que sus gemidos se volvieron jadeos, entonces me detuve. Ya habíamos practicado algunos juegos como flagelación con una correa, tortura con mis pinzas de cabello y sesiones con cera caliente… así que yo sabía diferenciar sus gemidos de placer, de placer doloroso, de dolor placentero y de dolor… y esos jadeos eran de dolor. Sus nalgas estaban tumescentes y enrojecidas, puse mi mano sobre ellas y las sentí demasiado calientes… le di la oportunidad de decir nuestra palabra de seguridad pero no lo hizo, al contrario… él giró la cabeza y me miró como preguntándome: “¿Vas a seguir o no?”

No quise seguir fustigando sus nalgas por precaución. Descargué un golpe sobre sus muslos, él dejó escapar un gemido que reconocí como de placer doloroso… proseguí azotándolo hasta que sus gemidos alcanzaron el matiz de dolor y me detuve. Recompensé su docilidad acariciándole la nuca y la espalda.

Dejé el látigo sobre la mesa y tomé la otra copa de vino, le ordené que se incorporara y le di de beber un par de sorbos… le permití que me lo agradeciera besándome las manos. Luego le ordené que volviera a la postura anterior, tomé una de las velas y vertí unas gotas de cera caliente sobre su espalda… él dejó escapar un gemido de sorpresa cuando la primera gota cayó sobre su piel, proseguí derramando gotas de cera a lo largo de su columna… sus gemidos se mantuvieron en el nivel de placer doloroso y noté que él estaba frotando su sexo contra la cama.

Le dije que no le había dado permiso para masturbarse de aquella manera pero él me respondió haciendo un mohín tan delicioso que sólo lo amonesté por comportarse como un “gatito travieso” y apagué la vela para atenderlo como se merecía, se lo había ganado. Le acaricié las nalgas que aún estaban tumescentes y enrojecidas… yo estaba bastante mojada y lo aproveché para lubricar mis dedos con los fluidos de mis partes íntimas… es algo que ambos preferimos hacer, en lo posible evitamos usar lubricantes artificiales a no ser que sea muy necesario.

Tanteé su entrada, él relajó su esfínter y le introduje dos dedos… él recibió mi intromisión con una exclamación de placer… busqué su próstata y se la masajeé suavemente hasta que su cuerpo me correspondió con la rítmica palpitación de su recto y él empezó con ése delicioso ronroneo que tanto excita mis sentidos. Proseguí por un buen rato hasta que él llevó su mano a su pene para masturbarse… me detuve y retiré mis dedos ignorando su bufido de protesta.

Me puse de pie y le ordené que se acostara en la cama, él obedeció de inmediato… desenganché la cadena del collar, la pasé por las argollas de las muñequeras e intenté asegurarla en una saliente de la cabecera de la cama pero no se pudo, así que me conformé con dejarle los brazos hacia arriba sobre su cabeza. Me incliné sobre él y rocé sus labios con los míos dejándolo con el deseo de un beso. Lo repetí un par de veces antes de besarlo apasionadamente introduciendo mi lengua en su boca, saboreando su paladar y mordisqueando sus labios.

Lugo me coloqué entre sus piernas y acaricié sus muslos y su miembro viril… desaté el lazo de mi babydoll de raso y lo usé para hacerle una ligadura en la base del pene, él protestó con otro bufido y le di un par de palmaditas en los testículos por eso.

Me puse a horcajadas sobre él y busqué la posición adecuada para copularlo, me senté sobre su miembro viril, éste entró suavemente en mi cuerpo gracias a lo lubricada que me encontraba… empecé a cabalgarlo, primero despacio, acariciando su vientre y pellizcando sus pezones… luego fui aumentando el ritmo… podía ver en su sus ojos sus ansias por venirse y la angustia de no poder hacerlo por la presión que la cinta de raso atada en la base de su miembro viril ejercía sobre su uretra, fue una de las cosas que más disfruté de ésa noche… experimenté un orgasmo delicioso e intenso. Me quedé jadeando un rato sobre él antes de levantarme.

Él estaba jadeando y me suplicó que le permitiera venirse… me acomodé entre sus piernas, me incliné y lamí su pene, esperé que me suplicara una vez más antes de albergar su miembro viril en mi boca… le desaté la cinta y él eyaculó con un rugido de satisfacción. Mantuve su semen en mi boca y lo besé pasando su descarga a su boca y obligándolo a que se lo tragara todo.

Finalmente le quité la cadena, el collar, las muñequeras y las tobilleras… acabada la sesión él se tomó la libertad de quitarme el babydoll y el sujetador, me tumbó sobre la cama, me besó, me acarició a su antojo y me hizo suya a su modo.

Liliana Celeste Flores Vega - julio del 2014
Imagen: Google

martes, 29 de julio de 2014

Susurros

Los árboles se quedan sin alma.
Ondinas varadas entre las rocas
las olas azotan el risco, castillo en gris.
Los susurros del errante viajero del limbo
espejos rotos, pasión consumiendo velas de niebla.
Una fávila agoniza en el ocaso. 

