in girum imus nocte et consumimur igni

in girum imus nocte et consumimur igni

martes, 24 de junio de 2014

Vampiresa

Surges como una vampiresa
entre nubes de opio e incienso
en la soledad de mis noches insomnes,
la más bella odalisca del harén del Diablo
¡danzas para mí!

Seductoramente te enroscas como una serpiente,
tus labios entreabiertos ansiosos de besos lascivos,
tus colmillos afilados blancos como el marfil
hambrientos de mi sangre...
son tus ojos del color del mar
y tus cabellos húmeda cascada de oro.

Súcubo ven a mi lecho, ebrios nos amaremos,
ésta noche te haré mía, seré tuyo...
sonríe mientras mis trémulas manos
recorren tu piel de seda,
sonríe mientras profano tus caderas
en nombre de Sodoma.

Cuando ya saciado esté mi deseo
te ofreceré mi cuello
y beberás hasta hartarte...
eres una pesadilla
con cuerpo de mujer.

Liliana Celeste Flores Vega - 1995

Templo en Tinieblas

El ocaso incendiaba las nubes,
el campanario del templo era de lumbre,
yo te esperaba ardiendo en el fuego del deseo.

Llegaste con la noche, envuelta en una capa negra
ocultando tu belleza bajo toscas vestimentas...
te tomé entre mis brazos, tú me rechazaste y me preguntaste:
“¿Para qué me haz citado?, ¿qué es lo que quieres?”
yo acaricié tu suave mejilla pálida y te respondí:
“Quiero poseerte en el altar del templo del dios de las mentiras”
sonreíste y tu sonrisa era un reto, ¿creías que no me atrevería?
bajo el cirio de la luna menguante atravesamos el abrupto sendero
y llegamos a la entrada de las derruidas catacumbas húmedas.

Los sombríos túneles donde las alimañas tenían su guarida
eran oscuros y encendí una antorcha,
el piso resbaladizo por los vapores fétidos te hizo vacilar
y te aferraste a mí, me estremecí cuando tomaste mi mano...
forcé el portón que daba acceso al recinto sacro,
crujieron los goznes, cedió la cerradura...
nuestras pisadas resonaron con prolongado eco
en la inmensidad de la nave, desde los altares las estatuas
nos observaban con ojos móviles y fulgentes de ira.

De pie frente al altar, tú y yo retamos al dios usurpador,
te despojé de tus toscas vestiduras negras...
tu hermosa cabellera dorada se abrió como una cascada de oro, exclamé:
“¡Eres bella! ... ¡demasiado!”
dejaste caer tu vestido, tu desnudez de mármol era un insulto y dijiste:
“Conmigo gozan los inmortales... ¿podrás complacerme?”
tus palabras me hirieron pero sonreí con desenfado... oculté mi dolor...
me despojé de mi camisa y de mis bragas, me satisfizo
atrapar una chispa de lujuria en tus claros ojos al verme desnudo.

Te levanté en mis brazos y te deposité en el frío altar,
acaricié todo tu cuerpo, mis manos temblaban al recorrer tu anatomía
y cuando mis labios ansiosos se unieron a los tuyos
correspondiste a mis besos entreabriendo tu boca...
los pezones de tus pechos se endurecieron en mi boca,
bajé poco a poco, disfrutando de la frescura de tu vientre...
la tersura de tus muslos era irresistible, abrí tus piernas
junté mi boca a los labios de tu vulva y bebí con ansias
saboreando con mi lengua el salado sabor de tu cáliz.

Gemías y yo me embriagaba con el licor que manaba de tus entrañas,
estabas menstruando y yo bebía tu sangre impura con sed de vampiro...
el sacrilegio asomó en tu rostro de virgen y me sugeriste:
“Hermano mío, alcánzame el copón de las hostias”...
el frío sudor perló mi frente al tomar la copa santa y te respondí:
“Toma mi divina pecadora, comulguemos”...
pero tú tomaste unas hostias y las hundiste en tu vagina
te ofreciste a mí y te penetré sintiendo como mi falo hundía
las hostias benditas destrozándolas dentro de ti.

Tus piernas ceñían mi cintura en degradante abrazo
y al hundirme en tus entrañas sentía que me hundía en el abismo,
tu jadeabas como una bacante ebria y yo enloquecido te poseía
profanando la santidad del recinto y blasfemando...
mantuve mi virilidad hasta que el orgasmo te estremeció
y con una brutal embestida eyaculé en el fondo de ti...
jadeante y agitado sobre ti, tú acariciabas mi cabeza
que afiebrada descansaba sobre tu pecho, y en tus entrañas
una masa inmunda de pan bendito, tu sangre y mi semen.

