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domingo, 21 de mayo de 2023

El faro en el cabo del norte

Pedro era un hombre solitario y endurecido por los sufrimientos. Desconocía sus orígenes pues siendo un recién nacido fue abandonado en un orfanato, a los diez años se escapó, llegó al puerto y rogó para que lo aceptaran como grumete en un barco pesquero. El sol del trópico y la dura vida en altamar habían curtido su rostro y su alma, a sus cincuenta años aparentaba llevar una década más a cuestas y en sus ojos grises había un perpetuo velo de tristeza.

En su último viaje sufrió un accidente. Mientras aseguraba la carga en la bodega unos toneles rodaron, le cayeron encima y le fracturaron la pierna derecha. A consecuencia de eso cojeaba y se sentía demasiado achacoso para seguir trabajando en un barco, pero no podía alejarse del mar. Entonces decidió responder un aviso que llevaba varios meses en el pizarrón de la taberna en el que se solicitaba un guardián para un faro ubicado en un remoto cabo que se adentraba en el Mar del Norte.

Cuando desembarcó en el puerto norteño se llevó una agradable sorpresa al encontrarse con un pintoresco pueblo y se extrañó de que el puesto de guardián del faro, que imaginaba en un lugar austero y miserable, no hubiera sido tomado antes. Se dirigió al faro que se ubicaba sobre un promontorio, le llamó la atención una formación de piedra que se alzaba sobre el acantilado bajo el que se estrellaban las olas con un murmullo casi musical… de lejos parecía la figura de una mujer que miraba hacia el mar y a sus pies había flores secas, caracoles y vasijas de arcilla. Pensó que sería alguna clase de culto pagano dedicado a una diosa marina pero no le causó inquietud, durante su vida había visto las más estrambóticas supersticiones, las ofrendas a aquella figura producto de la erosión era algo inocente.

Pedro subió la escalinata que llevaba a la base del faro y tocó la desvencijada puerta de madera, después de un rato fue atendido por un anciano decrépito.

— Soy Pedro y vengo por el trabajo — dijo.

— Gracias a los Dioses — murmuró el anciano — ya no puedo con esta carga.

— Es un bonito faro con una vista hermosa — dijo Pedro — me extraña que el puesto haya estado vacante tanto tiempo.

— ¿No conoces la leyenda que se cuenta de este lugar? — preguntó el anciano, Pedro negó con la cabeza — dicen que algo maligno habita en estas aguas, el faro debe de encenderse todas las noches sin falta pues sin su luz un terror indescriptible destruirá el pueblo… pero es solo un cuento, en todo este tiempo nunca he visto nada sobrenatural… aunque tampoco he faltado ni una sola noche a mi deber.

Durante dos semanas el anciano instruyó a Pedro en la labor que debería de realizar. Los viernes entregaban las provisiones, la leña y el combustible. No tendría que preocuparse por nada más que encender el faro todas las noches. Después el anciano se despidió de Pedro y se marchó para pasar sus últimos días en un asilo.

Y así pasaron los meses hasta que se cumplió un año. Durante las primeras semanas algunos días Pedro bajaba hasta el pueblo para almorzar, pero notó que las personas lo miraban con desagrado y hasta con miedo, entendió que ser el guardián del faro equivalía a ser un apestado. Decidió no bajar al pueblo a menos que fuera por algo muy necesario y aprendió a convivir con la soledad.

Una noche se desató una terrible tormenta, Pedro se mantuvo pendiente del faro pues sabía que en esas condiciones muchas vidas dependían de que la luz no se apagara. Y fue al amanecer, cuando la tormenta amainaba, que escuchó aquella voz por primera vez… parecía un cántico dulce y triste a la vez… ¿Sirenas?... No, él no creía en esos cuentos.

Dos días después escuchó el mismo cántico, esta vez al atardecer, mientras contemplaba el horizonte fumando su pipa. Eso se repitió varias veces y pensó que tal vez estaba enloqueciendo por la soledad y el aislamiento. Entonces decidió bajar al pueblo para visitar al anciano a quien no veía desde hace más de cuatro meses, pero cuando llegó al asilo le dijeron que el anciano había fallecido, aunque le había dejado una carta.

Pedro regresó al faro y leyó la carta. En ella el anciano le decía que en uno de los cajones de la cómoda había un cofre y en este una llave que abría la puerta de una trampilla que conducía a un recinto subterráneo. Pedro tomó la llave, abrió la trampilla y encontró una escalera de piedra que según sus cálculos atravesaba el promontorio sobre el que se alzaba el faro. Mientras más bajaba más sentía la humedad hasta que llegó al mencionado recinto. Parecía una cueva natural adaptada como bodega para vinos y luego remodelada como un estudio. Encontró varios toneles, una repisa con libros y una mesa con una silla destartalada.

Colgó su lamparín de un gancho y empezó a revisar los libros enmohecidos en busca de alguno en buen estado. Encontró un grueso volumen cuya cubierta de cuero tenía una ligera pátina verdosa y lo llevó a la mesa para leerlo. Era una especie de diario fechado en sus inicios hace tres siglos y continuado por los sucesivos guardianes del faro. Leyó sobre unas gentes que antaño habían habitado en el lugar y realizaban ciertos rituales que mantenían dormido al terror sin nombre, de una hechicera llamada Leuxia que había sido elegida por las estrellas para enfrentar a ese terror indescriptible, pero había desaparecido… también leyó que una vez el terror llegó con la oscuridad y el frío, entonces apareció una anciana misteriosa quien lo enfrentó, pero quedó convertida en piedra.

Contaban también sobre unas repugnantes criaturas de aspecto anfibio que eran heraldos del terror sin nombre y del horrendo cántico que entonaban… pero solo era una recopilación de leyendas, ninguno de los guardianes del faro aseguraba haber sido testigo de esos hechos, al contrario, habían anotado que durante todos los años que sirvieron en el faro nunca habían presenciado ningún hecho sobrenatural y el mayor miedo que habían experimentado era el de perder la razón a causa de la soledad pues las personas del pueblo evitaban todo contacto con ellos como si estuvieran tocados por una maldición.