Luna soñando con leyendas olvidadas
esperando el beso que la despierte.
Guerrero de fuego perdido en el desierto
corcel esquelético buscando la huella del jinete.
Luna esperando sin esperanzas
el espectro aparece al lado izquierdo del lecho. 

En una casona solitaria habita el viento
arpa eólica movida por suspiros.
La doncella tejiendo ilusiones con hilos de plata
regando con sus lágrimas su jardín de lirios.
Lobo albino en lontananza
melodías arcanas, la muerte callada. 

Frío acero en su mirada interrogando a la montaña.
El dragón duerme en el pozo
estatuas de arcilla vigilan su descanso.
En el camino caravana de peregrinos
escriben sus plegarias en la piedra gastada.
Las arañas contemplando el alba. 

Liliana Celeste Flores Vega - febrero 2007

lunes, 28 de julio de 2014

La mansión ancestral

Antañera y vetusta mansión
sobre la que hace centurias
olvidada por el mismo olvido
pesa una extraña maldición.

Me estremezco cuando atravieso sola los húmedos pasillos
pues temo que de entre las grietas de los muros
salga una mano huesuda a cogerme del vestido.

Desde los enormes ventanales
me espían sombras difusas y rostros horrendos
como si fueran las mismísimas caras del pecado materializadas.

En las tardes cuando estoy en la biblioteca leyendo
desde la torre lejana llega un sollozo como el de una alma en pena
o el de una mujer emparedada tras el muro.

No puedo dormir tranquila pues en las noches se escuchan
gemidos de ultratumba que parecen llantos de reos
que agonizan en despiadadas torturas.

Antañera y vetusta mansión
sobre la que hace centurias
olvidada por el mismo olvido
pesa la maldición de Dios.

Liliana Celeste Flores Vega - 1990

domingo, 20 de julio de 2014

Los Dioses sin Nombre 01 - La posada de los Faroles

Los Dioses sin Nombre - Capitulo 01 – La posada de Los Faroles (2014)

Damon me llamó apenas llegó al aeropuerto y quedamos de vernos en un par de horas en un café cerca de mi casa. Cuando nos encontramos él ya había rentado una camioneta y me propuso irnos de viaje por unos días ésa misma noche. Le dije que no estaba preparada, que no le había dicho a mi madre ni tenía hecho mi equipaje, que mejor pasáramos ésa noche en un hotel y partiéramos al día siguiente en la mañana pero él insistió y bueno… cuando me sonríe de “aquella manera” nunca puedo decirle que no.

Pasamos por mi casa y le dije a mi madre que me iba de viaje con Damon mientras metía algo de ropa en una mochila. Nos pusimos en camino por la Panamericana Norte supuestamente con rumbo a Huaral pero él se desvió a mitad de camino cerca del balneario de Ancón, supuse que se le había antojado buscar un lugar solitario para estacionarse y jugar un rato en el asiento trasero.

Efectivamente se detuvo en un camino alterno bastante solitario pero no con el propósito que yo me había imaginado. Hizo unas señales con las luces de la camioneta y en la oscuridad otra camioneta le respondió… entendí de lo que se trataba y comprendí su apuro. Damon bajó de la camioneta, me ordenó sentarme en el asiento al volante y me dijo que si “el asunto se complicaba” simplemente metiera el acelerador y me regresara por la carretera. Se acercó al hombre que había bajado de la otra camioneta y llevaba dos maletas, las recibió y luego las acomodó en la maletera.

Felizmente “el asunto” se llevó a cabo sin complicaciones pero yo estaba muy enfadada con Damon. Recordé que Luis era un hijo de puta pero nunca había cometido la imprudencia de llevarme a “una entrega”, él siempre me dejaba en el hotel o refugio campestre en el que estuviéramos hospedados. Nunca me esperé verme en una situación como ésta por culpa de Damon. Cuando él subió a la camioneta y volvimos a ponernos en la ruta le reclamé por eso, él reconoció su estupidez y me pidió disculpas pero yo seguía molesta… saqué la cajetilla de cigarros de mi bolso y encendí uno, a Damon le disgusta que fume pero se merecía un poco de humo en la cara por lo que acababa de hacerme, él mismo lo aceptó y en lugar de hacerme apagar el cigarro se limitó a abrir la ventanilla.

Al poco rato me dio la curiosidad de saber que contenían las dos maletas… ¿sería “polvito blanco” o armas?. Le pregunté a Damon y él me respondió que una contenía “maca en polvo” y la otra “algo” que teníamos que entregarle a don Faustino ésa misma noche, era urgente y él estaba esperándonos en cierto lugar. Encendí otro cigarro, no me agradaba que nos pasáramos la noche “haciendo entregas”… si había accedido acompañarlo en un viaje tan intempestivo, dejando de ver el capítulo nuevo de “Breaking Bad” dicho sea de paso, fue porque había supuesto que a esas horas ya lo tendría atado a una cama para cabalgarlo a mi gusto.

Llegamos a un hotel casi perdido, un cartel muy al estilo de los años 70s tenía escrito “Los Faroles”. Damon aparcó la camioneta y bajamos llevando con nosotros las dos susodichas maletas. En la recepción pedimos una habitación, Damon preguntó por don Faustino y el encargado nos dijo que el señor nos estaba esperando en la terraza, ésta era una especie de restaurante y cafetín con vista al malecón… en una mesa apartada se encontraba don Faustino fumándose un habano.