Las estatuas nos amenazaban con sus ojos sin vida,
fornicamos, bebimos el vino consagrado...
al rayar el alba decidimos regresar y te pregunté:
“Hermana mía, ¿logré satisfacer tu demoníaca lujuria?”...
uniste tu boca a la mía, ¡me besaste apasionadamente! y me respondiste:
“Casi... tal vez si hubieras profanado aquel amuleto que pende de tu cuello”…
me levanté y me vestí... ¿cómo podías ser tan angelicalmente malvada?
guardé el amuleto debajo de mi camisa temiendo que tan solo tu mirada
lo dañara, tú hiciste una mueca de burla, yo bajé la cabeza.

Te lavaste en la pila de agua bendita,
las sienes me latían, tu serenidad era pasmante
y yo te contemplaba aterrado como quien contempla
a una virgen que subasta su castidad en un mercado...
te vestiste y escondiste tu celestial belleza pecadora
bajo los toscos ropajes de tu hábito de novicia,
regresamos por los túneles húmedos de las catacumbas,
tu pequeña mano aferrada a mi brazo, aunque eres el alma de mi alma
desconocía la profundidad de la fuente pútrida de tu iniquidad.

El alba coloreaba las nubes,
el campanario del templo quedaba atrás
y mi aún inocente inocencia te suplicaba piedad.


Liliana Celeste Flores Vega - 1995


Este poema lo escribí en 1995 y está incluido en una novela que dejé inconclusa. Trata de dos hermanos que tienen una relación incestuosa, ambos son hijos de un conde y vampiros de nacimiento (pero no son los típicos vampiros, no estallan en llamas con la luz del sol pero una larga exposición si les hace daño, comen todo tipo de alimento normalmente pero necesitan beber sangre)… la historia ésta escrita desde el punto de vista del hermano en forma de diario, él cuenta como después de varios sucesos oscuros y sangrientos fueron culpados por su condición de “vampiros”, el padre fue linchado por el populacho y ellos casi corren la misma suerte… luego él es encerrado en una celda a la espera de un juicio y ella es obligada a tomar los hábitos de novicia en un convento, él escapa con la ayuda de un nigromante que promete enseñarle las artes oscuras, él planea huir con su hermana pero antes que él pueda liberarla ella escapa y resentida con él se convierte en una cortesana. Este poema es un recuerdo del hermano de un encuentro furtivo con su hermana.

miércoles, 16 de abril de 2014

Fantasmagórica

Algunas noches la he visto:
ella vaga entre las nieblas
vestida de encajes y vaporosos tules negros.

Con los largos cabellos oscuros al viento
se diría que es la alegoría de la noche
o una viuda indecente.

Algunas noches la he visto:
ella es muda y esquiva
despótica e insensible...

Tan leve es su paso que se diría que flota
como un hermoso fantasma
que se ha escapado de su mausoleo.


Liliana Celeste Flores Vega - diciembre de 1992

jueves, 10 de abril de 2014

El Libro de Piedra

El Libro de Piedra

Y ambos estábamos ante los Arcanos con nuestras dudas y temores a cuesta, sintiéndonos abrumados por la responsabilidad que ahora descansaba sobre nuestros hombros y el poder que se nos había otorgado por obra y gracia de los dioses que ahora ascendían y nos cedían su lugar. Desde que lo supe una pregunta temblaba en mis labios y finalmente estaba ante quienes podían respondérmela.

- ¿Por qué nosotros y no nuestros hermanos mayores, los primogénitos?

El rostro tallado en la piedra, adusto y sabio como el rostro de un antiguo rey, respondió: Porque los dos pasaron exitosamente todas las pruebas.

- Pero los primogénitos fueron criados para ser los emperadores.

El cuervo albino que estaba posado sobre un pedestal graznó: Es cierto, vuestros hermanos mayores fueron criados para ser los emperadores pero vosotros nacieron para ser los que reemplazarían a los dioses… nacieron unidos, maldecidos y bendecidos por un bautismo de fuego… uno desde el principio, uno hasta el final.

- Pero eso fue causado por el ataque que sufrió nuestra madre cuando nos estaba gestando, fue algo fortuito.

