in girum imus nocte et consumimur igni

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domingo, 30 de junio de 2019

Supersticiones


Lucas era un reconocido fotógrafo de la prestigiosa revista de viajes y aventuras "Descubriendo el mundo". En una de sus travesías llegó a un remoto poblado del que había escuchado hablar, éste estaba ubicado en un bosque al que se accedía con mucha dificultad. Cuando llegó vio que parecía una aldea medieval congelada en el tiempo. Se presentó ante los asombrados habitantes y sacó su cámara fotográfica, las personas se mostraron aterrorizadas cuando vieron aquel aparato.

- Esto no les hará daño, sólo tomaré imágenes de ustedes - dijo Lucas.
- Conocemos ese maldito aparato - dijo el anciano que parecía el gobernador de la aldea - hace un tiempo algunos forasteros que llegaron también los tenían... por eso sabemos que si hace daño, le roba el alma a las personas.
- Esas son supersticiones - respondió Lucas - tome la cámara para que usted mismo me tome una foto y pierdan el miedo.

El anciano tomó la cámara que Lucas le ofreció, con un dedo vacilante presionó el obturador, el flash salió disparado... Luego le devolvió la cámara.

- ¿Ve cómo no me pasó nada? - dijo Lucas con una sonrisa... un segundo después empezó a desaparecer.


martes, 25 de junio de 2019

La promesa


Micaela y Joaquín se juraron amor eterno, más allá de la vida y la muerte. Entonces estalló la guerra y Joaquín tuvo que partir con los otros jóvenes de su pueblo.

Se escribían cartas renovando sus promesas de amor, Joaquín le juró que pase lo que pase regresaría y Micaela le prometió que lo esperaría.

Pero una tarde de otoño la esperada carta no llegó y un mes más tarde Micaela recibió una misiva del General informándole de la muerte de su amado Joaquín.

Pero ellos se habían jurado amor eterno y Micaela siguió esperando.

Hasta que una tarde de primavera tocaron a su puerta: Era un muchacho, pero ella reconoció la mirada de Joaquín.

- He regresado, mi amada Micaela.


miércoles, 12 de junio de 2019

Esencia de primavera


Ella era la hija de las flores, su alma tenía la esencia de la primavera... Y el amor la dejó abandonada en una ciudad donde reinaba el otoño.

martes, 4 de junio de 2019

Las hijas de la bruma


Cuenta la leyenda que se les puede vislumbrar a la incierta hora del alba, ellas son las hijas de la bruma. Danzan vestidas con recuerdos cenicientos y jirones de niebla, hieráticas doncellas ajenas al tiempo.

Ellas, con sus manos níveas, atrapan las penas, capturan las tristezas y recogen las nostalgias. Después, una de ellas es elegida por el viento para que tome todas las aflicciones y las lleve al cielo en dónde se convierten en lluvia.

Por eso se dice que la lluvia, y las lágrimas, limpian el alma.

jueves, 2 de mayo de 2019

La promesa cumplida

Caía la tarde en el Puerto de Southampton. El señor Lowell, un anciano veterano de guerra que lucía con orgullo su pierna artificial de madera y engranajes de bronce, contemplaba el mar con un catalejo cuyo juego de lentes de aumento le permitían divisar el barco que había zarpado una hora atrás… a bordo iban su hijo Williams y su esposa Cecilia rumbo a España.

El señor Lowell guardó su catalejo y encendió un puro. Cecilia no le agradaba como esposa para su hijo. Recordó la primera vez que Williams la invitó a tomar el té, de primera impresión no le gustó ésa mujer que se presentó vestida con una falda marrón recogida bajo la cual se veían unos pantalones de cuero y botas largas, un corset y una blusa de encaje que dejaba demasiado a la vista. Era hermosa, su larga cabellera oscura contrastaba con sus ojos verdes y su piel pálida… el ingenuo Williams había quedado prendado de su belleza indómita.

Durante aquella tertulia Williams le contó a su padre como conoció a Cecilia. Williams trabajaba en el Casino que antaño le había pertenecido a la familia, los reveses de la fortuna hicieron que el señor Lowell lo vendiera en un contrato privado al señor Umbert, éste conocedor del prestigio del apellido Lowell no cambió el nombre del establecimiento y permitió que Williams se mantuviera como administrador del mismo además de presentarse algunas noches tocando el piano con lo que ganaba un dinero extra.

Williams le contó a su padre que unas noches atrás, terminado su espectáculo, tomó unos tragos de más e instigado por sus amigos se puso a jugar póker. Le estaba yendo bastante mal frente a un hombre que llevaba un curioso monóculo, había perdido una considerable suma de dinero y obnubilado por la bebida cometió el error de seguir jugando apostando el medallón de oro que llevaba al cuello, único recuerdo que conservaba de su madre fallecida… finalmente perdió y el hombre recogía sus ganancias cuando Cecilia se levantó del rincón desde donde contemplaba a los jugadores, se acercó a la mesa trastabillando aparentemente ebria, fingió tropezarse y en el momento que el hombre intentó evitarle la caída sacó un puñal de su corset y se lo puso al cuello obligándolo a confesar que hizo trampa viendo las cartas de Williams gracias al artilugio que llevaba, un monóculo con un complicado juego de espejos. El hombre entregó las ganancias mal habidas y le permitieron marcharse. Para Williams Cecilia era una heroína pero el señor Lowell, no confiaba en una mujer que frecuentaba los casinos llevando un puñal escondido en su corset.

Cecilia le contó que provenía de una familia que se dedicaba al negocio de los bienes raíces pero desafortunadamente por la mala administración cayeron en la miseria y actualmente se dedicaba a la exportación de perfumes. El señor Lowell reconoció que Cecilia además de hermosa era culta, sin duda había recibido una excelente educación, tal vez no mentía sobre sus orígenes… también era intrépida, astuta y decidida… ése era el problema, a leguas se veía que su negocio era el encubrimiento de actividades ilícitas. Esperó no volver a verla pero lamentablemente Williams se enamoró de ella. Una noche durante la cena aprovechó que Williams se ausentó un momento de la mesa para decirle a Cecilia que el Casino no les pertenecía y que Williams sólo trabajaba allí... esperaba que hecha ésa aclaración la cazafortunas emprendiera la retirada pero tres semanas después Williams le anunció su compromiso con ella y posteriormente se casaron.

Empezó a llover, el señor Lowell ajustó su levita gris y emprendió el camino de regreso a su casa deseando que Cecilia fuera una buena esposa a pesar de su historial… el amor puede obrar milagros, él lo sabía… se alejó del puerto recordando a Isabella, su finada esposa, ella también había sido una aventurera pero se enmendó cuando se casaron y llegó a convertirse en una respetada dama de sociedad, ni Williams conocía el oscuro pasado de su madre.