Nos sentamos a su lado no sin antes pedir un par de tazas de café. Don Faustino nos saludó campechanamente, llevaba su típico poncho de lana marrón y su viejo sombrero de paja cubriéndole las facciones andinas, su acento y forma de hablar hacían creer que era un simple campesino pero nosotros sabíamos que él era un chamán, uno de los pocos “verdaderos” herederos de una sabiduría ancestral. Las arrugas surcaban su piel curtida por el sol pero sus vivaces ojos oscuros desmentían su edad, en más de una ocasión nos había demostrado tener más resistencia que nosotros en los caminos de trocha que había que cruzar para llegar a las huacas olvidadas. Don Faustino preguntó por su encargo, Damon hizo ademán de abrir la maleta pero el chamán lo detuvo diciéndole: “No, debemos de hacerlo en un lugar sagrado”. El encargado nos trajo nuestros cafés y nos quedamos conversando un rato. Don Faustino me invitó uno de sus habanos artesanales, los hacía él mismo mezclando tabaco con hojas de coca. Definitivamente ésa noche a Damon le tocaba recibir humo en la cara.

Cuando terminamos nuestros cafés don Faustino sacó una chata de chuchuhuasi que tenía bajo de su poncho y nos invitó a echarnos unos tragos, Damon dijo que era hora de retirarnos a nuestra habitación pero yo acepté la invitación… él me reprochó con la mirada, a pesar del relativamente poco tiempo que llevábamos juntos yo conocía perfectamente el lenguaje de sus ojos azules, pero ahora era su turno de esperar y aguantarse sus ganas de follar.

Don Faustino nos contó la leyenda del gigante de piedra, una curiosa formación pétrea que podía verse desde cierto punto del malecón. Hace mucho tiempo fue un chamán que intentó abrir una puerta hacia “el mundo de abajo” entonces los Apus lo castigaron, lo convirtieron en un gigante de piedra y le dieron la misión de vigilar “al terror sin nombre que duerme en la ciudad sumergida bajo el mar”.

Damon accedió tomarse un par de tragos. Empezamos a escuchar una especie de cántico que venía de las olas y vimos que la bruma marina empezaba a tomar formas casi humanas en la orilla, era la “hora de las sirenas”… yo ya había contemplado ese fenómeno sobrenatural una vez que pasé una noche en una casa de playa con Adrián pero era la primera vez que Damon lo veía. Era algo muy bonito de ver pero había que respetarlo, las “sirenas” se molestaban con aquellos que quisieran descubrir sus misterios… así que nos despedimos de don Faustino y nos retiramos a nuestra habitación.

Damon puso la maleta que tenía “maca en polvo” bajo la cama. Fui al baño y me quité la ropa para ponerme el corset y el bóxer de encaje negro que llevaba en mi bolso. Salí empuñando un látigo, que aunque era de esos casi de utilería que venden en las sexshops, cumplía en algo con su función. Le ordené a Damon desvestirse y tumbarse en la cama boca abajo, él sabía que se había portado mal y que se merecía un castigo… con el apuro con el que había hecho mi equipaje olvidé llevar las muñequeras, las tobilleras y las sogas pero supe improvisar… mis dos bufandas de gasa que si había metido en la mochila sirvieron para atarle las manos y mis medias francesas para atarle los pies.

Lo contemplé un buen rato, me excitaba mucho tenerlo así atado a la cama, completamente expuesto y tan obediente para complacer mis deseos… le di varios latigazos en la espalda y las nalgas pero ése látigo de sexshop apenas le dejó unas leves líneas rojizas sobre la piel, entonces decidí darle otro uso al látigo. Me coloqué entre sus piernas y empecé a acariciarle las nalgas, le dije un poco en broma y un poco en serio que si tenía pensado sacar del país “la maca en polvo” yo podía ayudarlo a llenar unas bolsitas y metérselas en cierta parte de su cuerpo… él me respondió que me agradecía la ayuda pero que Chris recogería la susodicha maleta. Le di un pellizco por su insolencia de responderme, luego me unté dos dedos con vaselina y se los introduje… él no puso resistencia a mi intromisión y se dejó hacer, masajeé su próstata hasta que me respondió con ése delicioso ronroneo y arqueando la espalda.

Cuando él estuvo adecuadamente dilatado retiré mis dedos de su cuerpo y empecé a lubricar el mango del látigo que para algo podía ser útil… pero entonces la luz de la lámpara se apagó, solté una maldición… ¿por qué tenía que irse la electricidad precisamente en ése momento?... busqué a tientas la mochila de Damon a sabiendas que él siempre llevaba una linterna, la encontré y la encendí, pero la linterna titiló débilmente y se apagó, las baterías parecían estar descargadas. De la nada empezó a hacer frío, tanto frío que la piel se me puso de “piel de gallina” y me empezaron a castañear los dientes… Damon también se quejó del frío y añadió que ése no parecía un apagón normal.