Pedro cerró el libro, le había parecido escuchar aquella voz otra vez… efectivamente el triste y dulce arrullo se escuchaba muy cerca, casi detrás de una de las paredes... se acercó a esa dirección y tanteó el muro de ladrillo cubierto con escayola que estaba humedecido, hizo presión y un pedazo del muro cedió. Se asomó por el boquete abierto, vio la inaccesible playa que se veía bajo el faro… y la silueta de una extraña criatura entre las olas.

Pedro subió la escalera y volvió con un pico, derrumbó el muro dejando al descubierto la entrada original de la cueva que daba a la playa y salió del recinto al momento que una ola entraba en el mismo y las aguas llegaban hasta la mesa. Entonces escuchó otra vez el cántico… un escalofrío lo recorrió al descubrir que aquel hermoso arrullo provenía de una horrenda criatura semejante a un anfibio con rasgos repulsivamente humanos. La criatura le devolvió la mirada, extendió sus brazos hacia él y volvió a entonar su hipnótico cántico… Pedro dio un par de pasos hacia la criatura, pero reaccionó, se cubrió los oídos y huyó espantado.

Colocó un pesado baúl sobre la trampilla, pero desde entonces y todos los días al amanecer escuchaba el cántico de la criatura que al parecer se había alojado en el recinto subterráneo ahora inundado por el mar y al atardecer la veía nadando entre las olas.

Finalmente, la soledad hizo que Pedro se acostumbrara a la presencia de la criatura que demostraba ser pacífica. Y una mañana abrió la trampilla y descendió por la escalera de piedra. El agua llegaba a la altura de medio metro del recinto, la mayoría de los libros se encontraban a salvo y la criatura estaba recostada sobre la mesa. Entonces Pedro pudo observarla con detenimiento, su apariencia era femenina, aunque carecía de pechos como las sirenas de los cuentos, su piel era lustrosa y verdosa con motas negras semejante a un bagre, su rostro se parecía al de una rana y su mirada era perturbadoramente humana.

Después de ese primer encuentro vinieron muchos más. La criatura parecía impaciente por comunicarse con Pedro, pero él no entendía sus gestos, entonces ella trajo varias piedras pequeñas y las juntó formando unos símbolos sobre la mesa, Pedro no tardó en reconocer que eran runas, sin duda la criatura quería decirle algo. Para su fortuna en la repisa encontró un libro sobre el significado de las runas y en un par de semanas pudo descifrar el mensaje que la criatura quería darle:

«Siete días después del solsticio de invierno el terror sin nombre regresará, deben de huir»

Pedro no supo qué hacer y durante días no pudo conciliar el sueño, era noviembre y el solsticio de invierno se acercaba ¿Cómo podía convencer a las personas del pueblo que creyeran en una leyenda? Tal vez si capturaba a la criatura y la llevaba al pueblo… pero después de haber entregado su mensaje la criatura mantenía su distancia contemplándolo desde las olas al atardecer.

El día del solsticio de invierno Pedro bajó al pueblo y gritó la advertencia en medio de la plaza donde todas las personas estaban reunidas para celebrar la fiesta, pero creyeron que había enloquecido. Lo insultaron, le arrojaron piedras y lo hicieron volver a su faro.

Cuando el séptimo día llegó Pedro divisó una extraña niebla que descendía del Norte y supo que con ella venía el terror sin nombre, encendió el faro como una última esperanza, pero cuando la niebla rozó al acantilado la luz del faro languideció y se extinguió, intentó volver a encender el faro varias veces sin éxito… entonces los vio, aquellas formas indescriptibles que se retorcían en la bruma… esos seres no eran de este mundo ni del mundo de las pesadillas… provenían de un lugar peor, más oscuro y más frío.

Pedro se escondió en el recinto subterráneo agazapándose sobre un tonel y cubriéndose con una manta temblando como un niño que ve sombras en su habitación. Perdió la conciencia y la noción del tiempo hasta que una mano húmeda y viscosa le acarició el rostro… despertó, vio a la criatura y entendió que el terror sin nombre se había ido y era seguro salir. Entonces bajó al pueblo con el corazón agitado temiendo encontrarse con una visión de pesadilla, las calles cubiertas de cadáveres con un rictus de espanto en sus rostros cetrinos o desmembrados sobre charcos de sangre... más no encontró nada, o mejor dicho a nadie, todos los habitantes habían desaparecido sin dejar rastros.


Por Liliana Celeste Flores Vega

Imagen: Pinterest

 

viernes, 9 de julio de 2021

Los extraños sucesos de la casa de la locura

Los amables lectores de mi blog recordarán los extraños sucesos que Damon y yo vivimos a finales del año 2012 y supongo que algunos se preguntarán que sucedió con los pacientes de aquella atípica casa de reposo que se encuentra en un lejano paraje en el norte del país. Yo misma sentía esa curiosidad y desconocía que había sucedido con ellos... hasta hace un par de semanas que Damon y yo volvimos a visitar el lugar. 

Para aquellos que no han leído mi blog les contaré brevemente los hechos que son el preámbulo a este relato y les presentaré a los personajes protagonistas del mismo. No me extenderé en detalles que no vienen al caso… sólo mencionaré que una noche Todd, Damon y yo nos vimos involucrados en un confuso incidente que terminó con Todd recluido en aquella casa de reposo y con Damon y yo en la enfermería del Museo con heridas de cierta gravedad pues Todd, en aquél inexplicable episodio de locura, nos agredió físicamente.
 
Pasados algunos días nos trasladaron de la enfermería a una habitación en el edificio donde se aloja el personal del Museo. Damon y yo estábamos recuperados físicamente pero mentalmente nos encontrábamos al borde de un colapso porque durante las últimas noches habíamos tenido sueños más extraños de los que acostumbrábamos tener y nos obsesionamos con descifrar el significado arcano de los mismos. Salíamos de aquella habitación sólo para ir al baño, incluso comíamos allí… primero fue por evitarnos las miradas del personal del Museo a quienes nuestro amigo el arqueólogo, a falta de una mejor explicación para lo sucedido, les había dicho que la noche del incidente nosotros y Todd nos habíamos pasado con las drogas (así que nos había hecho fama de depravados y drogadictos) y luego por la obsesión que nos estaba consumiendo. Julio nos traía la comida y otras cosas que necesitábamos. Nosotros dormíamos, desayunábamos, pasábamos la mañana en la cama contándonos y comparando nuestros sueños, almorzábamos, pasábamos toda la tarde exprimiéndonos el cerebro tratando de entender el significado o mensaje de aquellos condenados sueños, cenábamos… y vuelta otra vez al enfermizo círculo vicioso.
 