En el barco que se encontraba en altamar, el capitán organizó una fiesta e invitó a Williams a amenizarla tocando el piano, él aceptó a pesar que Cecilia le dijo que se quedaría en el camarote porque le dolía la cabeza. Williams tocaba el Claro de Luna de Beethoven mientras los pasajeros cenaban cuando una serie de explosiones en cubierta estremeció a todos. Seis hombres entraron armados con pistolas modificadas capaces de disparar varias balas al mismo tiempo, de inmediato se hicieron dueños del barco. Un hombre sujetó a Williams quien angustiado sólo pensaba en Cecilia que había quedado en el camarote… entonces la puerta volvió a abrirse y ella entró con un hombre alto y fornido de cabello ceniciento y ojos negros con una cicatriz que le partía el labio inferior hasta el mentón, éste llevaba maniatado al capitán. Williams reconoció al hombre que le había jugado sucio en el Casino aunque no llevara su extraño monóculo. Cecilia calmó a los asustados pasajeros diciéndoles que sólo les interesaba el barco y los liberarían en los botes salvavidas, luego se acercó a Williams.

- ¿Cómo pudiste hacer esto? – le espetó Williams, la rabia y el desconcierto rutilaban en sus ojos azules - ¿Desde un principio estabas confabulada con éste despreciable hombre?

El hombre aludido le arrancó el medallón de oro con tanta violencia que le cortó el cuello con la fricción de la cadena.

- ¡Rupert, no es necesario que seas tan brusco! – exclamó Cecilia.
- Supongo que éste hombre es tu amante – le reclamó Williams a Cecilia - ¡Me has traicionado y te has burlado del amor que te profeso!
- Todo lo contrario, petimetre de salón – dijo Rupert con desprecio, detestaba a Williams porque deseaba a Cecilia y estaba seguro que de no haberlo conocido ella hubiera terminado aceptando sus cortejos – Cecilia estuvo a punto de traicionarnos a nosotros porque se enamoró de ti… pero encontramos la manera de conseguir lo que queremos y quedemos todos felices.

Entre los pasajeros se encontraba un canciller y su esposa quienes fueron tomados como rehenes, Rupert le dijo al capitán que si él y la tripulación obedecían sus órdenes no derramarían sangre. Luego ordenó a sus hombres que se ocuparan de los pasajeros poniéndolos con sus pertenencias en los botes salvavidas a primera hora de la mañana cuando divisaran un barco que pudiera recogerlos. Después se dirigió a un camarote con Cecilia y Williams.

- Mi amor, permíteme que te lo explique – le dijo Cecilia a su desconcertado esposo – hace muchos años atrás mi madre y su amiga robaron las arcas de un monasterio en Galicia y encontraron las pistas que las llevaría a un tesoro que unos piratas le arrebataron a un barco que se dirigía a España procedente de Las Indias y enterraron en una de las islas Shetland. Buscaron socios que quisieran participar de la aventura pero su amiga conoció a un caballero extranjero y se casó con él llevándose las pistas de la ubicación de la isla. Mi madre esperó que su amiga se contactara con ella, meses después recibió una carta en la que su amiga le informaba que estaba esperando un bebé y había decidido dejar su vida aventurera para formar una familia respetable, mi madre respetó su decisión. Mi madre conoció a mi padre y juntos iniciaron un rentable negocio de tráfico de psicotrópicos usando como fachada la exportación de perfumes. Lamentablemente hace cinco años mi padre fue capturado y condenado a veinte años de prisión, mi madre y yo pudimos huir con la ayuda de Rupert y llegamos a Inglaterra a bordo de un barco mercante, ni siquiera en ésa situación desesperada mi madre buscó a su antigua amiga, nos la arreglamos para continuar con el negocio aunque no obtuvimos las mismas ganancias. Hace dos años mi madre falleció y leí en su diario la historia del fabuloso tesoro enterrado. Rupert y yo acordamos dividirnos el tesoro, él rastreó el paradero actual de la amiga de mi madre para exigirle que le entregara aquellas pistas pero ella había fallecido.

- Sigo sin entender – dijo Williams.
- La amiga de mi madre era Isabella, tu madre – respondió Cecilia removiéndole el piso a Williams quien desconocía el azaroso pasado de su progenitora – las coordenadas de la ubicación exacta de la isla se encuentran grabadas en el interior del medallón que conservabas como recuerdo. Rupert y yo llevamos un año siguiendo a tu padre buscando la manera de recuperarlo.
- ¡Entonces lo único que querías de mi era ése medallón! – exclamó Williams.
- Si que eres tonto – masculló Rupert – recordarás que pude quedármelo la vez que jugamos póker pero Cecilia se entrometió, ella ha tenido muchas oportunidades de sustraértelo pero se empecinó en que como hijo de Isabella te correspondía una parte del tesoro.
- Perdóname por no contártelo antes – dijo Cecilia – sabía que tu honestidad no te permitiría participar en ésta aventura a menos que te vieras forzado. Pude robarte el medallón y marcharme con Rupert para buscar el tesoro pero te amo y no quería abandonarte. Necesitábamos un barco, ahora lo tenemos y estás involucrado, planeamos empezar una nueva vida en América… pero si te he decepcionado y ya no me amas puedes marcharte mañana con los pasajeros.
- Entonces mis opciones son abordar un bote salvavidas y no volver a verte o unirme a vuestra búsqueda del tesoro y empezar una vida juntos en tierras lejanas – dijo Williams, Cecilia asintió – no necesito pensarlo, te amo y no podría vivir sin ti. Me uno a la expedición pero prométanme que luego de encontrar el tesoro liberarán a los rehenes.
- Cecilia tampoco aprobaría una carnicería innecesaria – dijo Rupert – tienes mi palabra que los liberaremos sanos y salvos. Necesitamos al capitán y su tripulación para maniobrar el barco hasta las islas Shetland, haremos una parada en las islas Feroe por provisiones, viajaremos hasta Islandia… allí los dejaremos, cambiaremos de barco, contrataremos marineros y seguiremos hasta Terranova donde si lo desean nos separaremos y podrán continuar vuestro viaje al sur.

Rupert salió del camarote llevándose el medallón. Williams tomó a Cecilia entre sus brazos y la besó apasionadamente. Seguramente no volvería a ver a su padre pero no podía abandonar a su adorable aventurera… además no le disgustaba del todo la arriesgada empresa, después de todo la sangre de la audaz Isabella corría por sus venas.



Rayando el alba divisaron en lontananza un barco mercante, liberaron a los pasajeros a bordo de los botes salvavidas y navegaron rumbo a las islas Shetland. Rupert ordenó a sus hombres que pintaran la proa del barco y le cambiaran el nombre.