Decidí descorrer la cortina de la ventana para que nos entrara algo de claridad del exterior y al hacerlo quedé estupefacta por la cantidad de “fantasmas” que pululaban afuera… eran unas formas bastante definidas de niebla de color perlado y emanaban una iridiscencia tan fuerte que hasta nos iluminó un poco… me dije: “¿Por qué carajos cada vez que le voy a dar a Damon tiene que aparecer algo “del mas allá” a joderme la follada?”… era frustrante.

Damon desde la cama me dijo: “Cerezas”… ésa era nuestra palabra de seguridad acordada y me volví a su lado para desatarlo. Luego ambos nos acercamos a la ventana para contemplar el espectáculo sobrenatural, “los fantasmas de niebla” seguían pululando pero no los sentimos amenazantes… uno de los tantos hermosos misterios que se puede contemplar guardando el debido respeto como nos había enseñado don Faustino. Entre el rumor de las olas se podía adivinar el dulce y melancólico canto de “las sirenas”,  el frío se hacía cada vez más intenso y la bruma marina nos dejaba un sabor salobre… inevitablemente el ambiente se nos hizo macabramente romántico. Damon me abrazó amorosamente, lamió mi cuello y mis hombros y sentí su virilidad reclamando ser satisfecha… nos besamos… ahora era su turno de “llevar las riendas”… me tomó entre sus brazos, me tumbó sobre la cama y me poseyó a su antojo.

Nos quedamos adormilados abrazados, ambos completamente satisfechos y algo embobados por la danza fantasmagórica que podíamos ver desde la cama. Yo ya había visto espectáculos parecidos con Luis las dos veces que nos hospedamos en el Castillo de Chancay, aunque no habían sido de aquella intensidad… ese par de veces “los fantasmas de niebla” se disiparon con las primeras luces del alba. Supuse que sucedería igual pero de pronto “los fantasmas de niebla” desaparecieron… mas bien fue como si hubieran sido absorbidos por “la oscuridad”… una oscuridad turbia y maligna.

Un olor fétido como de pescado podrido invadió la habitación y el rumor de las olas se volvió un cántico tenebroso en un lenguaje arcaico y maldito… ambos habíamos visto cosas del mas allá que le helarían la sangre a cualquier mortal sin inmutarnos pero ésta vez sentimos miedo, un miedo visceral y primitivo… sin duda lo que había emergido del mar era algo muy antiguo y don Faustino nos había advertido en repetidas ocasiones que si algo nos hacía sentir miedo no deberíamos de enfrentarlo porque aún no estábamos preparados para hacerlo, en ese caso sólo deberíamos de protegernos. Damon se puso de pie y cerró la ventana, yo busqué en mi bolso la tiza consagrada y tracé con rapidez los sellos de protección en las cuatro paredes y un círculo alrededor de la cama.

Nos abrazamos como dos niños pequeños que le temen al coco. No me da vergüenza confesar que literalmente estábamos temblando de miedo y que infantilmente nos cubrimos hasta las cabezas con la colcha cuando escuchamos un extraño ruido, era como si un hombre de gran tamaño con botas de hule cargadas de lodo caminara torpemente por la terraza… sólo que nosotros estábamos seguros que “eso” no era un hombre.

En algún momento antes del alba nos quedamos dormidos, ¿o debería de decir que “eso” nos sumió en un estado de letargo?... nos despertamos a media mañana y notamos que el lugar estaba extrañamente silencioso. Nos aventuramos a salir de nuestra habitación y bajamos a la recepción en donde encontramos al encargado dormido, aunque mas parecía desmayado, sobre el mostrador… lo despertamos, estaba aturdido, parecía ebrio o drogado. Le hicimos notar lo silencioso que estaba el hotel y le preguntamos sobre los demás huéspedes, el encargado nos respondió que no había más huéspedes que nosotros y don Faustino quien se había alojado en una de las habitaciones del primer piso que daba a la terraza.

De inmediato fuimos a la habitación que nos indicó y tocamos la puerta, al no obtener respuesta le pedimos al encargado que nos abriera la puerta… fue entonces que encontramos a don Faustino desmayado en medio de la habitación, el ventanal que daba a la terraza estaba abierto de par en par y él se encontraba mortalmente pálido y helado. Lo abrigamos con una frazada, abrió los ojos y al vernos empezó a balbucear… entendimos mas sus gestos que sus palabras, miramos hacia la dirección que nos señalaba, entonces notamos los charcos de agua y vimos la maleta abierta. Don Faustino balbuceó: “El hombre pez se lo llevó”… Damon le preguntó que cosa se había llevado el susodicho “hombre pez” pero don Faustino había caído en un estado de casi autismo y no nos dijo más.

Damon llamó a una ambulancia, mientras tanto yo di una rápida revisión a la habitación buscando los documentos de don Faustino, no conocíamos a sus familiares e ignorábamos con que número telefónico podíamos contactarlos… entonces encontré una hoja de pergamino debajo de la cama, parecía haberse desprendido de un libro y tenía dibujos de unos símbolos cabalísticos en tinta roja… debajo de la cómoda encontré otra hoja de pergamino, ésta tenía dos párrafos de una letra muy confusa y junta, las grafías eran de un alfabeto que no reconocí y también estaban hechos con tinta roja… deduje que lo que había en la maleta había sido un libro, que lo que fuera “el hombre pez” se lo llevó y dejó olvidadas esas dos hojas que se habían desprendido muy posiblemente en un forcejeo con don Faustino… enrollé los dos pergaminos y me los guardé.