Durante las últimas noches los dos habíamos soñado repetitivamente con un mundo con dos soles rojos y una luna opaca. El mundo tenía dos continentes con zonas desérticas, zonas volcánicas, montañas escarpadas y frondosas selvas. Los sueños que tenía Damon eran como una película que pasaba aceleradamente, los míos se centraban en un hecho o personaje determinado. Con la información reunida de los sueños de ambos habíamos podido armar un poco de la historia de ése mundo… pero lo que nos sacaba de quicio era que estábamos absolutamente seguros que esos sueños no eran recuerdos de nuestras vidas pasadas, no sentíamos familiaridad con ése mundo ni empatía con sus habitantes, a lo más nos recordaba mucho al mundo de Conan el bárbaro… sabíamos que no éramos partícipes de aquella historia, sólo unos espectadores… por lo tanto algo o alguien nos estaba mandando esas visiones oníricas y quería que las descifráramos.
 
Damon había visto la evolución de la humanidad nativa de ese mundo desde el estado de unos primitivos nómades hasta que formaron clanes, reinos e imperios… y como todos estos habían sido destruidos por guerras, pestes, desastres naturales y eventos sobrenaturales inexplicables. Yo había visto los rituales de los chamanes tribales danzando alrededor de un monolito gigantesco al son de unos tambores hechos con la piel de un animal muy parecido al mamut, la construcción de unas enormes pirámides escalonadas de piedra roja, la explosión de un colosal volcán que arrasó con una próspera ciudad, la edificación de una ciudad subterránea… a un sacerdote con una capa de piel de lobo sacrificando a un niño en un altar ante la estatua de un dios con la apariencia de un reptil, a una mujer guerrera crucificada en una plaza en medio de una multitud aullante, a una anciana ciega rezando arrodillada frente a un ara, a un nigromante descifrando los jeroglíficos de un pergamino en una biblioteca subterránea… en fin, todos eran personajes que aunque reconocía como arquetípicos sabía que no tenían nada que ver con nosotros.
 
La última noche soñé con una hechicera con el rostro tatuado que estaba haciendo un ritual en un templo de apariencia sumeria para invocar a un poderoso demonio… aunque algo debió de salirle mal pues lo que respondió a su llamado fue un humo negro que emergió de un pozo y la convirtió en piedra. Después vi como el mundo era invadido por naves espaciales tripuladas por unos seres de apariencia reptiliana quienes, con sus armas de avanzada tecnología, sometieron de inmediato a los de la raza nativa del mundo de los dos soles rojos… me desperté asqueada por las escenas brutalmente grotescas de matanzas, violaciones y sacrificios.
 
Fui al baño. Cuando regresé a la habitación encontré a Damon sentado en la cama con un aspecto bastante desaliñado, no me había dado cuenta de lo crecida que llevaba la barba y que hasta se le notaba un poco crecido el cabello… pensé en el aspecto fatal que debería de tener yo también pues hace días que después de bañarme sólo me pasaba el peine para desenredarme el cabello y cuando se me secaba lo enroscaba en un moño sujetándolo con un gancho.
 
Damon se puso de pie, tomó la cajetilla de cigarros que estaba sobre la mesa, encendió uno y empezó a fumar nerviosamente… me quedé atónita pues él no fumaba y se incomodaba cuando yo lo hacía. Noté que la mano le temblaba. Cuando terminó el cigarro me dijo: “No podemos seguir así, la obsesión por descifrar el significado de los sueños que tenemos cada noche nos está haciendo daño, además son cosas de un mundo rojo que no nos incumben. Debemos de alejarnos de este lugar, regresemos a Lima”.
 
Estuve de acuerdo con él y le pusimos punto final al asunto de los sueños del mundo de los dos soles rojos. Nos vestimos decentemente y buscamos al arqueólogo. Le dijimos que nos sentíamos bien, que queríamos regresar a Lima pero antes deseábamos visitar a nuestro amigo Todd y le preguntamos la dirección del hospital psiquiátrico en el que lo habían internado. El arqueólogo nos respondió que precisamente al día siguiente iría a visitar a Todd y que podía llevarnos.
 
Decidimos quedarnos una noche más. Luego del almuerzo recorrimos el Museo. Cenamos, nos retiramos a la habitación y esa noche nos permitimos una velada romántica escuchando música de Blackmore’s Night y bebiendo una botella de vino que nos consiguió Julio.
 
Julio nos despertó temprano pero según el arqueólogo era tarde y nos hizo desayunar con prisa. Subimos al asiento trasero de la camioneta con nuestros equipajes porque pensábamos regresar a Lima esa misma noche. El arqueólogo se acomodó en el asiento del copiloto, Julio se puso al volante pero en lugar de dirigirse hacia la carretera que llevaba a la ciudad tomó rumbo hacia el lado opuesto. Media hora después tomó un desvío internándose por un paraje desolado hasta que el asfalto desapareció y fue reemplazado por un camino de tierra… Julio se metió por varios recovecos… Damon y yo notamos que habíamos pasado dos veces frente a un árbol bastante peculiar, sin duda Julio estaba dando vueltas innecesarias para que nos desorientemos. Un par de horas después divisamos un antiguo caserón de dos pisos.
 
Julio detuvo la camioneta. Entramos al caserón, de inmediato nos dimos cuenta que el caserón no era un hospital psiquiátrico ni una casa de reposo convencional. Nos recibió una señora de unos cincuenta años, delgada y con cabello negro recogido en un moño alto. El arqueólogo le preguntó cómo estaba Todd, la señora le respondió que seguía en el mismo estado, aunque mas calmado. Luego llamó a un hombre de mediana edad de aspecto rústico y fornido, con más aspecto de carcelero que de enfermero… éste nos llevó hasta una puerta que llevaba a un sótano.
 
Damon tomó mi mano mientras bajábamos los peldaños de madera casi podrida de la escalera, sentí que se me encogió el corazón al pensar los días que Todd llevaba recluido allí. Luego de bajar la escalera nos encontramos en un pasillo mal iluminado con un foco que daba una luz amarillenta. Había varias puertas a ambos lados, unas de madera a la izquierda y otras reforzadas con rejas a la derecha… el arqueólogo nos dijo que Todd se encontraba en la habitación de la última puerta a la derecha y nos hizo un gesto para que lo siguiéramos.
 