Tras varios días de apacible navegación, que Cecilia y Williams disfrutaron como luna de miel, llegaron a las islas Shetland. La señalada era una pequeña isla habitada por unos pescadores, los hombres de Rupert los amedrentaron fácilmente con sus armas. Cecilia conservaba el pergamino que indicaba como sortear las trampas colocadas en la cueva que albergaba el tesoro, su madre se quedó con él mientras Isabella conservó el medallón con la promesa que algún día buscarían el tesoro… promesa que ahora cumplían los hijos de aquellas audaces mujeres que tenían un lugar ganado entre las grandes embaucadoras de las tierras españolas.

La entrada de la cueva estaba protegida por una gran piedra que removieron con facilidad gracias a las indicaciones del pergamino que explicaba como manipular el artilugio de pesas y engranajes que se activaba con una palanca oculta. El tesoro consistía en una considerable cantidad de barras de oro que se apresuraron a transportar al barco, acomodaron el valioso cargamento en la bodega y partieron. En altamar celebraron en la cubierta abriendo un tonel de vino que bebieron contemplando las luces norteñas.

Hicieron una parada en las islas Feroe donde el telégrafo llevó la noticia que días atrás un barco mercante rescató de las aguas del Mar del Norte a los pasajeros de un crucero tomado por piratas y la armada naval inglesa estaba buscándolos. Consiguieron provisiones, evaluaron la situación y decidieron dirigirse a Noruega… Cecilia y Williams desembarcarían en Trondheim, Rupert y sus hombres se arriesgarían continuando la travesía hasta Terranova. Se hicieron a la mar pero los problemas surgieron al momento de dividir el tesoro.

- Williams también tiene derecho al tesoro, lo dividiremos en tres partes – dijo Cecilia.
- ¡Eso es una burla! – rugió Rupert dando un puñetazo sobre la mesa – acordamos dividirlo mitad y mitad, el mequetrefe no se ha ganado una parte.
- Acordamos dividirlo en partes iguales – dijo Cecilia –  el medallón le pertenecía a Williams.
- Y yo lo tenía en mis manos cuando se te ocurrió entrometerte – respondió Rupert – reclamo la mitad, comparte tu mitad con él.

Rupert abandonó el camarote y subió a cubierta. Había entrado al servicio del padre de Cecilia cuando ella tenía dieciséis años, era uno de sus mejores sicarios, no pudo evitar que su jefe fuera capturado pero puso a salvo a su esposa e hija… y ésa muchacha malcriada pagaba su devoción enamorándose del inglesito afeminado.

Mientras tanto Williams, quien permaneció callado durante la discusión, convenció a Cecilia que Rupert se merecía la mitad del tesoro porque los dejaría a salvo en Trondheim exponiéndose como carnada a la armada naval inglesa. Cecilia subió a cubierta para hablar con Rupert y lo encontró bebiendo ron.

- Williams me hizo entender que te mereces la mitad del tesoro – dijo Cecilia abrazando a Rupert con gesto reconciliador – haz hecho mucho por mi familia, te quiero y deseo que cuando nos dejes en Trondheim nos despidamos como amigos.
- También te quiero – dijo Rupert sin soltarla – los dejaré a salvo pero antes me cobraré algo que también me merezco.

Rupert besó a Cecilia a la fuerza e iba a ultrajarla cuando Williams lo golpeó con la botella de ron en la nuca… Rupert trastabilló pero era recio, le propinó un puñetazo a Williams haciéndolo caer sentado y lo remató con una brutal patada en el estómago… Cecilia arremetió contra Rupert pero él la tumbó con un empujón.

- ¡No toques a mi esposa! – exclamó Williams.

Rupert lo arrastró obligándolo a inclinarse sobre la baranda.

- Entonces tomarás el lugar de tu esposa – dijo Rupert bajándole los pantalones.

Williams fingió someterse pero cuando Rupert bajó la guardia le clavó un puñal entre las costillas y Cecilia ayudó a arrojarlo sobre la borda. Los hombres de Rupert acudieron por el alboroto, uno de ellos llevaba una pistola y apuntó a Williams exigiéndole a Cecilia que les entregara el tesoro a cambio de la vida de su esposo… pero Cecilia había tenido tiempo de hacerse de un lanzallamas y no vaciló en incinerar al facineroso. Los demás quedaron conformes con dividirse la mitad que le tocaba a Rupert.  

Cecilia y Williams desembarcaron en Trondheim con la mitad del tesoro. Lo que sucedió con los cinco hombres de Rupert, el capitán, la tripulación y los rehenes es otra historia.   

Liliana Celeste Flores Vega - 2016
Imagen: Miranda Deviantart



sábado, 6 de abril de 2019

Bio y Publicaciones

Liliana Celeste Flores Vega - Lileth


Liliana Celeste Flores Vega (Lima, 1976).

Escritora, actriz y modelo alternativa. Entre sus obras se encuentran poemas, relatos y novelas de romance, terror, fantasía épica, ciencia ficción y erotismo. Ganadora del primer lugar en el concurso de cuentos de terror de la Sociedad Histórica Peruana Lovecraft con su cuento “La criatura de los humedales” (2014). Segundo lugar en el concurso de cuentos retrofuturistas organizado por la Comunidad Steampunk del Perú con su cuento “La promesa cumplida” (2016) y tercer lugar en el mismo concurso con su cuento “Memorias perdidas” (2017)

Publicó de manera independiente el poemario “Memorias de una Dama Blanca” y el compendio de cuentos “Anacrónicas” (2016).
 
 
 
Colaboradora de las siguientes revistas digitales:
 
Buenos Relatos edición febrero 2020
Cuento: La bruja del pantano
 
Concurso Blog Steampunk Perú 2016
Cuento: La promesa cumplida
 
Concurso Blog Steampunk Perú 2017
Cuento: memorias perdidas
 
Círculo de Lovecraft Nº 6
Cuento: Un insólito hallazgo
 
Cuentos de la Sociedad Histórica Peruana Lovecraft 2014
Cuento: La criatura de los humedales
 
El Axioma Nº 4
Los hijos de Bashteh
 
El Narratorio Nº 31
Cuento: Leuxia
 
El Narratorio Nº 33
Cuento: La música misteriosa
 
El Narratorio Nº 36
Cuento: Memorias de una princesa cortesana
 
El Narratorio Nº 37
Cuento: Mascarada
 
El Narratorio Nº 39
Cuento: Memorias de Damball
 
El Narratorio Nº 57
Cuento: El caminante de dos eras
 
El Narratorio Nº 58
Cuento: Deseos
 
Fantastique Nº 1
Cuento: Leuxia, la elegida por las estrellas
 
Fanzine Terror Cósmico Nº 1
Cuento: El faro en el cabo del norte
 
La Naúsea Lit edición noviembre 2018
Cuento: La niña que cazaba falenas
 
Letra Infausta de El asilo de Arkham 2019
Cuento: La mansión de los veintiún faroles
 
Letras entre sábanas Nº 1
Cuento: Provocación
 
Letras entre sábanas Nº 2
Cuento: ¿Recuerdas la primera noche que te visité mientras dormías?
 