El elfo de cabellos de argento que estaba de pie al lado del pedestal dijo: Nada es fortuito… todo estaba escrito en el libro de piedra.

El rostro tallado en la piedra le refutó: Todas las profecías son ambiguas, dependen mucho de cómo sean interpretadas y casi siempre hay una que contradice a otra… pero lo que es irrefutable es que ellos dos pasaron todas las pruebas y se ganaron el derecho. Todos los hijos legítimos tenían la oportunidad pero la perdición de los primogénitos fue la arrogancia y la codicia, la de los segundos fue la indolencia. Pero ellos crecieron sin aspirar grandezas, eran los terceros y daban por sentado que el trono sería para los primogénitos, la espada y el báculo serían para los segundos… él era el escudero de sus hermanos, ella la doncella de sus hermanas, se conformaban con poco porque no les importaba nada más que el tenerse el uno al otro y crecieron amándose.

- Pero estuvimos separados durante ésta última Era… además a las finales a mi se me dio el poder de reina y hechicera.

El rostro tallado en la piedra prosiguió: Precisamente ésta Era fue vuestra última prueba. El te recordaba y te amaba, te buscó durante todas sus vidas… los que hablan con la lengua de la Serpiente le ofrecieron su ayuda para recuperar tu amor y hacerse del trono pero él no aceptó, se negó a pagar el precio que ellos pedían derramando sangre de inocentes, prefirió derramar su sangre y tomó el camino difícil, el del sacrificio. Tú no lo recordabas y los que hablan con los gruñidos del Draco te enseñaron a odiarlo pero en el fondo de tu corazón nunca lo habías olvidado y lo seguías amando, todas las veces que él te tomó a la fuerza le diste hijos hechos con amor… y en tu última prueba renunciaste a todo lo que tenías por la Saga, renunciaste al hombre que creías que era tu complemento, accediste entregarte a él y cederle el poder que tenías a pesar de que creías que al hacerlo serías su esclava con cadenas de oro y sufrirías todas las noches los arrebatos de su ira… y lo hiciste porque te dijimos que era lo que deberías de hacer por el bien de la Saga.

- Precisamente por eso es que no me doy mérito por lo que hice, me dijeron que era mi deber hacerlo y que si no me entregaba a él sería el fin de nuestro universo.

El rostro tallado en el árbol, dulce y sabio como el rostro de una antigua reina, dijo: Sin embargo tenías el poder de ignorar lo que te habíamos dicho y crear un universo en el que tus caprichos serían las leyes… vuestra madre planeaba entregar a vuestro padre para que el Draco lo destrozara con sus garras y convertirse en una diosa terrible con poder absoluto pero tú tuviste el valor de ofrecerte para ser inmolada en el altar del sacrificio.

Miré a mi compañero, mi hermano y mi esposo, pero él bajó la mirada… sé que se siente culpable cada vez que recuerda aquella noche en la que me hizo suya a la fuerza, vuelve a ver sus manos manchadas con mi sangre y a escuchar mis gritos cediendo a sus brutales embestidas… yo también recuerdo esa noche pero no le guardo rencor, recuerdo el sabor de la sangre que brotaba de mi labio después de aquella bofetada con la que me tumbó al suelo pero me sabe dulce, recuerdo su virilidad abriéndose paso dentro de mi pero no como un acto de violencia sino como un acto de pasión desbordada… después de todo si hablamos de violencia yo le he hecho cosas peores, lo he humillado y lo he torturado… sin duda también fueron actos de pasión desbordada, amor que estaba disfrazado de odio.

- Después de todo no fue algo terrible entregarme a él aunque en ése momento le temiera y lo odiara… siempre ha sido guapo.

El rostro tallado en el árbol esbozó una sonrisa risueña: Recuerdo que te lo tomaste muy melodramáticamente, arañabas las paredes y te mesabas los cabellos… y tenías motivos para hacer todo ése drama, te pareciera guapo o no fue un sacrificio porque, como acabas de decir, en ése momento le temías y lo odiabas… además sabías que no era entregarte a él sólo por una noche como se lo dijiste a tus hassassins, sabías que te estabas entregando a él para siempre y aún así lo hiciste.

- Era la justa compensación por todo lo que sufrió.

El cuervo graznó: No tuviste la culpa de todo lo que él sufrió. Fueron la Serpiente y el Draco quienes convencieron a vuestro hermano menor de hacer el ritual que retrocedió el tiempo y los separaron buscando su propia conveniencia.