Cuando pasamos frente a una puerta de madera escuchamos los sollozos de una mujer, detrás de la siguiente puerta oímos el murmullo de la voz de un hombre recitando una plegaria repetitiva... dimos un par de pasos más y nos sobresaltó un aullido que provino de detrás de una de las puertas reforzadas con reja, luego escuchamos gruñidos y arañazos contra la misma como si se tratara de un perro bastante grande encerrado. Damon le pidió explicaciones al arqueólogo sobre el lugar y los que estaban recluidos allí, él le respondió que era un asilo para aquellos casos que no podían mantenerse bajo control en un hospital psiquiátrico convencional.
 
Finalmente llegamos a la última puerta, el arqueólogo abrió la reja y luego descorrió la mirilla de la puerta de madera para constatar el estado en el que se encontraba de Todd… nos dijo que primero entraría él. Durante el tiempo que esperamos escuchamos que la persona o criatura que estaba encerrado unas puertas más allá seguía gruñendo.
 
El arqueólogo estuvo a solas con Todd aproximadamente veinte minutos, luego abrió la puerta y nos dijo que podíamos pasar. Era una habitación pequeña, casi una celda... el único mobiliario era una sencilla cama de madera con una sábana y una cobija... en una esquina había un inodoro con un lavabo encima como los que se ven en las celdas en las películas de presidiarios. Todd estaba sentado sobre la mísera cama con las rodillas recogidas contra su pecho y la mirada perdida en el vacío… nos conmovió verlo en ese estado.
 
Nos acercamos pero Todd no se percató de nuestra presencia. Notamos que estaba moviendo los labios pero no entendíamos sus balbuceos... me acerqué más a él, le acomodé un mechón de cabello detrás de la oreja y le dije parafraseando la serie de Stargate Atlantis: “Comandante, debe de salir de su estado de hibernación, necesito que se haga cargo de la nave nodriza”…  le di un beso en la mejilla, entonces pareció reaccionar por un momento, me miró y esbozó un amago de sonrisa… luego señaló a Damon con un dedo, murmuró algo ininteligible y volvió a sumirse en su estado casi catatónico.
 
El enfermero con aspecto de carcelero nos dijo que no era recomendable que nos quedáramos más tiempo con Todd y nos indicó con un gesto adusto que subiéramos. Nos llevó hasta una sala de estar donde estaba la señora que nos recibió sentada en un sillón leyendo un libro, al vernos nos dijo que faltaba una hora para que sirvieran el almuerzo pero que podíamos ir subiendo nuestros equipajes e instalándolos en las habitaciones del segundo piso. El arqueólogo tenía planeado quedarse una semana pero nos dio a elegir entre quedarnos una noche o que Julio nos lleve a la ciudad después del almuerzo. Damon y yo decidimos quedarnos una noche para volver a ver a Todd al día siguiente con la esperanza de hacerlo reaccionar.
 
El arqueólogo y Julio tenían habitaciones propias pues acostumbraban quedarse. La señora nos dijo que podíamos quedarnos aunque sólo tenían habitaciones para pacientes con camas estrechas pero podíamos unir dos… le respondimos que nos bastaba con dos colchones en el piso para no darles molestias pero el arqueólogo le sugirió que nos instalara en “la habitación”… la señora dudó un poco pero finalmente le indicó al enfermero con aspecto de carcelero que nos llevara.
 
El hombre, que se llamaba Alberto, nos indicó que subiéramos la escalera y nos llevó hasta una puerta al final del pasillo, cuando la abrió y nos hizo pasar a la habitación quedamos impactados, esperábamos una habitación sencilla casi austera pero ésta parecía sacada de una película de la época colonial: Una enorme cama con doseles de cortinajes de brocado ocupaba el centro… el mobiliario lo completaban dos veladores, un ropero, una cómoda, un tocador, dos sillones y un arcón de madera tallada. Alberto descorrió la cortina y abrió el ventanal para airear la habitación que tenía un intenso olor a humedad, se notaba que no la usaban con frecuencia… nos dijo que ésa era la única habitación con una cama grande, había sido ocupada por los abuelos y luego por los padres del actual dueño del caserón. Nos dejó para que nos instaláramos, Damon y yo sacudimos las sábanas y colchas… luego nos avisaron para que bajáramos a almorzar.
 
Durante el almuerzo la señora, que se llamaba Francisca, nos contó una breve historia del lugar: El caserón tenía casi un siglo de antigüedad, había sido construido por un italiano que se asentó en el lugar con su esposa y frecuentemente hacía reuniones con sus amigos que practicaban el espiritismo. La esposa tenía una salud muy frágil, condición que heredaron sus hijos, la mayoría de los cuales murieron antes de llegar a cumplir los dos años. Sólo sobrevivió una hija que luego se casó con un comerciante y tuvieron un hijo, años después ella se suicidó ahorcándose en un árbol de manzano que había en el huerto por motivos que nunca se aclararon… el comerciante dejó la casa intacta bajo el cuidado de un guardián y se fue a vivir a Lima con su hijo. Este hijo, el actual dueño del caserón, conoció al arqueólogo y accedió cederle el caserón con la condición que mantuviera intacta la habitación que ocuparon sus abuelos y sus padres. Nadie había dormido allí desde ese entonces, sólo la limpiaban de vez en cuando.
 
Terminado el almuerzo nos invitaron a pasar al despacho biblioteca que conservaba algunos de los muebles de época. El arqueólogo tomó asiento en el escritorio, doña Francisca le entregó unos folders y se sentó en una butaca, Damon y yo nos sentamos en un sofá cerca de una ventana. Doña Francisca tomó una cajetilla de cigarros que estaba sobre una mesita, noté sus dedos largos y nudosos, sus uñas eran muy largas y estaban manchadas de nicotina... y llevaba un hermoso anillo de plata quemada y turquesa en el anular. Nos ofreció un cigarro… yo acepté, Damon se negó. Permanecimos en silencio mientras que el arqueólogo revisaba los folders, luego nos dio un breve resumen de los casos de las personas recluidas.
 