Letras entre sábanas Nº 3
Cuento: Templo en tinieblas (Sacrilegio)
 
Letras y Demonios Nº 4
Cuento: La bruja del pantano
 
Letras y Demonios Nº 7
Cuento: La ruina de Taraam
 
Letras y Demonios Nº 10
Cuento: Urcu Pacha
 
Letras y Demonios Edición De Aniversario
Cuento: La bruja del pantano
 
Libre Fantasía Nº 3 y Nº 4
Cuento: El espejo de roca cristal
 
Máquina Combinatoria edición febrero 2020
Cuento: El caminante de dos eras
 
Penumbria Nº 44
Cuento: La sombra de Carcosa
 
Penumbria Nº 46
Cuento: Un vampiro invadiendo mis sueños
 
Penumbria Nº 48
Cuento: Aya Uma
 
Revista Ibidem Nº 3
Cuento: Memorias de la anciana guardiana del lar
 
Revista Ibidem Nº 4
Cuento: La ruina de Daar Seethan
 
Revista Vaulderie
Cuento: Lilith de las Lechuzas
 
Sexta Fórmula edición mayo 2020
Cuento: la mansión de los veintiún faroles
 
Tenebrarum Nº 1
Cuento: La criatura de los humedales y Los extraños sucesos de la casa de la locura
 
Tenebrarum Nº 2
Cuento: La biblioteca
 
Tenebrarum Nº 3
Cuento: En las profundidades del Amazonas
 
Tenebrarum Nº 4
Cuento: Los habitantes del montículo
 
Voces Polisémicas 2017
Cuento: Los extraños sucesos de la casa de la locura
 
 
 
En físico ha sido publicada en:
 
Revista Nictofilia Nº 1
Editorial Cthulhu (2016)
Poema: En aquel salón silencioso
 
Antología poética ¿Escuchas los sonidos de la Poesía?
Editorial Poetas y Violetas (2017)
Poemas: Necesito, El reloj enmudece, Los ecos de la noche, Atardecer, Susurros
 
Muestra de cuentos peruanos de terror Tenebra
Editorial Torre de Papel (2017)
Cuento: La criatura de los humedales
 
Cuentos peruanos sobre objetos malditos
Editorial El Gato Descalzo (2018)
Cuento: El cuadro
 
Cuentos sobre Brujas
Editorial El Gato Descalzo (2019)
Cuento: La inocencia de la bruja
 
Encuentro en otros mundos
Editorial El Gato Descalzo (2019)
Cuento: La expedición perdida
 
Cuentos sobre la Luna
Editorial El Gato Descalzo (2019)
Cuento: El hombre en la Luna
 
El día que regresamos
Editorial Pandemonium (2020)
Cuento: un nuevo amanecer
 
Zomos Zombis
Editorial Altazor (2020)
Cuento: En donde duermen los muertos – La Libertad


jueves, 10 de enero de 2019

Galaor

Paladín intrépido y generoso,
diestro con la espada, audaz en la lucha,
gallardo jinete sobre indómito corcel,
dueño de una rara belleza salvaje y furiosa.

No imaginas que una princesa caprichosa
y hastiada de estirados nobles de modales refinados
se ha enamorado apasionadamente de ti
y sueña contigo en su lecho de brocado y oropel.

Te espío escondida entre el ramaje
mientras te bañas desnudo en la cascada,
tus músculos son firmes,
tu piel bronceada por el sol del mediodía
y áspera por el frío de la montaña,
tus largos cabellos oscuros caen sobre tus hombros
y enmarcan tus rudas facciones
en donde destacan las esmeraldas de tus ojos.

Sobre las rocas, húmedas y tendidas al sol,
están tus gastadas vestiduras,
imagino las noches de invierno
en las que bajo las estrellas congeladas
sobre un miserable lecho de hojarasca
o tal vez en una húmeda caverna
has sufrido frío sin más abrigo
que aquella capa deshilachada.

Descansas sobre la hierba,
dormitas bajo el sol semejante a un semidiós,
no puedo resistirme y me acerco a ti,
tu virilidad se manifiesta, aunque solo me presientes en tu siesta.

Estoy segura que hace muchas lunas
no has recibido las caricias de una mujer
y que tu deseo reclama la suave humedad de un refugio femenino
despierta... ¿quieres descansar en el regazo de un hada?

Liliana Celeste Flores Vega - 1993


Duendes

Cada vez que quiero huir hago maletas y me escapo a otra vida
pero al desempacar sucede que los duendes vinieron conmigo
escondidos entre los pliegues de mis vestidos.

Y me desbaratan los planes de una vida modesta,
me visten de lentejuelas y boas de plumas, me lisonjean en la barra de un cabaret,
traen al pianista que me compone canciones, al caballero galante de gustos exquisitos,
para completar la farsa invitan al triste poeta de ojos azules
y me obligan a ahogar mi llanto entre carcajadas de vino y oropel.

Y si vuelvo a hacer maletas se las arreglan para venir conmigo
ya sea colgados de mi falda o siguiendo mis pisadas como sabuesos,
siempre ávidos de arruinarme los planes de una vida honesta
me exigen fingir melodramas en un escenario
sin dejarme tiempo de llorar mi propia comedia.

Y con aquellos duendes siempre vienen los fatuos amores
el caballero triste que me ama y protege compartiendo mi infortunio
no tarda en llegar el noble conde que me desea y compra mis caricias
y para darle un tinte sangriento al drama
no olvidan al desdichado que muere jurándome amor.

Si me escapo amparada en la noche borrando mis huellas
y logro encontrarme con el Arcángel Azul de mis fantasías
no tardan los duendes en encontrar mi rastro
y se las arreglan para que la historia de amor
termine laureada como una desgarradora tragedia.

Y ahora que tengo a todos los personajes en la plaza
los duendes no disimulan sus sonrisas sarcásticas
pero esta vez seré yo la que escriba la última página.

Liliana Celeste Flores Vega - 1996

martes, 12 de diciembre de 2017

Recuerdos de arena

Chris nos sentó frente a frente, nos dio de beber ayahuasca y empezó a tocar el tamboril. El ritmo hipnótico nos fue atrapando lentamente con su monótona cadencia. Contemplé a Damon, sus ojos azules me resultaban tan familiares… llevábamos cinco meses de conocernos y habíamos hecho varios rituales juntos, pero yo sabía que esa familiaridad que encontraba en su seductora mirada tenía su origen en las vidas pasadas que habíamos compartido y estábamos recordando gracias a esas sesiones de regresión. La bebida alucinógena empezó a hacer su efecto.