 - Pero soy culpable de mi debilidad, no debí de olvidarlo a pesar de lo que nos hicieron… él no me olvidó a pesar de que lo sometieron a torturas espantosas, aún cuando él mismo no recordaba quien era seguía amándome y muchas veces dio su vida por protegerme aunque sabía que el pago que recibiría de mi sería la ingratitud… él sufrió mucho más que yo, sufrió mi olvido y soportó verme feliz entre los brazos de otro a quien creía mi compañero y de tantos otros que fueron mis amantes… además sufrió el exilio, humillaciones, maltratos y torturas por parte de casi todos…

El cuervo volvió a graznar: El tenía que pasar por todo eso, fue su prueba.

- ¡Son patrañas! – exclamó mi compañero rompiendo su silencio – antes de que hicieran ése maldito ritual que retrocedió la última era el Consejo de los Ancestros había aprobado nuestro ascenso para ocupar el lugar de nuestros padres… todo lo que sufrimos repitiendo la última Era fue por culpa de la Serpiente y del Draco y por la incompetencia del Tribunal para evitar lo que ellos nos hicieron y ahora quieren hacernos creer que todo estaba escrito y fueron pruebas que nos pusieron… nosotros ya habíamos ganado el derecho de ocupar el lugar de nuestros padres.

El rostro tallado en la piedra dijo: En ese entonces el Consejo aprobó que ocuparan el lugar de vuestros padres porque vuestros hermanos mayores no calificaban para hacerlo, pero no se puede decir que se habían ganado el derecho, simplemente eran la única opción legítima que quedaba y los Ancestros sabían que tenían potencial… pero vosotros habían crecido sin esperar que algún ocuparían el trono e ignoraban ése potencial que tenían, las pruebas eran necesarias para que reconocieran vuestro potencial…

- Entonces dicen que nos llevaron al limite para que nos probáramos a nosotros mismos y reconociéramos nuestro potencial… admito que tiene sentido – respondió mi compañero con ironía – pero aquellas “pruebas” que pasamos no fueron planeadas por vosotros, fueron la Serpiente y el Draco quienes planearon retroceder el tiempo y por culpa de ellos pasamos por todos esos infortunios.

El elfo volvió a decir: Nada es fortuito… todo estaba escrito en el libro de piedra.

- Entonces todo fue planeado por vuestra excelsa sabiduría – añadió mi compañero amargo sarcasmo – pues no lo creo, sólo son embustes para justificar vuestros errores.

El rostro tallado en el árbol dijo: El destino no tiene caminos rectos, crea atajos o alarga los senderos… nosotros podemos ver esos caminos pero no podemos obligarlos a tomar el atajo o el sendero largo y enmarañado. Sabíamos que nacieron con el potencial para ocupar el lugar de vuestros padres, lo cantó el viento y los olvidados lo rumorearon bajo las aguas… pero no sabíamos como descubrirían ése potencial ni si lo aprovecharían para bien o para mal, aunque esperábamos que hicieran lo correcto… fue entonces que ellos le dieron vuelta al reloj de arena y giraron hacia atrás el tiempo, unos pocos tomaron una decisión que afectó a muchos desencadenando una serie de acontecimientos que terminaron llevándolos a donde se encuentran ahora.

- Entonces ¿el que estemos ahora en ésta situación se lo debemos al que le dio la vuelta al tiempo? – preguntó mi compañero incrédulo.

El rostro tallado en la piedra prosiguió: Puede decirse que el hermano que quiso quitarte todo finalmente fue quien te lo entregó todo… reina, poder y trono, a él se lo debes aunque no haya sido su intención. Y ahora que lo ves de ésa manera… ¿cuál será tu decisión final en su juicio?

Mi compañero me miró, aún había una sombra de duda en su mirada azul aunque yo sabía que decisión había tomado.

- El no quería el trono, sólo la quería a ella, lo que hizo lo hizo por amor… lo perdonaré pero lo tendré vigilado.

El rostro tallado en el árbol preguntó: ¿Y qué harás con vuestro otro hermano pequeño?

El cuervo graznó: Será siempre una amenaza, la eterna historia de la luna y el mar.

Mi compañero volvió a mirarme, ésta vez una chispa traviesa destelló en su mirada azul y encontró la complicidad en mi sonrisa, ambos recordando aquellos atardeceres en los que el sol se acuesta sobre las olas bajo la mirada de una luna temprana y los amaneceres en los que la luna dormita sobre la espuma bajo la tibia caricia del sol… la eterna historia del sol, la luna y el mar… ambos astros seducidos por el canto del mar.