Teresa era el nombre de la mujer que habíamos escuchado sollozando. Era hija de una señora amiga de la madre de Julio. Una vez fue de campamento al bosque de algarrobos con sus amigos y desapareció… los amigos dijeron que ella salió de la carpa a medianoche para orinar y no regresó, la buscaron por los alrededores hasta el amanecer, al no encontrarla regresaron y dieron aviso a sus padres. Teresa había tenido problemas con sus padres por causa de un muchacho pandillero con quien salía y pensaron que se había fugado con él… investigaron al fulano pero se comprobó que él ni siquiera había ido al campamento y que la noche en la que desapareció Teresa él había estado en un bar con sus amigotes de la pandilla… a pesar de todo el pandillero la quería y fue con los muchachos de su pandilla al bosque en donde la buscaron hasta debajo de las piedras, averiguó con otros pandilleros y hasta con unos tratantes de chicas que conocía pero no pudo ubicarla. Todos la buscaron infructuosamente.
 
Unos meses después Teresa apareció en el bosque de algarrobos en un estado lamentable, la encontraron unos turistas quienes la llevaron a una caseta policial. Luego la llevaron a un hospital donde los doctores la examinaron y dijeron que a la muchacha posiblemente la habían raptado y mantenido cautivo violándola consecutivamente hasta que quedó embarazada y le hicieron un aborto… afortunadamente físicamente estaba bien, sólo desnutrida y obviamente traumada por la experiencia pasada. Pero la historia que la psicóloga logró sacarle fue que había sido abducida por unos extraterrestres de apariencia reptiliana, ellos la habían fecundado, extraído el bebé y luego la dejaron en el bosque. La psicóloga les dijo a los padres de Teresa que esa era su forma de asimilar el trauma y que con un tratamiento adecuado podría recuperarse.
 
Pero la pobre muchacha insistía con que los extraterrestres le habían dejado unos implantes en el cuerpo y desesperadamente se cortaba intentando sacárselos. Fue entonces que Julio se interesó en el caso, la llevó con un doctor de confianza y luego de hacerle varios exámenes y unas radiografías detectaron que verdaderamente tenía un objeto extraño en un brazo, era del tamaño de una cápsula… se lo extrajeron y luego de analizarlo llegaron a la conclusión que la pequeña cápsula era de un metal desconocido con un bajo nivel radioactivo.
 
Julio investigó y averiguó que por las fechas en las que Teresa había desaparecido algunos pobladores de la zona habían visto luces extrañas, incluso hasta consiguió un video grabado por un aficionado en donde se veían unas luces que formaban un triángulo. Fue a la zona en donde había desaparecido Teresa con un fanático ufólogo y encontraron una zona quemada en donde no crecía la hierba y detectaron vestigios de radioactividad.
 
Julio le comentó el caso al arqueólogo y éste convenció a los padres de Teresa de llevarla a un lugar donde recibiría el tratamiento adecuado. Llevaba dos años internada allí… cuando ingresó la alojaron en una de las habitaciones del segundo piso. Se pasaba los días viendo las telenovelas y talkshows que trasmitían los cuatro canales de señal nacional que eran los únicos que captaba el televisor en aquél recóndito lugar o leyendo las novelas de moda que le traía su madre.
 
Parecía estar recuperándose hasta que empezó a quejarse de terribles dolores de cabeza y terminó dándose cabezazos contra la pared. Teresa explicó que los extraterrestres se estaban comunicando con ella y le mostraban imágenes del mundo en el que vivían, éste era un mundo con un sistema binario de soles y enormes pirámides escalonadas de piedra rojiza… ella no quería ver esas imágenes y por eso se golpeaba la cabeza. Le hicieron más pruebas y encontraron que tenía otro objeto extraño en el cerebro imposible de retirar. También empezó a caer en unos estados de trance durante los cuales garrapateaba fórmulas, ecuaciones de matemática avanzada y física cuántica que luego no sabía explicar. La encerraron en la celda del sótano un par de meses atrás cuando, sin motivo aparente, atacó a una de las enfermeras con un tenedor.
 
El arqueólogo nos preguntó nuestra opinión sobre el caso… ¿creíamos que podría tratarse de un caso verdadero de abducción o no?... Damon y yo nos miramos, ambos creíamos que existía vida inteligente en otros mundos y que este mundo había sido visitado por extraterrestres… pero la mayoría de los casos de abducciones que habíamos leído o visto en esos documentales tan de moda en la televisión no nos convencían.
 
El caso de Teresa tenía puntos a favor… al menos no decía que había sido abducida desde su casa mientras dormía en su cama, había sido abducida en el bosque de algarrobos, un lugar que era conocido como escenario de sucesos sobrenaturales. Lo de la fecundación por extraterrestres era un cliché pero había un informe médico que confirmaba que le habían practicado un aborto… aunque tal vez Teresa estaba embarazada, se lo dijo al tipo con quien salía, éste se negó a hacerse responsable, ella huyó, se prostituyó, se hizo el aborto y regresó inventando lo de la abducción (aunque era muy inocente de su parte pensar que le creerían)… pero ¿porqué inventaría que los extraterrestres le habían puesto implantes en su cuerpo y se haría daño por quitárselos?... tal vez por culpa y la necesidad de auto castigarse por haber abortado… aunque le habían encontrado un objeto extraño en el brazo y tenía otro en el cerebro, además estaban sus visiones (que describían un mundo bastante parecido al mundo de los dos soles rojos con el que Damon y yo habíamos soñado recientemente) y las fórmulas que garrapateaba.

El arqueólogo prosiguió con el siguiente caso. Mauricio era el nombre que le habían dado al hombre que habíamos escuchado murmurando la salmodia repetitiva, lo habían encontrado vagando desnudo en las pampas de Nazca y lo habían llevado a un hospital. El informe del médico que lo había atendido resumía que el individuo ingresó en un estado crítico de deshidratación y desnutrición por lo que le pusieron suero, se recuperó, pero se negaba a consumir alimentos excepto gelatina sin saborizantes… parecía sufrir de demencia pues solo balbuceaba palabras ininteligibles por lo que fue derivado a un hospital psiquiátrico. No tenía documentos y no había reportes de desaparición que coincidieran con su descripción, pero uno de los psiquiatras se hizo cargo de su tratamiento por lo curioso de su caso.
 