De pronto me encontré en el torreón de un castillo de piedra milenaria, miré hacia abajo… el mar rugía golpeando el acantilado. Yo era una niña de no más de diez años, estaba con mi madre. Los fragores de la batalla llegaban hasta nosotras… un crujido, silencio y los gritos de victoria del enemigo... habían conseguido romper el portón del castillo con un ariete.

Entonces mi madre tomó la fatal decisión: Me subió al borde del muro de piedra, ella también subió, me tomó de la mano y me dijo que deberíamos de saltar porque morir era mejor que ser capturadas por el enemigo. Me rehúse, tenía miedo de las olas que rompían contra las rocas… ella insistió, me dijo que el mar nos recibiría con un amoroso abrazo y dio un paso hacia el vacío. No sé cómo pude soltarme de ella y aferrarme al cuello de una gárgola… escuché que en su caída mi madre gritó mi nombre llamándome para que saltara… su grito se perdió en el estruendo de las olas.

Me estaba resbalando y la piedra lastimaba mis manos, pero pude encaramarme sobre la gárgola, era un dragón de piedra. Me senté a horcajadas sobre su lomo, me sentí segura entre sus alas, sabía que no me caería si me abrazaba a su cuello. Luego de un rato intenté bajar y llegar al muro, pero las piernas me temblaban y volví a aferrarme al cuello del dragón de piedra.

Escuché a los invasores saqueando el castillo. Cerré los ojos y pensé que si ese dragón de piedra pudiera convertirse en uno verdadero podría llevarme muy lejos de allí. Los hombres estaban cerca, escuché que estaban subiendo por las escaleras del torreón, supe que cuando abrieran la puerta me encontrarían y me llevarían con ellos a un destino peor que la muerte. Pensé que la única salida era saltar como lo había hecho mi madre… sería fácil pararme sobre el lomo del dragón de piedra, cerrar los ojos, extender los brazos, pensar que volaría y dejarme caer… pero entonces escuché una voz cavernosa, tardé un instante en darme cuenta que aquella voz provenía del dragón de piedra… la incredulidad dio paso a la esperanza cuando el dragón me dijo que me quedara montada sobre su lomo, quieta y en silencio, que él me protegería… y confié en él.

Un soldado joven de cabello rubio abrió la puerta y se acercó al muro… me miró sin verme, luego contempló el mar y se marchó. El dragón de piedra me había salvado. Después pude bajar del lomo del dragón y trepar hasta llegar al muro, pero sabía que no era buena idea abandonar el torreón, ese soldado seguramente había dicho a los demás que allí no había nada de valor. Me quedé en el torreón sin saber que hacer.

Oscureció y empezó a hacer frío. Me puse a llorar abrazando mis rodillas, entonces reparé en que mi madre me había llevado al torreón cuando un guardia moribundo le dio el aviso que mi padre había muerto en la batalla, pero no nos dijo nada acerca de mi hermano que supuestamente se encontraba luchando con él… ¿dónde estaría?, ¿habría podido escapar?... ¿vendría por mí?... me aferré a esa débil esperanza.

Entonces la puerta se abrió lentamente, temblé temiendo por mi vida… un muchacho zarrapastroso con cabello corto se asomó, me llamó por mi nombre y se acercó. Mi corazón dio un vuelco de alegría cuando reconocí a mi hermano, aunque ya no tenía su larga cabellera rubia. Me dio un atado de ropa harapienta y me cambié de inmediato. Luego bajamos silenciosamente por la escalera del torreón hasta llegar a una habitación en la planta baja… ¿intentaríamos huir cuando los invasores estuvieran durmiendo ebrios?... pensé que sería casi imposible cruzar las puertas que seguramente estarían cerradas, pero mi hermano se detuvo frente a la chimenea, tanteó la pared y abrió una puerta secreta. Luego tomó una de las antorchas y nos internamos en ese escabroso túnel, llegamos a una recámara pequeña, allí había un baúl con monedas de oro, las tomamos y las ocultamos en nuestras ropas. También había una muñeca de trapo, mi hermano me dijo que estaba rellena con joyas y piedras preciosas… la tomé aferrándola contra mi pecho, supe que desde ese momento esa muñeca de trapo sería mi tesoro, no solo por lo que contenía como relleno, sería el recuerdo de mi feliz infancia perdida.

Continuamos por otro túnel y salimos al lado del vertedero de desechos del castillo. Bajo el amparo de las sombras llegamos hasta el puerto y conseguimos pasajes en un barco mercante que nos llevó a una ciudad. De allí emprendimos el camino al Norte hacia el feudo del más fiel amigo de nuestro padre, pero en el camino supimos que los invasores lo habían matado y que habían puesto precio a nuestras cabezas pues éramos los últimos descendientes de nuestra familia. Teníamos que huir lejos, muy lejos… a un lugar donde el invasor no nos encontrara… y sólo había una opción.

Seguimos por el camino al Norte y nos internamos en el bosque, buscamos a la hechicera gris, pero fue ella la que nos encontró a nosotros. Le dijimos que teníamos que huir muy lejos, ella ya lo sabía y nos dijo que nos ayudaría. Nos llevó hasta el árbol milenario, un árbol enorme de madera pálida y perfumada como el palo santo, su tronco era muy grueso y tenía un hueco, una especie de puerta. La hechicera preparó el ritual, entonces nos despedimos de las tres lunas de plata que iluminaban el cielo, cruzamos el portal del árbol milenario y le dijimos adiós a nuestro mundo.

Fue como cruzar por un túnel con paredes de madera, luego estas se volvieron de piedra, nos dimos cuenta que estábamos en una cueva… vimos una luz, salimos de la cueva por la ladera de una montaña y nos encontramos en otro mundo: Tres soles amarillos iluminaban el cielo, tan diferentes al único sol azul de nuestro mundo nativo, ante nosotros se extendía la vastedad de un desierto de arenas doradas y caprichosas formaciones rocosas. Estábamos solos, la hechicera había pagado nuestro paso por el portal con su vida.

Felizmente esa zona del desierto era paso obligado de las caravanas de mercaderes, nos unimos a una y llegamos hasta una opulenta ciudad con muros de ladrillos rojos y puertas de bronce. Mi hermano compró ropa adecuada para el clima caluroso y rentamos una habitación en una humilde posada. No podíamos ocultar que éramos extranjeros, la gente de aquel lugar era de piel morena con cabello y ojos oscuros. No tardaron en preguntar de dónde veníamos, mi hermano les respondió que veníamos del otro lado del mar, eso satisfizo la curiosidad de los habitantes de la ciudad pues en ése mundo existían unas islas pobladas por personas de piel blanca con cabellos y ojos claros, aunque no eran gente de aventurarse a cruzar el mar, más bien esperaban que los del continente llegaran hasta sus islas para comprarles los objetos de vidrio que fabricaban, pero de vez en cuando algunos cruzaban el mar buscando fortuna.