Como enviada por los dioses llegó doña Carmencita ofreciendo su mercadería, la anciana que vendía quesos era además una curandera bastante conocida por los alrededores, ella me había enseñado a “pasar el huevo para sacar el daño” y algunas otras cosas en las épocas que estuve con Luis y acostumbrábamos quedarnos algunos fines de semana en el balneario de Ancón… ella conocía a don Faustino.

Doña Carmencita miró a Damon con curiosidad y le dijo muy segura de sus palabras: “Te pareces mucho a tu hermano”… Damon le puso mala cara y luego me dijo: “¿Quién es ésta vieja que dice tonterías, acaso ella sabe quien es mi hermano?”… iba a responderle: “Tal vez, ya hay internet en estos lugares olvidados por la civilización” pero tuve la certeza que doña Carmencita no se refería al hermano carnal de Damon… en fin, ella era bastante anciana y era muy posible que a veces dijera algunas tonterías. La ambulancia llegó y doña Carmencita se ofreció para acompañar a don Faustino al hospital e informar a su familia.

Damon y yo subimos a nuestra habitación por nuestras cosas, no queríamos permanecer ni un minuto más en ése maldito lugar. Nos pusimos en camino de regreso a Lima. Damon había quedado con Chris de encontrarse en un lugar de la selva y obviamente le era mas práctico regresar a Lima, devolver la camioneta y tomar un avión… y yo ya tenía que regresar a mi casa. Le dije a Damon que había encontrado “algo” en la habitación de don Faustino e iba a enseñarle los pergaminos pero me acordé de lo que había dicho el chamán respecto a abrirlos sólo en un lugar sagrado… le entregué los pergaminos enrollados y le recalqué que los viera sólo bajo la protección de un lugar sagrado, él me dijo que se los daría a Chris.


Una semana después Damon estaba de regreso en Lima y nos encontramos en el hotel que queda a unas cuadras de mi casa, me dijo que le había entregado a Chris la maleta de “maca en polvo” y los dos pergaminos… y que don Faustino había fallecido, según los doctores a causa de un derrame cerebral.


Lilina Celeste, julio del 2014

martes, 24 de junio de 2014

Vampiresa

Surges como una vampiresa
entre nubes de opio e incienso
en la soledad de mis noches insomnes,
la más bella odalisca del harén del Diablo
¡danzas para mí!

Seductoramente te enroscas como una serpiente,
tus labios entreabiertos ansiosos de besos lascivos,
tus colmillos afilados blancos como el marfil
hambrientos de mi sangre...
son tus ojos del color del mar
y tus cabellos húmeda cascada de oro.

Súcubo ven a mi lecho, ebrios nos amaremos,
ésta noche te haré mía, seré tuyo...
sonríe mientras mis trémulas manos
recorren tu piel de seda,
sonríe mientras profano tus caderas
en nombre de Sodoma.

Cuando ya saciado esté mi deseo
te ofreceré mi cuello
y beberás hasta hartarte...
eres una pesadilla
con cuerpo de mujer.

Liliana Celeste Flores Vega - 1995

Templo en Tinieblas

El ocaso incendiaba las nubes,
el campanario del templo era de lumbre,
yo te esperaba ardiendo en el fuego del deseo.

Llegaste con la noche, envuelta en una capa negra
ocultando tu belleza bajo toscas vestimentas...
te tomé entre mis brazos, tú me rechazaste y me preguntaste:
“¿Para qué me haz citado?, ¿qué es lo que quieres?”
yo acaricié tu suave mejilla pálida y te respondí:
“Quiero poseerte en el altar del templo del dios de las mentiras”
sonreíste y tu sonrisa era un reto, ¿creías que no me atrevería?
bajo el cirio de la luna menguante atravesamos el abrupto sendero
y llegamos a la entrada de las derruidas catacumbas húmedas.

Los sombríos túneles donde las alimañas tenían su guarida
eran oscuros y encendí una antorcha,
el piso resbaladizo por los vapores fétidos te hizo vacilar
y te aferraste a mí, me estremecí cuando tomaste mi mano...
forcé el portón que daba acceso al recinto sacro,
crujieron los goznes, cedió la cerradura...
nuestras pisadas resonaron con prolongado eco
en la inmensidad de la nave, desde los altares las estatuas
nos observaban con ojos móviles y fulgentes de ira.

De pie frente al altar, tú y yo retamos al dios usurpador,
te despojé de tus toscas vestiduras negras...
tu hermosa cabellera dorada se abrió como una cascada de oro, exclamé:
“¡Eres bella! ... ¡demasiado!”
dejaste caer tu vestido, tu desnudez de mármol era un insulto y dijiste:
“Conmigo gozan los inmortales... ¿podrás complacerme?”
tus palabras me hirieron pero sonreí con desenfado... oculté mi dolor...
me despojé de mi camisa y de mis bragas, me satisfizo
atrapar una chispa de lujuria en tus claros ojos al verme desnudo.