- No, él no es una amenaza… él la cuidó cuando yo no estaba a su lado, él curó mis heridas cuando ella no estaba a mi lado… él siempre tendrá un lugar en nuestro lecho.

El elfo exclamó sorprendido: ¡Eso no estaba escrito en el libro de piedra!

- Entonces toma el cincel y escríbelo – concluyó mi compañero.


Liliana Celeste Flores Vega, 31 de marzo del 2014

sábado, 11 de enero de 2014

Prólogo: Bajo el embrujo del Lucero de la Tarde

Soy la Luna Oscura, la Hechicera que conjura sortilegios en las tinieblas y escribe profecías en el aire, la Guerrera que cabalga sobre una Quimera a través de la tormenta empuñando una porra sangrienta, la Reina que se sienta en un trono hecho de cadáveres y espadas quebradas. Soy la Madonna de la Lujuria, la Regente del Burdel del Diablo que se regodea en un lecho de sábanas negras ebria de vino especiado contemplando la lúbrica danza de las orgías infernales.
 
O tal vez debería de decir que lo era. Cuando el Cometa Negro surcó los cielos anunciando el Final del Ciclo y el Inicio de una Nueva Era me desposé con Lucipher en un ritual que se llevó a cabo en la isla misteriosa que emergió del mar y el Primigenio que dormía en las profundidades de su Ciudad Maldita despertó para ser el testigo de nuestro enlace. Heredamos de nuestros padres los Cetros del Sol y la Luna y con ellos el deber y el derecho de reinar sobre el Astral Azul y sus ciento once mundos.
 
Entonces Lucipher, mi hermano y consorte, decidió cobrarse por los siglos de exilio y vengarse de mis infidelidades. De inmediato prohibió las bacanales de medianoche en el jardín prohibido de mi Harén, expulsó al limbo a mis sumisos esclavos de lecho y encerró en las mazmorras a mis pervertidos amantes. Le concedí la razón pues reconocí que estaba en su legítimo derecho de exigirme el respeto que se merece un esposo, pero allí no cesó su enojo. Me negó el permiso para asistir a los festines que las brujas y las hadas oscuras en el Bosque Petrificado. Ordenó silenciar los himnos profanos y los cánticos de guerra blasfemos que cantaban mis devotos seguidores en el milenario círculo de piedras las noches luniplenas. Prohibió las ceremonias y vetó las ofrendas sangrientas que mis feroces guerreros legendarios me obsequiaban y depositaban en los altares impíos de mi Templo Maldito que se levanta en el limite de la Noche y del Eterno Ocaso. Arrojó al Mar de la Eternidad las joyas y gemas que atiborraban las arcas de mi Palacio de Cristal, ricos obsequios de mis aduladores pretendientes. Trastocó todo mi Imperio… sólo respetó la biblioteca de mi Castillo de Invierno en mis feudos del Norte.
 
Cuando decidí darle la espalda en el lecho matrimonial reconoció su severidad, se disculpó y me prometió que me daría un obsequio que compensaría todo lo que había quitado. ¿Qué regalo podría ofrecerme Lucipher para compensar lo que la ciega furia de sus desvariados celos me había arrebatado?... ¿Qué pecado nunca antes cometido que me satisficiera y que no fuera una afrenta para su precario honor y excesivo orgullo podría inventar?... ¿Qué licor embriagador o delicioso manjar nunca antes saboreado que deleitara mi paladar, qué canción o melodía nunca antes escuchada que me estremeciera de emoción, qué ofrenda o sacrificio nunca antes inmolado que me complaciera, qué joya preciosa o tesoro insólito nunca antes visto que me deslumbrara, qué grimorio prohibido o pergamino anacrónico perdido en el tiempo que despertara mi curiosidad podría encontrar mi amado hermano y consorte para compensarme?
 
Sé que él buscó desde las alturas resplandecientes del Cielo hasta las profundidades oscuras del Mar donde duermen los Dioses Olvidados y más allá… en los fantásticos bosques de los elfos, en las extraordinarias minas de los enanos, en las legendarias madrigueras de los dragones, en los palacios de cuarzo que habitan las hadas, en los castillos de viento donde moran los silfos, en las grutas de coral en las que se ocultan las ondinas… llegó hasta el último infierno donde el fuego eterno se ha congelado y recorrió los desiertos de las arenas del tiempo. Pero regresó sin haber hallado un obsequio para ofrecerme. Se sentó abatido en las escalinatas polvorientas del Templo de la Desolación, abatido pero decidido a no devolverme lo que me había arrebatado.
 