Un jeque de edad madura, muy respetado y poderoso en aquella ciudad se interesó por nosotros, mi hermano confió en él y le contó nuestra historia. El jeque se convirtió en nuestro protector y crecí bajo su cuidado. Yo solamente aspiraba tener una vida tranquila al lado de mi hermano, según la tradición de nuestra familia cuando tuviera la edad suficiente nos casaríamos, tendríamos hijos, continuaríamos nuestro linaje y seríamos felices. Pero mi hermano soñaba con regresar a nuestro mundo al mando de un poderoso ejército para recuperar el Reino que los invasores nos habían arrebatado.

De allí la visión dio un salto hasta el momento en el que me convertí en mujer y mi hermano me dijo que había llegado el momento que debería de casarme, pero no sería con él. No podía creer que él me hubiera comprometido con otro hombre, yo era su hermana destinada a ser su esposa, éramos los últimos descendentes de nuestra familia, si yo me unía con otro hombre nuestro linaje se extinguiría. Mi hermano, con la colaboración del jeque que era nuestro protector, había arreglado mi matrimonio con un hombre llamado Haraam, hijo de Hakim, un jeque nómada muy rico que había prometido a mi hermano ayudarlo a recuperar su Reino. Esa noche me lo presentaron, era un hombre alto y fornido, de piel canela, cabello negro azabache y ojos color ópalo.

Una semana después se realizó la boda, Haraam fue amable conmigo, pero yo había crecido amando a mi hermano segura que él sería mi esposo y que él me hubiera entregado a otro hombre me dolía en el alma. Tuvimos que despedirnos de la ciudad que yo había llegado a amar como si hubiera nacido en ella. Haraam nos llevó con su caravana de guerreros nómades, según sus costumbres tenía que presentarme como su esposa ante sus Dioses y el Templo quedaba muy lejos.

El viaje fue penoso para nosotros porque no estábamos acostumbrados a la dureza de la vida nómade. Finalmente llegamos al Templo, era una gigantesca pirámide trunca de piedra blanca que se levantaba en medio del desierto. Las tribus guerreras nómades se reunían allí para hacer sus ceremonias y elegir al jefe de todas las tribus. Casualmente el último jefe de todas las tribus había fallecido de una extraña enfermedad que lo había matado en medio de delirios y vómitos de sangre. Haraam fue elegido jefe de todas las tribus y lo celebramos por una semana.

Entonces mi hermano le exigió que cumpliera con su promesa por la cual me había entregado a él como esposa, Haraam le puso pretextos diciendo que no era fácil llevar a un ejército tan grande por mar hasta las islas, mi hermano le explicó que su Reino se encontraba en otro mundo, no había que cruzar el mar sino un portal. Para Haraam eso era una abominación, sus ancestros decían que los portales funcionaban por una magia maldita a los ojos de sus Dioses. Mi hermano se sintió engañado, insultó a los ancestros de Haraam y éste lo retó a duelo.

La historia dio otro salto. Yo había empezado a querer a Haraam pero desde que mató a mi hermano mi incipiente amor se había trastocado en odio, entonces él me juró que estaba arrepentido, le dije que lo perdonaría si marchábamos con su ejército a mi mundo y recuperaba el Reino para honrar la memoria de mi hermano. Haraam decidió consultar a sus Dioses sobre lo que debería de hacer y marchamos hacia el Templo del Oráculo, para ser digno de consultar al Oráculo él debería de hacer un retiro durante un mes y pasar algunas pruebas.

Los de la caravana tuvimos que acampar en las cercanías del Templo. Yo estaba embarazada, pero perdí a mi hijo mientras Haraam estaba en su retiro porque bebí agua de un pozo y me enfermé. Durante ése tiempo un hombre estuvo a mi lado cuidándome… era un hombre maduro pero aún bastante atractivo de cabello rubio y ojos azules, pero no era nativo de aquellas islas de fabricantes de objetos de vidrio, decía ser de un lugar más lejano que aquellas esas islas, donde había llegado a ser general de un ejército pero lo habían culpado injustamente de traición y condenado a muerte, entonces había huido… nadie creía en la existencia de un lugar más allá de ésas islas pero no le hacían más preguntas. Yo no le había prestado mucha atención, era un simple mercenario que se nos había acercado cuando dejamos la ciudad de muros de ladrillos rojos, mi hermano lo había tomado a su servicio y a la muerte de mi hermano se quedó a mi servicio, pero empecé a interesarme en él después de que me cuidó mientras estuve enferma… había algo en sus ojos azules que se hacía muy familiar.

Haraam no llegó a enterarse de que estuve enferma y perdí a nuestro hijo. Los sacerdotes lo trajeron moribundo una semana después de lo que me sucedió, había fallado en una de las pruebas y caído a un pozo de escorpiones. Para los guerreros nómades era tradición que si un hombre moría y su mujer no tenía hijos debía de ser quemada en la pira funeraria con él. El hombre de ojos azules que estaba a mi servicio se enfrentó a los guerreros nómades cuando me ataron y me pusieron en la pira funeraria… pero era uno contra todos, lo golpearon y lo sujetaron mientras encendían la pira… era la tradición, sin mi hermano no tenía motivos para seguir viviendo, estaba casi resignada pero entonces mis ojos se encontraron con los ojos de aquél hombre y algo dentro de mí se rebeló: Tenía que volver a mi mundo y recuperar mi Reino… pero estaba atada a una pira funeraria que ardía, el humo me hacía lagrimar los ojos, muy pronto el fuego me alcanzaría y acabaría todo.

Entonces empezó a llover, algo completamente inusual en ese lugar… ese hombre gritó que era una señal de los Dioses, se soltó de los guerreros que lo sujetaban, saltó sobre el fuego y me desató… caminé sobre los leños humeantes, todos cayeron de rodillas, confirmaron que era una señal de los Dioses, me reconocieron como su jefa y juraron que me obedecerían.

Les ordené ponernos en camino hacia la montaña en donde se encontraba el portal que llevaba a mi mundo con la intención de recuperar en nombre de mi hermano el Reino que nos habían arrebatado. Había dos rutas: Cruzar el desierto de regreso a la ciudad de muros de ladrillos rojos y atravesar más desierto hasta llegar al camino por el que cruzaban las caravanas de mercaderes o acceder desde atrás cruzando las llanuras, la segunda ruta era la más corta, pero era peligrosa pues era adentrarse en el territorio donde anidaban y cazaban los dragones.