Te levanté en mis brazos y te deposité en el frío altar,
acaricié todo tu cuerpo, mis manos temblaban al recorrer tu anatomía
y cuando mis labios ansiosos se unieron a los tuyos
correspondiste a mis besos entreabriendo tu boca...
los pezones de tus pechos se endurecieron en mi boca,
bajé poco a poco, disfrutando de la frescura de tu vientre...
la tersura de tus muslos era irresistible, abrí tus piernas
junté mi boca a los labios de tu vulva y bebí con ansias
saboreando con mi lengua el salado sabor de tu cáliz.

Gemías y yo me embriagaba con el licor que manaba de tus entrañas,
estabas menstruando y yo bebía tu sangre impura con sed de vampiro...
el sacrilegio asomó en tu rostro de virgen y me sugeriste:
“Hermano mío, alcánzame el copón de las hostias”...
el frío sudor perló mi frente al tomar la copa santa y te respondí:
“Toma mi divina pecadora, comulguemos”...
pero tú tomaste unas hostias y las hundiste en tu vagina
te ofreciste a mí y te penetré sintiendo como mi falo hundía
las hostias benditas destrozándolas dentro de ti.

Tus piernas ceñían mi cintura en degradante abrazo
y al hundirme en tus entrañas sentía que me hundía en el abismo,
tu jadeabas como una bacante ebria y yo enloquecido te poseía
profanando la santidad del recinto y blasfemando...
mantuve mi virilidad hasta que el orgasmo te estremeció
y con una brutal embestida eyaculé en el fondo de ti...
jadeante y agitado sobre ti, tú acariciabas mi cabeza
que afiebrada descansaba sobre tu pecho, y en tus entrañas
una masa inmunda de pan bendito, tu sangre y mi semen.

Las estatuas nos amenazaban con sus ojos sin vida,
fornicamos, bebimos el vino consagrado...
al rayar el alba decidimos regresar y te pregunté:
“Hermana mía, ¿logré satisfacer tu demoníaca lujuria?”...
uniste tu boca a la mía, ¡me besaste apasionadamente! y me respondiste:
“Casi... tal vez si hubieras profanado aquel amuleto que pende de tu cuello”…
me levanté y me vestí... ¿cómo podías ser tan angelicalmente malvada?
guardé el amuleto debajo de mi camisa temiendo que tan solo tu mirada
lo dañara, tú hiciste una mueca de burla, yo bajé la cabeza.

Te lavaste en la pila de agua bendita,
las sienes me latían, tu serenidad era pasmante
y yo te contemplaba aterrado como quien contempla
a una virgen que subasta su castidad en un mercado...
te vestiste y escondiste tu celestial belleza pecadora
bajo los toscos ropajes de tu hábito de novicia,
regresamos por los túneles húmedos de las catacumbas,
tu pequeña mano aferrada a mi brazo, aunque eres el alma de mi alma
desconocía la profundidad de la fuente pútrida de tu iniquidad.

El alba coloreaba las nubes,
el campanario del templo quedaba atrás
y mi aún inocente inocencia te suplicaba piedad.


Liliana Celeste Flores Vega - 1995


Este poema lo escribí en 1995 y está incluido en una novela que dejé inconclusa. Trata de dos hermanos que tienen una relación incestuosa, ambos son hijos de un conde y vampiros de nacimiento (pero no son los típicos vampiros, no estallan en llamas con la luz del sol pero una larga exposición si les hace daño, comen todo tipo de alimento normalmente pero necesitan beber sangre)… la historia ésta escrita desde el punto de vista del hermano en forma de diario, él cuenta como después de varios sucesos oscuros y sangrientos fueron culpados por su condición de “vampiros”, el padre fue linchado por el populacho y ellos casi corren la misma suerte… luego él es encerrado en una celda a la espera de un juicio y ella es obligada a tomar los hábitos de novicia en un convento, él escapa con la ayuda de un nigromante que promete enseñarle las artes oscuras, él planea huir con su hermana pero antes que él pueda liberarla ella escapa y resentida con él se convierte en una cortesana. Este poema es un recuerdo del hermano de un encuentro furtivo con su hermana.

miércoles, 16 de abril de 2014

Fantasmagórica

Algunas noches la he visto:
ella vaga entre las nieblas
vestida de encajes y vaporosos tules negros.

Con los largos cabellos oscuros al viento
se diría que es la alegoría de la noche
o una viuda indecente.

Algunas noches la he visto:
ella es muda y esquiva
despótica e insensible...

Tan leve es su paso que se diría que flota
como un hermoso fantasma
que se ha escapado de su mausoleo.


Liliana Celeste Flores Vega - diciembre de 1992

jueves, 10 de abril de 2014

El Libro de Piedra

El Libro de Piedra

Y ambos estábamos ante los Arcanos con nuestras dudas y temores a cuesta, sintiéndonos abrumados por la responsabilidad que ahora descansaba sobre nuestros hombros y el poder que se nos había otorgado por obra y gracia de los dioses que ahora ascendían y nos cedían su lugar. Desde que lo supe una pregunta temblaba en mis labios y finalmente estaba ante quienes podían respondérmela.