Según el informe que les había entregado aquél psiquiatra cuando el paciente ingresó solo repetía una extraña salmodia en un idioma desconocido y estaba en un estado de pánico pasivo. Poco a poco se ganó su confianza, el paciente se tranquilizó y empezó a hablar en español… entonces le preguntó cuál era su nombre pero como le respondió con una palabra en el idioma desconocido le dio un lápiz y un papel, el paciente escribió que su nombre era “M4U51C10” (por lo cual empezó a llamarlo Mauricio). El paciente aseguraba ser de otro mundo y mostraba como prueba sus manos y pies cuyos dedos estaban unidos por una membrana de piel… sin duda era un caso de sindactilia agudo. Como suele suceder en esos casos también tenía otros defectos congénitos en el cráneo y la cara, lo que le daba una apariencia bastante extraña que seguramente le había causado un trauma desde la niñez que lo había llevado a creerse de origen extraterrestre. Sus órganos internos y su metabolismo eran normales. Finalmente empezó a comer alimentos variados aunque rechazaba la carne, prefiriendo las frutas y verduras crudas.
 
Mauricio era de carácter pacífico y naturaleza bondadosa, se volvió bastante comunicativo y le gustaba charlar con el psiquiatra sobre el mundo del que creía ser nativo. Lo describía como un mundo con tecnología muy avanzada aunque carecía de atmósfera pues ésta había sido destruida hace mucho tiempo atrás por un desastre de origen desconocido pero había domos que cubrían algunas zonas haciéndolas habitables defendiéndolas de la radiación del sol rojo. Era gobernado por una élite de seres superiores a los que describía como unos humanoides altos, sin cabello, ojos negros sin pupilas y piel fosforescente. Decía que él era de la raza nativa de aquél mundo y explicaba que siglos atrás, cuando sucedió aquél desastre que destruyó la atmósfera, llegaron esos seres superiores en naves espaciales y los salvaron construyendo los domos… desde entonces los de su raza los habían reverenciado casi como dioses.
 
El era un obrero que trabajaba en las minas de donde extraían el mineral que servía para hacer funcionar las máquinas y naves espaciales. Lo que sorprendía al psiquiatra era el conocimiento que tenía Mauricio, un hombre aparentemente de origen humilde y que no había tenido acceso a mucha educación ya que sus padres no lo habían tratado del defecto congénito con el que había nacido, sobre las máquinas y naves espaciales que describía.
 
Contaba que a pesar de que aquellos seres superiores casi habían esclavizado a los de su raza no eran malvados ni crueles. Los de su raza eran tratados bien, vivían en lo que describió como un complejo de edificios rectangulares de paredes metálicas divididos en celdas, los hombres eran obreros y las mujeres eran destinadas a la reproducción que era por vía artificial y a la crianza de aquellos hijos. Tenían un horario de trabajo estricto pero la vida era llevadera, hasta les permitían seguir con algunas de sus costumbres y tradiciones.
 
Un día aciago el Sumo Sacerdote de los seres superiores anunció un terrible evento interestelar que abriría una puerta dimensional por la cual regresarían los Dioses sin Nombre trayendo la destrucción… entonces aquellos seres superiores empezaron a sacrificar a los de su raza en un intento de calmar la ira y el hambre de los Dioses sin Nombre. Todos los días hacían ceremonias en las que el Sumo Sacerdote recitaba una plegaria mientras que decenas de la gente de su raza eran obligados a entrar a unos hornos gigantescos.
 
Mauricio y otros obreros robaron lo que describió como unos trajes que protegían de la radiación y daban mantenimiento vital fuera de los domos protectores y huyeron. Llegaron hasta unas ruinas milenarias que según las leyendas de la gente de su raza habían sido construidas por los Dioses Olvidados, un portal de piedra y una estela con jeroglíficos aún se mantenían en pie, si las leyendas que contaba el anciano chamán de su gente eran ciertas ese portal los llevaría a otro mundo…  pero sus compañeros dudaban y no quisieron cruzar.
 
Mauricio, quien era aprendiz del chamán, descifró algunos de los jeroglíficos grabados en la estela de piedra, narraban la historia de los Dioses Olvidados que conocían un ritual para confinar a los Dioses sin Nombre en una prisión mística… éste era un ritual que sólo podía ser realizado por los hijos de aquellos Dioses Olvidados. La energía de los trajes que les daba soporte vital se agotaba, entonces él prefirió arriesgarse antes de morir y cruzó el portal… de allí sólo recordaba haberse despertado en una especie de pozo con una escalinata de piedra tallada, subió por ésta y se encontró en un desierto bajo un límpido cielo azul… el traje ya no le servía y se lo quitó… entonces vagó sin rumbo hasta que lo encontraron unos hombres.
 
Mauricio empezó a trabajar haciendo labores de limpieza en el hospital psiquiátrico. Según el psiquiatra mostraba una increíble adaptación al “mundo al que había llegado cruzando el portal”, su demencia era inofensiva y si le hacía feliz creerse extraterrestre no tenía motivos inmediatos para forzarlo a enfrentarse con la realidad… mas bien lo incentivaba a escribir sobre su mundo y la maravillosa tecnología de los seres superiores. Tuvo la idea de entregarle a Mauricio algunos libros de medicina que trataban de malformaciones congénitas como la que él sufría y otros de relatos de ciencia ficción parecidos a lo que él contaba con la intención de que poco a poco reconociera su realidad pero fue contraproducente. Mauricio se ensimismó demasiado en la lectura, cayó en un estado febril y empezó a delirar… decía que los Dioses sin Nombre vendrían a este mundo, que él había descifrado las señales inequívocas de su retorno y que tenía que encontrar a los hijos de los Dioses Olvidados.
 
Días después un terremoto destruyó la ciudad de Pisco y el hospital psiquiátrico quedó en ruinas. La mayoría de los pacientes fueron trasladados a otros centros de salud mental pero el psiquiatra quiso quedarse con Mauricio pues se sentía responsable por él y le interesaba mucho su caso. Lo había observado por mas de cinco años, sabía que era perfectamente controlable y su demencia no representaba un peligro tácito para la población… al contrario, Mauricio demostró tener cierta intuición o sexto sentido para ubicar a muchos heridos enterrados bajo los escombros.
 