Me senté a su lado con una copa de nepente en la mano y bebí un sorbo intentando convencerme que la eternidad no es demasiado tiempo. Recosté mi cabeza sobre su hombro y nos quedamos en profundo silencio hasta que cayó la tarde, entonces una estrella resplandeció en el horizonte azul e iluminó su semblante sombrío. Lucipher sonrió, con una perversidad que no comprendí en ese momento, me besó y me dijo que finalmente había encontrado el obsequio perfecto. 
 
Esa noche Lucipher me tomó de la mano y cruzamos las sendas astrales hasta los linderos de lo real y lo onírico… llegamos a una alcoba, estaba en penumbras, las volutas del incienso de rosa y sándalo le otorgaban a la habitación una atmósfera sacrosanta… adiviné la tentadora silueta de un hombre que dormía plácidamente en un lecho con sábanas blancas… pero para mí, la Reina de los Súcubos, un atractivo doncel no era el regalo más novedoso. ¿Por qué Lucipher me ofrecía a este hombre con tanta ceremonia?
 
Me incliné sobre el durmiente para ver su rostro, lo reconocí: El reflejo de mi hermano y consorte en el espejo de la Luna. Entendí, aunque a medias. Lucipher me hizo un gesto de invitación para que me acercara al hombre que dormía en una postura inocentemente provocativa. Con dedos de hada taciturna acaricié su mejilla, una sensación extraña me recorrió de pies a cabeza como si estuviera cometiendo un sacrilegio con tan sólo acariciar el rostro de aquel hombre que dormía tan plácidamente… y fue una sensación deliciosa.
 
Me acomodé sobre él y posé mis labios sobre los suyos, entre sueños él reaccionó entreabriendo la boca para permitir la intromisión de mi lengua, bebí su aliento… solamente fue un beso, pero me excitó demasiado… una corazonada, un sobresalto… me aparté del hombre que se movió y sonrió entre sueños esperando otro beso etéreo. Intrigada interrogué a Lucipher con la mirada y con una sonrisa enigmática me respondió: “Es el obsequio más valioso que puedo darte, puedes tomarlo cuando lo desees”.
 
La noche siguiente recorrí sola las sendas astrales y repetí la visita nocturna. Bajo mi mística forma de lechuza blanca me deslicé en un rayo de luna y me posé en el borde de la ventana de la habitación. Contemplé al hombre que dormía desnudo entre las sábanas blancas, sobre el velador había una vela blanca perfumada. Me deleité recorriendo con la mirada su anatomía y los tatuajes que cubrían su piel, me llamó la atención uno en particular pues era el símbolo de los guerreros de Huaca Sian.
 
Tomé mi forma de dama blanca espectral y me incliné sobre su pecho, con dedos de seda acaricié sus párpados cerrados y algunos mechones de su cabello castaño… rocé mis labios con los suyos, su boca tenía un leve sabor de té, naranja y miel… aquel hombre esbozó una ligera sonrisa entre sueños, no me equivoqué al pensar que anhelaba nuestro encuentro. Me dejó hacer a mi antojo… me embriagué libando el vino más delicioso de su boca y disfruté apasionadamente de su cuerpo. Lo hice mío de una manera en la que nunca había poseído a mis anteriores amantes y él me hizo suya como nunca antes ninguno lo había conseguido.
 
Después de haber pecado descubrí quien era: El Lucero de la Tarde que rutila con brillante luz azul inmaculada, una delicada rosa inglesa de impolutos pétalos perfumados que creció en un invernadero. Era nuestro hijo primogénito, fruto de nuestro amor incorrupto, el único que tenía nuestras esencias de Sol y Luna en perfecta amalgama. Y Lucipher me lo entregó para que lo seduzca y lo arrastre a mis tinieblas con las caricias equivocadas de una madre enamorada.

Liliana Celeste Flores Vega - 2012 
Imagen: Google
 

domingo, 22 de diciembre de 2013

Lord de las Nieblas

Nadie sabe su nombre...
es un vagabundo de largos cabellos cenicientos
y ojos sin color.