- ¿Por qué nosotros y no nuestros hermanos mayores, los primogénitos?

El rostro tallado en la piedra, adusto y sabio como el rostro de un antiguo rey, respondió: Porque los dos pasaron exitosamente todas las pruebas.

- Pero los primogénitos fueron criados para ser los emperadores.

El cuervo albino que estaba posado sobre un pedestal graznó: Es cierto, vuestros hermanos mayores fueron criados para ser los emperadores pero vosotros nacieron para ser los que reemplazarían a los dioses… nacieron unidos, maldecidos y bendecidos por un bautismo de fuego… uno desde el principio, uno hasta el final.

- Pero eso fue causado por el ataque que sufrió nuestra madre cuando nos estaba gestando, fue algo fortuito.

El elfo de cabellos de argento que estaba de pie al lado del pedestal dijo: Nada es fortuito… todo estaba escrito en el libro de piedra.

El rostro tallado en la piedra le refutó: Todas las profecías son ambiguas, dependen mucho de cómo sean interpretadas y casi siempre hay una que contradice a otra… pero lo que es irrefutable es que ellos dos pasaron todas las pruebas y se ganaron el derecho. Todos los hijos legítimos tenían la oportunidad pero la perdición de los primogénitos fue la arrogancia y la codicia, la de los segundos fue la indolencia. Pero ellos crecieron sin aspirar grandezas, eran los terceros y daban por sentado que el trono sería para los primogénitos, la espada y el báculo serían para los segundos… él era el escudero de sus hermanos, ella la doncella de sus hermanas, se conformaban con poco porque no les importaba nada más que el tenerse el uno al otro y crecieron amándose.

- Pero estuvimos separados durante ésta última Era… además a las finales a mi se me dio el poder de reina y hechicera.

El rostro tallado en la piedra prosiguió: Precisamente ésta Era fue vuestra última prueba. El te recordaba y te amaba, te buscó durante todas sus vidas… los que hablan con la lengua de la Serpiente le ofrecieron su ayuda para recuperar tu amor y hacerse del trono pero él no aceptó, se negó a pagar el precio que ellos pedían derramando sangre de inocentes, prefirió derramar su sangre y tomó el camino difícil, el del sacrificio. Tú no lo recordabas y los que hablan con los gruñidos del Draco te enseñaron a odiarlo pero en el fondo de tu corazón nunca lo habías olvidado y lo seguías amando, todas las veces que él te tomó a la fuerza le diste hijos hechos con amor… y en tu última prueba renunciaste a todo lo que tenías por la Saga, renunciaste al hombre que creías que era tu complemento, accediste entregarte a él y cederle el poder que tenías a pesar de que creías que al hacerlo serías su esclava con cadenas de oro y sufrirías todas las noches los arrebatos de su ira… y lo hiciste porque te dijimos que era lo que deberías de hacer por el bien de la Saga.

- Precisamente por eso es que no me doy mérito por lo que hice, me dijeron que era mi deber hacerlo y que si no me entregaba a él sería el fin de nuestro universo.

El rostro tallado en el árbol, dulce y sabio como el rostro de una antigua reina, dijo: Sin embargo tenías el poder de ignorar lo que te habíamos dicho y crear un universo en el que tus caprichos serían las leyes… vuestra madre planeaba entregar a vuestro padre para que el Draco lo destrozara con sus garras y convertirse en una diosa terrible con poder absoluto pero tú tuviste el valor de ofrecerte para ser inmolada en el altar del sacrificio.

Miré a mi compañero, mi hermano y mi esposo, pero él bajó la mirada… sé que se siente culpable cada vez que recuerda aquella noche en la que me hizo suya a la fuerza, vuelve a ver sus manos manchadas con mi sangre y a escuchar mis gritos cediendo a sus brutales embestidas… yo también recuerdo esa noche pero no le guardo rencor, recuerdo el sabor de la sangre que brotaba de mi labio después de aquella bofetada con la que me tumbó al suelo pero me sabe dulce, recuerdo su virilidad abriéndose paso dentro de mi pero no como un acto de violencia sino como un acto de pasión desbordada… después de todo si hablamos de violencia yo le he hecho cosas peores, lo he humillado y lo he torturado… sin duda también fueron actos de pasión desbordada, amor que estaba disfrazado de odio.

- Después de todo no fue algo terrible entregarme a él aunque en ése momento le temiera y lo odiara… siempre ha sido guapo.

El rostro tallado en el árbol esbozó una sonrisa risueña: Recuerdo que te lo tomaste muy melodramáticamente, arañabas las paredes y te mesabas los cabellos… y tenías motivos para hacer todo ése drama, te pareciera guapo o no fue un sacrificio porque, como acabas de decir, en ése momento le temías y lo odiabas… además sabías que no era entregarte a él sólo por una noche como se lo dijiste a tus hassassins, sabías que te estabas entregando a él para siempre y aún así lo hiciste.

- Era la justa compensación por todo lo que sufrió.