Cuando cruzábamos las llanuras fuimos atacados por dos dragones, los guerreros lograron matar a uno y herir al otro. Seguimos nuestro camino y cuando llegamos a la zona montañosa fuimos interceptados por un jeque guerrero nómade al que habíamos conocido en el Templo de los Dioses, dijo que una viuda y además extranjera no podía ser jefa de una caravana, pero cómo era generoso me daba la opción de acogerme a su protección y convertirme en una de sus concubinas, yo me negué… pero los hombres de mi caravana tuvieron miedo y se rindieron.

El único que se quedó conmigo fue el hombre de ojos azules y me defendió cuando el jeque quiso tomarme a la fuerza, mató a un guerrero, hirió a dos, pero no pudo contra todos… el jeque permitió que sus guerreros lo violaran mientras que él me hacía suya a la fuerza. Luego de eso le pedí que me devolviera el medallón que me había arrebatado porque era una reliquia familiar, él accedió… no tenía idea que estaba poniendo en mis manos un arma mortal, ése medallón era una de las joyas ocultas en la muñeca de trapo, mi hermano había vendido la mayoría de las joyas para mantenernos cuando se le acabaron las monedas menos ése medallón porque era de plata y las piedras que lo adornaban no eran preciosas, pero lo valioso era lo que guardaba en su interior: Unas pequeñas perlitas que eran un mortífero veneno.

Disolví una perlita en la copa de vino del jeque, él bebió y dos minutos después cayó muerto. Tomé su bastón de autoridad, salí de la tienda y me dirigí a la tienda en donde guardaban los toneles de vino, con el bastón de mando en la mano le ordené a las mujeres que cuidaban las provisiones que por orden del jeque llevaran dos toneles al centro del campamento, pero antes, con el pretexto de degustarlos disolví tres perlitas en cada tonel.

Los guerreros seguían abusando del hombre de ojos azules, les dije que el jeque les ordenaba dejar al hombre y que me permitieran llevarlo a una tienda en donde pudiera descansar, a cambio les enviaba esos toneles de vino. Como tenía el bastón de mando en la mano me obedecieron. Llevé al hombre a la tienda que me indicaron y lo atendí lo mejor que pude… al amanecer casi todos los guerreros estaban agonizando, el veneno diluido causaba una muerte lenta y dolorosa. Nos fue fácil huir, logramos llegar hasta las montañas y nos refugiamos en una cueva.

La cueva era el nido de los dragones que nos habían atacado cuando cruzábamos las llanuras. Encontramos los restos del dragón que había logrado huir herido y a tres pequeños dragones que habían sobrevivido alimentándose de los despojos de su madre, decidimos hacernos cargo de ellos.  Seguimos nuestro camino llevándonos a los pequeños dragones, pensábamos llegar hasta el mar e instalarnos en una de las ciudades de la costa, seguramente encontraríamos algún mercader que nos daría un buen precio por aquellos dragones domesticados.

En el camino nos encontramos con un grupo de errabundos que venían de una ciudad que había sido devastada por un Terror sin Nombre, nos indicaron el camino y llegamos a aquella ciudad de muros de piedra blanca. Nos instalamos sin hacer caso a lo del terror sin nombre, al parecer un terremoto había causado un escape de gas del subsuelo que envenenó a la gente, cuando llegamos aún había grietas de las que salía gas sulfuroso.

Encontramos un tonel de vino en el palacete abandonado, bebimos… ésa misma noche el hombre de ojos azules me confesó que me amaba, aunque lo quería mucho, no podía corresponderle porque seguía amando a mi hermano… pero le permití besarme y le concedí algunas caricias. Semanas después los habitantes de la ciudad regresaron y me pidieron que fuera su Reina por haber vencido al Terror sin Nombre, les quise explicar que sólo había sido un escape de gas venenoso del subsuelo, pero eran gente supersticiosa, para ellos yo era una enviada por los Dioses que podía hablar con los dragones. La ciudad prosperó y recluté soldados para formar un ejército propio, no había olvidado mi propósito de regresar a mi mundo y recuperar lo que me pertenecía.

Los pequeños dragones crecieron y me encariñé con ellos. El hombre de ojos azules esperaba ganarse mi corazón algún día, muchas noches lo invitaba a compartir mi lecho, él me complacía, pero había algo en lo profundo de su mirada que me impedía amarlo. Una noche, después de habernos dado placer, yo estaba jugando con uno de los pequeños dragones y él me dijo: “Cuando crezca podrás montarlo y te llevará muy lejos de aquí”

Me quedé de piedra y finalmente lo reconocí: Era el joven soldado que había subido al torreón y me había visto sin verme encaramada sobre el dragón de piedra. Me confirmó que aquella vez subió para buscarme porque el jefe del ejército de los invasores había dicho que quien me encontrara recibiría una recompensa, pero cuando me encontró me vio tan indefensa que no pudo entregarme, fingió que no me había visto y les dijo a los demás que arriba no había nada que valiera la pena. Luego buscó a mi hermano, le dijo dónde me encontraba, lo ayudó a ingresar al castillo disfrazado de sirviente y le indicó cómo podíamos escapar por el túnel. Después descubrieron que nos había ayudado a escapar y lo condenaron a la horca, entonces huyó y nos buscó. Le di una bofetada. No era un soldado del invasor que se había compadecido de nosotros, había sido uno de los soldados de la escolta de mi padre, un traidor que por un soborno le mostró al enemigo las debilidades del castillo. Lo expulsé de la ciudad.

Luego elegí al más hábil y atractivo de los soldados del ejército, lo nombré capitán y lo tomé como compañero de cama, llegué a quererlo y él me amaba, pero no podía tomarlo como esposo porque era un esclavo liberto. Por consejo de uno de los ancianos de la ciudad blanca accedí conocer a un noble de una ciudad de la costa que había quedado viudo sin hijos, me enamoré de ese hombre y me casé con él… y ese hombre me traicionó… él nunca me quiso, sólo quería mis dragones, mi ciudad y mi ejército. Me acusó de que seguía teniendo relaciones sexuales con el capitán que había sido mi compañero de lecho.

Mi esposo ordenó que despellejaran y empalaran al capitán del ejército. Después me envió a la casa de la penitencia y me instalaron en una celda excavada en la ladera rocosa de una montaña con una reja oxidada, a diario me subían una cesta con una garrafa de agua, pan y alguna fruta. No era un acto de bondad, era para mantenerme con vida prolongando mi sufrimiento. Hubiera podido negarme a alimentarme, pero el deseo de venganza fue más fuerte. Sabía que mis dragones habían huido, tenía la esperanza que ellos me rescatarían y perdí la cuenta del tiempo.

Una noche me encontré pensando en el hombre de ojos azules, él decía que le encantaba mi cabello, empecé a peinármelo con los dedos todas las noches tarareando una canción… y una noche a la luz de la luna llena vi con espanto que mi cabello ya no era rubio, se había vuelto de plata… ¿tanto tiempo había pasado?... ¿era una anciana?... entonces era momento de cerrar los ojos y morir.