Se dice que es un noble guerrero que perdió el honor
y ahora vaga envuelto con un manto de neblina
cubriendo su vergüenza y arrastrando su dolor.

Con la armadura mellada, el escudo desvencijado,
la espada sangrante y el yelmo roto
emergió de su sepulcro
oculto en el lado oscuro de la luna
obedeciendo el conjuro
de un arcángel de ojos violetas.

Se dice que se volvió  mercenario
y que el devorador de almas le prometió la inmortalidad
si le trae a la princesa fugitiva que huyó hacia el mar.

Nadie sabe su nombre...
el vagabundo va siguiendo las huellas
del breve pie de la princesa sobre la arena.

Liliana Celeste Flores Vega - 1998

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Vampiro

Un vampiro surgió de su hondo sepulcro acre
turbando la castidad de mi sueño de somníferos.

Llegó montado en un corcel negro con ojos de fuego
su rostro cubierto por un antifaz,
la oscura cabellera como cortina de noche
sobre los hombros.

Impetuosamente se abalanzó sobre mí
sediento de mi sangre estaba el vampiro...
sus colmillos se clavaron en mi cuello
y bebió con frenesí.

Los fármacos me habían hecho olvidar la fecha
pero mi instinto se doblegó a sus caricias
reconociendo en el vampiro enmascarado
a mi príncipe de tinieblas.

Y mi pecho correspondió las ansias de su pecho,
le ofrecí mis labios para que libara el deseo
y mi cuerpo para que saciara su lujuria
que se desencadenó sobre mi piel desnuda.

Y las estrellas pagaron el precio
de una noche inflamada de voluptuosidad sagrada,
íncubo de mi alcoba, caballero de mis leyendas
entre sus brazos me sentí prostituta y reina.

El esposo tomó a su esposa y no hubo reproches
los besos no necesitaron de palabras
ni las caricias pidieron permiso
para invadir territorio prohibido.

Y el vampiro partió con el alba
dejándome ebria de sangre y saciada de impudor.

Liliana Celeste Flores Vega - agosto de 1999


lunes, 11 de noviembre de 2013

Preludios de Borrasca

Preludios de Borrasca

La Luna como un curvo puñal de plata... en la lejanía preludios de borrasca.

- Lo sabía, siempre la misma historia repetida de mar y luna... sabes que tengo el derecho de obligarte a permanecer a mi lado... pero no lo haré, muchas veces te he puesto cadenas y solo he conseguido que tu cariño se trocara en odio... no es necesario que esperes a que se cumpla un año y un día para quedar libre de los lazos que te atan a mí, yo te libero... puedes irte con él ahora mismo si así lo deseas.

Ni amenazas ni reproches... está sentado en el lecho abrazando un almohadón y me esboza una triste sonrisa que me duele más que un ardiente cuchillo clavado en las entrañas.  Tomo mi bolso de viaje... el espejo de denegrido marco de plata, la bola de cristal, los naipes mágicos... y no puedo seguir empacando.

- Te quiero...
- Lo sé, me quieres... pero no me amas.
- Te voy a extrañar...
- Seguiremos viéndonos por nuestras obligaciones como shamanes y por nuestros hijos.
- Si, seguiremos viéndonos... pero... ¿si necesito hablar contigo?
- Tienes el espejo.
- Eh... me refería a...
- Puedes escribirle a mi hermano.
- Si, claro.

El libro de sombras, un cofrecillo... termino de empacar.

- Bueno... me voy.
- Los senderos del limbo aún no son seguros, que te acompañe la escolta.
- Está bien... cuídate.

Salgo de la habitación y cruzo el amplio salón en penumbras pero antes de llegar al portón me detengo y regreso... él sigue sentado en el lecho con el almohadón aferrado entre sus brazos, al sentir mi presencia hace un movimiento y oculta su rostro con sus cabellos.

- ¿Olvidaste algo?
- Si.

Me acerco a él, levanto su rostro, su mirada empañada por las lágrimas... lo beso pero él esquiva mi boca.


- No... no quiero tu lástima.
- No es lástima... 
- Si vas a decirme que en la puerta te diste cuenta que estás enamorada de mi... 
- Simplemente sentí un deseo irresistible de besarte.

- ¿Un antojo?
- Si, un antojo por el embarazo.


Me ofrece sus labios y lo beso tumbándolo sobre el lecho.

- Hum... ahora tengo deseos de acariciarte y de hacerte otras cositas.
- Entonces... ¿debo de dejarme hacer todo lo que desees por el bienestar de nuestro bebé?
- Exactamente... todo lo que yo desee.