Fue entonces que la casualidad quiso que Todd y Bartholomew fueran a Pisco como voluntarios para construir casas para los damnificados… escucharon el peculiar caso del “extraterrestre” que había ayudado a rescatar a varias personas gracias a un sexto sentido para encontrar heridos bajo los escombros y sintieron curiosidad de conocerlo. Luego de conocer los detalles de su caso Todd contactó de inmediato con el arqueólogo quien se comunicó con el psiquiatra que cuidaba de Mauricio y le dijo que tenían un lugar en donde podían hacerse cargo de él.
 
Mauricio llevaba allí varios años, desde que ingresó demostró ser muy comedido y agradecido, se encargaba de la limpieza y hasta se hizo cargo de cuidar a varios perros callejeros… pero hacía un par de años había recaído en ese estado febril, empezó a garrapatear símbolos en un cuaderno y a recitar esa extraña salmodia en un idioma desconocido. Una noche de luna llena mató a sus perros intentando hacer un ritual invocando a los Dioses Olvidados, le administraron sedantes y lo recluyeron bajo llave en su habitación del segundo piso… lo encerraron en la celda del sótano por atacar a mordiscos a Alberto cuando éste quiso obligarlo a tomar su medicina.
 
El caso de Mauricio era fascinante, fuera su historia real o producto de su mente desquiciada. El arqueólogo nos preguntó: “¿Qué opinan, Mauricio vino de otro mundo a través de un portal o es un chiflado con una imaginación asombrosa?... en ese caso ustedes son un par de locos porque también son de otro mundo”.
 
Nos reímos… Damon y yo le respondimos que efectivamente no éramos nativos de éste mundo pero no decíamos haber venido cruzando un portal, éramos almas viejas y errantes nativas de un mundo azul y en ésta vida habíamos nacido en éste mundo… pero el viajar de un mundo a otro a través de portales no era extraño para nosotros, lo recordábamos de muchas vidas pasadas… volvimos a reírnos, la explicación que estábamos dándole al arqueólogo era como para ganarnos estadía indefinida en una celda en el sótano… al lado de la que se merecía él por su teoría más disparatada que la de los alienígenas ancestrales.
 
El siguiente caso se trataba de un licántropo tal como Damon y yo lo suponíamos por los aullidos y gruñidos que habíamos escuchado. El arqueólogo nos contó el caso de José Luis, un mexicano que sufría de hipertricosis y había llegado hace muchos años atrás a Perú como parte de un circo en donde se presentaba como un hombre lobo. Yo recordé la publicidad de aquel circo. José Luis sabía que su condición se debía a una enfermedad y simplemente le sacaba provecho. Hicieron varias presentaciones en el país. En Trujillo conoció a una mujer, se enamoraron, él dejó el circo y se casaron. Durante años vivió feliz con su esposa trabajando como mecánico y tuvieron dos hijos que afortunadamente no heredaron su enfermedad.
 
Era un hombre muy querido por sus vecinos, bromeaba diciendo que las noches de luna llena sentía que su sangre hervía y se iba a tomar unos tragos con sus amigos al billar. Su esposa no se preocupaba que se fuera de juerga cada noche de luna llena y regresara ebrio al día siguiente, era una vez al mes, él era un hombre trabajador y tenía derecho a divertirse. Hasta que empezó a notar un cambio en el carácter en su esposo, cuando se acercaba la luna llena se ponía nervioso y malhumorado… se iba de juerga y regresaba al día siguiente muy sucio.
 
Entonces ella empezó a averiguar con los amigos de su esposo, ellos le dijeron que él iba al billar, tomaba un par de tragos y se iba... sin embargo regresaba a su casa al día siguiente. Su esposa sospechó que tenía una amante, así que le pidió a su hermano que lo siguiera… lo que contó el hermano era digno de una película de terror. El hermano esperó que José Luis saliera del billar y subiera a su camión… lo siguió en su carro y lo vio detenerse en una calle de mala reputación en donde recogió a una prostituta y con ella se dirigió a un descampado.
 
El hermano decidió acercarse al camión para enfrentar a su cuñado… pero entonces la prostituta se bajó precipitadamente del camión, semidesnuda y pidiendo socorro a gritos… José Luis bajó tras ella persiguiéndola, le dio alcance, la tumbó sobre el suelo y empezó a atacarla brutalmente a mordiscos. El hermano de la esposa de José Luis tomó una herramienta que llevaba en su carro y se acercó para auxiliar a la pobre mujerzuela… José Luis huyó hacia el descampado.
 
Encontraron a José Luis dos días después completamente loco creyéndose verdaderamente un hombre lobo, necesitaron ayuda de la policía para capturarlo. El caso corrió de boca en boca, tenían a José Luis encerrado en una carceleta de la comisaría sin saber que hacer con él, dudando entre llevarlo a prisión o a un hospital psiquiátrico. El arqueólogo se enteró del caso e hizo los papeleos para trasladar a José Luis al caserón. Se encontraba allí hace un año.
 
Había más pacientes en las habitaciones del segundo piso pero eran tranquilos. Una anciana que habían recogido mendigando en la plaza y decía ser la reencarnación de una sacerdotisa mochica, Todd la recogió mas por humanidad para darle un techo seguro y comida… pero hablando con la anciana había descubierto que era una mujer muy sabia y era muy interesante conversar con ella.
 
Había otra mujer que era otro supuesto caso de abducción y un hombre autista con obsesión por los rompecabezas y la cábala. Reconocimos que todos éramos unos chiflados (¿o iluminados?) lo único que hacía la diferencia que estuviéramos sentados allí y no encerrados en una celda del sótano era que todavía no le habíamos hecho daño a otros… Todd había cruzado esa línea.
 
El arqueólogo nos dijo que ya tenía algunas sospechas con Todd por aquellos incidentes con sus amigos que había llevado a su habitación y con los que supuestamente se les había pasado la mano en sesiones de BDSM… había querido creer que verdaderamente esos accidentes habían sido consecuencia de exceso de drogas y alcohol hasta el incidente sucedido con nosotros. Le debía al tío de Todd hacerse cargo de él y así lo haría… y nosotros le ofrecimos nuestro apoyo.
 