Pero al amanecer mis dragones me encontraron, habían crecido mucho. El más grande, el de color bronce, llevaba sobre su lomo a un hombre que tenía la mitad del rostro quemado y los ojos azules… arrancó la reja con sus garras y el hombre, a quien había reconocido, me ayudó a subir al dragón, entonces me murmuró al oído: “Te dije que algún día podrías montarlo y te llevaría muy lejos”

Me sorprendió que él siendo mayor que yo no se viera como un anciano, le pregunté cuántos años habían pasado y me respondió que cinco años desde que lo expulsé de la ciudad blanca. Entonces yo no era una anciana, solamente el sufrimiento había encanecido mis cabellos, pero él me dijo que así le parecían más hermosos… y lo besé.

Escapamos y nos refugiamos en una cueva. Entonces me contó que cuando lo expulsé de la ciudad blanca vagó sin rumbo hasta que llegó a una ciudad con muros de ladrillos negros, ofreció sus servicios como mercenario, luego fue a una taberna, se emborrachó y amaneció atado en una jaula, lo vendieron como esclavo a las canteras y le quemaron el rostro la primera vez que intentó escapar. En su segundo intento de fuga le fue peor, le dieron una golpiza tan brutal que lo dejaron en una zanja dándolo por muerto, pero lo encontraron los chiquillos mendigos que rebuscan los basurales de las canteras esperando encontrar algún pedazo de oro de tontos. Luego se unió a una caravana de comerciantes. Se enteró de mi matrimonio y después de la acusación por la que me enviaron a la casa de la penitencia. Tenía planeado rescatarme para redimirse por su traición y en el camino los dragones lo encontraron.

Un par de meses después llegamos hasta la montaña en donde estaba el portal que llevaba a mi mundo. Ya no necesitaba un ejército: Tenía tres dragones.

Entonces me desperté. Damon estaba sonriéndome y me preguntó: “¿Recuerdas a los dragones?” … asentí y respondí: “Si uno era bronce, otro era plata y el tercero era negro como el azabache… y también recuerdo al hombre que tenía los ojos azules”

Liliana Celeste Flores Vega, 2012
Imagen: Megan Mars


lunes, 4 de diciembre de 2017

Amor de Vampiro

Llegó la noche de luna llena. Esperaba con ansias que mi íncubo me visitara, deseosa de sentir sus labios deslizándose por mi carne trémula, y dormitaba semidesnuda como para provocarlo cuando llegara. El reloj dio una campanada, la hora azul se iba y él no llegaba… la inquietud cosquilleó mi piel pues mi amante nunca se retrasaba... pero debí de adivinar lo que pasaba pues un año se cumplía desde la primera noche en la que me tomó con violencia y infamia. Me puse de pie y tomé mi bata, me asomé por la ventana y vi que en el cielo se deslizaban nubes enmascaradas.

Un relincho de ultratumba me sobresaltó, volteé atemorizada… y vi que en medio de mi alcoba un corcel negro salido de una pesadilla ufano resoplaba. El jinete de tan espantable criatura era el Príncipe de la Muerte embozado en su capa de tinieblas, con su espada en la diestra me miró amenazante, se bajó de su montura y me tomó del brazo con violencia… yo vestía un breve camisón de encaje que no cubría del todo mi desnudez, el perfume de violetas emanaba de mi cabellera… él me atrajo hacia sí pero el acostumbrado gesto que hacía para darme un beso se trastocó cuando percibió el perfume y exclamó furibundo: ¡Ramera!

Respondí su insulto con una bofetada y él me tumbó sobre el lecho, agobiada bajo su peso tuve el coraje de desafiarlo.

- ¿Dónde está mi amante? – le pregunté, sus ojos rutilaron de rabia.
- ¿Amante?... creí que lo detestabas, ¿acaso no te quejaste la primera vez que él te tomó? – me escupió como respuesta a la cara – olvídate de él... ¡tú eres mía!
- Sí y lo hice esperando que vengaras el ultraje pero tú mismo a él me entregaste por un año – le contesté airada – ahora dices que soy tuya, ¿tuya para ponerme otra vez en venta, alquiler o subasta?... me llamas ramera cuando tú mismo me dijiste que con él fuera amable.

Al no encontrar réplica a mis palabras apeló a su absurda lógica.

- Te dije que fueras amable, no que te enamoraras de él – me dijo titubante – fue el precio que él me exigió por derramar su sangre al pie de la atalaya. Perdóname, no creas que soy un rufián... permite que te haga mía, con mis manos borraré las huellas de sus caricias.
- Comprendo el trueque – le respondí – pero ¿quién te dijo que yo deseo borrar sus caricias de mi piel?. Puedes montar tu espantable corcel e irte a cazar almas por ahí, si me prohíbes ver a mi amante prefiero dormir sola antes de ceder a tus caricias aunque digas que soy tuya.

Aflojó la presión que sobre mí y echó hacia atrás sus cabellos oscuros.

- Entiendo tu enojo y lo justifico – admitió – te entregué en los brazos de otro, te obligué a satisfacer sus deseos y ahora reclamo que me recibas como a tu esposo... pero comprende que te amo y que si tú sufriste bajo sus caricias para mí el año que ha pasado ha sido doblemente doloroso, quiero tomarte y hacerte mía, ardo en deseos de poseerte.
- Pues el desagrado se volvió placer entre sus brazos – le respondí resistiendo al fulgor de su mirada esmeralda respondí – si tú deseas saciar tus deseos tendrás que recurrir a la violencia que con agrado no cedo.

Se dispuso a ejercer la violencia, me besó con apasionada rabia pero mis labios no le correspondieron, sus manos recorrieron mi cuerpo pero tuvo que lidiar con mi rigidez de estatua, finalmente se convenció de que a la fuerza no obtendría besos.

- ¿Qué puedo hacer para que me perdones? – me preguntó suplicante.
- Muy enojada estoy contigo, no soy mujer que se compra con obsequios – le respondí, viendo que ya no era de temer el espectro, con la coquetería innata de una fémina – soy romántica como las damiselas de los cuentos pero no creas que me entregaré si me recitas un par de versos.

Me levanté del lecho haciéndome dueña de la situación y tomé las riendas de su fantasmagórico corcel.

- En primer lugar no es propio de un caballero invadir la alcoba de una dama y yo no recuerdo haberte invitado – proseguí – olvidaré éste agravio si montas tu corcel y te retiras. Dices que me amas y espero que lo demuestres como lo hace un caballero.


Él me hizo una reverencia y tomó las riendas que yo le ofrecía, montó a la fabulosa bestia y desapareció en la niebla. Me acosté arrebujándome entre las sábanas pero antes de quedarme dormida percibí que los portales de mi alcoba eran cerrados con cadenas.

Liliana Celeste Flores Vega, mayo 1992