El cuervo graznó: No tuviste la culpa de todo lo que él sufrió. Fueron la Serpiente y el Draco quienes convencieron a vuestro hermano menor de hacer el ritual que retrocedió el tiempo y los separaron buscando su propia conveniencia.

 - Pero soy culpable de mi debilidad, no debí de olvidarlo a pesar de lo que nos hicieron… él no me olvidó a pesar de que lo sometieron a torturas espantosas, aún cuando él mismo no recordaba quien era seguía amándome y muchas veces dio su vida por protegerme aunque sabía que el pago que recibiría de mi sería la ingratitud… él sufrió mucho más que yo, sufrió mi olvido y soportó verme feliz entre los brazos de otro a quien creía mi compañero y de tantos otros que fueron mis amantes… además sufrió el exilio, humillaciones, maltratos y torturas por parte de casi todos…

El cuervo volvió a graznar: El tenía que pasar por todo eso, fue su prueba.

- ¡Son patrañas! – exclamó mi compañero rompiendo su silencio – antes de que hicieran ése maldito ritual que retrocedió la última era el Consejo de los Ancestros había aprobado nuestro ascenso para ocupar el lugar de nuestros padres… todo lo que sufrimos repitiendo la última Era fue por culpa de la Serpiente y del Draco y por la incompetencia del Tribunal para evitar lo que ellos nos hicieron y ahora quieren hacernos creer que todo estaba escrito y fueron pruebas que nos pusieron… nosotros ya habíamos ganado el derecho de ocupar el lugar de nuestros padres.

El rostro tallado en la piedra dijo: En ese entonces el Consejo aprobó que ocuparan el lugar de vuestros padres porque vuestros hermanos mayores no calificaban para hacerlo, pero no se puede decir que se habían ganado el derecho, simplemente eran la única opción legítima que quedaba y los Ancestros sabían que tenían potencial… pero vosotros habían crecido sin esperar que algún ocuparían el trono e ignoraban ése potencial que tenían, las pruebas eran necesarias para que reconocieran vuestro potencial…

- Entonces dicen que nos llevaron al limite para que nos probáramos a nosotros mismos y reconociéramos nuestro potencial… admito que tiene sentido – respondió mi compañero con ironía – pero aquellas “pruebas” que pasamos no fueron planeadas por vosotros, fueron la Serpiente y el Draco quienes planearon retroceder el tiempo y por culpa de ellos pasamos por todos esos infortunios.

El elfo volvió a decir: Nada es fortuito… todo estaba escrito en el libro de piedra.

- Entonces todo fue planeado por vuestra excelsa sabiduría – añadió mi compañero amargo sarcasmo – pues no lo creo, sólo son embustes para justificar vuestros errores.

El rostro tallado en el árbol dijo: El destino no tiene caminos rectos, crea atajos o alarga los senderos… nosotros podemos ver esos caminos pero no podemos obligarlos a tomar el atajo o el sendero largo y enmarañado. Sabíamos que nacieron con el potencial para ocupar el lugar de vuestros padres, lo cantó el viento y los olvidados lo rumorearon bajo las aguas… pero no sabíamos como descubrirían ése potencial ni si lo aprovecharían para bien o para mal, aunque esperábamos que hicieran lo correcto… fue entonces que ellos le dieron vuelta al reloj de arena y giraron hacia atrás el tiempo, unos pocos tomaron una decisión que afectó a muchos desencadenando una serie de acontecimientos que terminaron llevándolos a donde se encuentran ahora.

- Entonces ¿el que estemos ahora en ésta situación se lo debemos al que le dio la vuelta al tiempo? – preguntó mi compañero incrédulo.

El rostro tallado en la piedra prosiguió: Puede decirse que el hermano que quiso quitarte todo finalmente fue quien te lo entregó todo… reina, poder y trono, a él se lo debes aunque no haya sido su intención. Y ahora que lo ves de ésa manera… ¿cuál será tu decisión final en su juicio?

Mi compañero me miró, aún había una sombra de duda en su mirada azul aunque yo sabía que decisión había tomado.

- El no quería el trono, sólo la quería a ella, lo que hizo lo hizo por amor… lo perdonaré pero lo tendré vigilado.

El rostro tallado en el árbol preguntó: ¿Y qué harás con vuestro otro hermano pequeño?

El cuervo graznó: Será siempre una amenaza, la eterna historia de la luna y el mar.

Mi compañero volvió a mirarme, ésta vez una chispa traviesa destelló en su mirada azul y encontró la complicidad en mi sonrisa, ambos recordando aquellos atardeceres en los que el sol se acuesta sobre las olas bajo la mirada de una luna temprana y los amaneceres en los que la luna dormita sobre la espuma bajo la tibia caricia del sol… la eterna historia del sol, la luna y el mar… ambos astros seducidos por el canto del mar.

- No, él no es una amenaza… él la cuidó cuando yo no estaba a su lado, él curó mis heridas cuando ella no estaba a mi lado… él siempre tendrá un lugar en nuestro lecho.

El elfo exclamó sorprendido: ¡Eso no estaba escrito en el libro de piedra!

- Entonces toma el cincel y escríbelo – concluyó mi compañero.


Liliana Celeste Flores Vega, 31 de marzo del 2014