- Pero él debe de estar esperándote.
- Pues que espere o que se entretenga haciendo marejadas.

La Luna cobijada entre las sombras... en la lejanía el mar azotando los acantilados.

- ¿Puedo venir cuando tenga deseos de verte?
- Solo si de verdad deseas verme... no lo hagas por lástima.
- Te avisaré enviándote una libélula.
- No es necesario, tienes la llave, puedes venir cuando lo desees... yo siempre estaré esperándote.
- ¿Siempre?
- Si, siempre... sé que llegará el día en el que te aburrirás del ruidoso vaivén de las olas y buscarás el tranquilo abrazo de las tinieblas.



Liliana Celeste Flores Vega - marzo 2009

miércoles, 12 de junio de 2013

La danza de la hechicera fantasma

Y desde aquella noche en la que el Principe de la Muerte
puso en mis manos el cirio que nunca se apaga
Celesta danza en mis sueños como una bruja ebria de luna.

Cada luna llena la argentina risotada de la Hechicera Fantasma
quiebra mis sueños de noches vagas,
ella usa mis manos para trazar extraños signos
y mi voz para cantar sus apócrifas oraciones paganas...
cabalga sobre su espantable unicornio
acompañada por sus guerreros de ultratumba,
jinetes sobre esqueléticos corceles negros
y como tropel enajenado descienden sobre los sueños para cazar almas.

Ella es una vampiresa que sabe disfrazarse de cándida niña

y por igual usar ardides de ramera para seducir y engañar
a aquellos que ella escoge para saciar su sed de sangre.

Celesta es una bruja que sabe de las artes oscuras

y si un amante la satisface no duda en convertirlo
en un caballero de su séquito espectral,
entonces le otorga un corcel fantasmal y una espada...
y si el elegido honra a la luna en los altares de Sodoma,
flagela su cuerpo con látigos y hiere su carne con cuchillos
ella le revelará los secretos de la alta magia
que el Príncipe de la Muerte descifra bajo la luz de su cirio.

Y desde aquella noche maldita a los ojos de dios

la Hechicera Fantasma danza en mis sueños
embriagándome de luna y de magia.

Liliana Celeste Flores Vega - 21 de mayo de 1991

jueves, 11 de abril de 2013

Preludios de Morte

Preludios de Morte

Llego a casa... medianoche de preludios azules... la Fantasmala me sonríe desde mi reflejo en el espejo... la llamada de mi hassassin me saca de mis elucubraciones para descifrar su sonrisa enigmática.

La luna de plata entre nubes enmascaradas... teje, teje su tela la araña milenaria... la sílfide de alas ligeras danza con las libélulas.

Nos encontramos en el vagón que lleva a ninguna parte y me lleva al puente sobre la quebrada mudo testigo de nuestras promesas... en la torre de la iglesia del cura sin cabeza graznan dos cuervos, la sombra de la guadaña de Thanatos.

Compramos una botella de vino... no es nuestro acostumbrado refugio pero mejor así, aquí no hay huellas que los grises puedan seguir.

La carcajada argentina de la Degolladora en confabulación con la Emperatriz Niña de los cuentos de hadas.

El hada verde en coloquios de amor y muerte con el vampiro. Madrigales del poeta de la fantasía... horas consumidas por las flamas hasta que se hace el alba.

La niebla de la mañana nos trae esencia de jazmín... él acaricia mi vientre y el rocío empañando la ventana es preludio a mis lágrimas.

Pero él ignora mi ruego... acaricio su cabello mientras llora sobre mi regazo y recuerdo... recuerdo mis vidas en mundos rojos y azules, las guerras, las pestes y todas las veces en que por mandato de la Degolladora empuñé una daga y corté la garganta de un niño nacido de mi vientre... aquellos habían sido hijos habidos con mis guerreros, concebidos para ser sacrificados.

Burbujea sobre la cuchara... extiendo mi brazo, él clava la aguja en mi vena pero la retira.

Nos despedimos... no puedo evitar llorar.

Tomo el bus y paso por aquella casa ahora en ruinas en la que llevé mi convalecencia de aquél accidente y entre nubes de opio, sándalo y pachulí lo confundía con Thanatos velando al lado de mi cama... ¿lo seguiré amando cuando deje de ser él?


Liliana Celeste Flores Vega - abril 2008