Durante la cena conocimos a doña Teodora, la anciana que Todd había recogido mendigando en la plaza. Era una anciana pequeña y encorvada, de rostro afable y muy humilde pero la sabiduría ancestral se reflejaba en su mirada… desde el primer momento no dejó de mirarnos a Damon y a mi como si quisiera decirnos algo.
 
En el caserón también se encontraba el padre Miguel, un sacerdote español renegado de la iglesia católica que se hacía cargo de los casos de supuesta posesión diabólica y realizaba exorcismos sin el permiso del Vaticano, yo lo había conocido años atrás la primera vez que viajé al norte con Luis cuando fuimos al Museo para conversar con el arqueólogo… en ése momento se encontraba recluido como paciente en una celda ubicada debajo de la pérgola del jardín después de ofrecerse como receptáculo y prisión de un demonio que había poseído a un inocente niño… su historia es muy interesante pero larga de contar y no viene mucho al caso de éste resumen, aunque para los que deseen conocerla podrán encontrarla relatada en una entrada de mi blog.
 
Para no alargar mucho este resumen diré que el padre Miguel logró liberarse del poder de ese demonio (o recuperarse de su episodio de esquizofrenia) el asunto es que se recuperó y volvió a hacerse cargo de los casos de supuesta posesión diabólica que extrañamente habían aumentado. También añadiré que, antes de regresar a Lima, Damon y yo pedimos permiso a doña Francisca para visitar a Mauricio en su celda y ella accedió… efectivamente su aspecto físico era peculiar pero explicable con los síntomas de su condición de sufrir de sindactilia aguda. Mauricio nos recibió amablemente, nos dijo que había estado esperándonos y nos entregó el cuaderno donde había escrito sus visiones y las señales que había vislumbrado sobre el inequívoco retorno de los Dioses Olvidados. Todd también se recuperó y volvió a sus actividades cotidianas como ayudante del arqueólogo en el Museo.
 
Y así pasaron dos años hasta que Damon y yo volvimos a viajar y visitamos a nuestro amigo el arqueólogo en el Museo. Es aquí donde comienza el relato que deseo contarles. Durante la cena nuestra curiosidad nos llevó a preguntarle al arqueólogo por el estado de los peculiares pacientes del caserón, entonces él nos contó que un par de meses después de nuestra visita al lugar había sucedido un incidente muy trágico.
 
El arqueólogo no conocía los detalles del lamentable incidente porque se encontraba en el Museo cuando sucedió. Julio se había quedado con los pacientes especialmente para seguir el caso de Mauricio quien mostró una notable mejoría después de hablar con nosotros, lo trasladaron a una de las habitaciones del segundo piso y volvió a hacerse cargo de dos perros callejeros. En general todos los pacientes mostraban una mejoría incluidos el hombre licántropo a quien algunas noches sin luna le permitían salir a tomar aire en el patio y preguntaba por su esposa e hijos. Teresa ya no sufría de aquellos delirios que la atormentaban y la llevaban a lastimarse, estaba atravesando una fase de locura pasiva y le contaba muy entusiasmada a las enfermeras que en sus sueños era visitada por un alien muy amable y caballeroso al que describía bastante parecido a los wraiths de la serie Stargate Atlantis y que éste le decía que la había elegido para que sea su mujer y que muy pronto vendría a llevársela en su nave y recorrerían juntos el cosmos.
 
La casa de la locura se había convertido en el hogar de unos locos felices… hasta que sucedió aquél fatídico incidente. Según lo que posteriormente le contaron el padre Miguel y el enfermero Alberto una noche hubo un incendio de origen misterioso, doña Francisca falleció victima del fuego en su habitación, esa misma noche Mauricio huyó del caserón, Teresa desapareció de su celda cerrada sin explicación razonable y Julio, quien había ido tras Mauricio, fue encontrado unos días después más allá de los bosques de algarrobos en una zona quemada en donde no crecía la hierba en un estado de shock tan grave que se habían visto en la necesidad de confinarlo en una de las celdas del sótano… el arqueólogo no ahondó más en el tema pero nos ofreció llevarnos al caserón para que el padre Miguel, quien ahora se encontraba dirigiendo el caserón y haciéndose cargo de los pacientes, nos contara con detalles lo sucedido.
 
Al día siguiente fuimos al caserón con el arqueólogo. El aspecto del caserón no había cambiado mucho a pesar del incendio pero la pérgola del patio trasero no existía y el jardín era un terreno yermo y quemado en el que no crecían ni las hierbas silvestres. El padre Miguel nos recibió en la biblioteca y nos contó los detalles del fatal incidente ocurrido a finales del 2012. En aquellos días los pacientes que por dos meses habían mostrado una notable mejoría empezaron a alterarse por la profecía maya del fin del mundo, ellos habían intentado calmarlos diciéndoles que la profecía no hablaba del fin del mundo sino del fin de una era marcada por la violencia y el comienzo de otra era más próspera y afortunada. El día 21 de diciembre doña Francisca sugirió preparar una cena para celebrar el Solsticio y alegrar a los pacientes, hicieron una parrillada en el patio trasero del caserón y llamaron a un chamán del pueblo quien hizo un ritual de florecimiento. El personal y los pacientes participaron de la cena y disfrutaron de un agradable momento. El padre Miguel reconoció que el chapucero ritual del chamán contribuyó bastante en sosegar los ánimos alterados de los pacientes. La mas entusiasta fue Teresa quien se hizo una corona de flores y le anunció a todos que esa noche su galán extraterrestre vendría por ella.
 
Luego llevaron a los pacientes a sus respectivas habitaciones y celdas de confinamiento, después el personal continuó con la celebración tomando vino en la biblioteca y pasada la medianoche se retiraron a descansar en sus respectivas habitaciones del segundo piso. El se acercó a la ventana para cerrar la cortina antes de irse a la cama y entonces vio a Mauricio cruzando rastreramente el patio trasero con el claro propósito de escaparse, de inmediato le dio aviso a Julio y al enfermero Alberto quienes fueron tras Mauricio quien ya había conseguido escalar el muro de piedra y se dirigía corriendo velozmente hacia el bosque de algarrobos.
 
El padre Miguel regresó al caserón, revisó a los demás pacientes del segundo piso y para prevenir otra fuga cerró con llave las puertas de sus habitaciones. No revisó a los pacientes recluidos en el sótano pues Alberto se había encargado de llevarlos y encerrarlos en sus celdas. Después fue a la biblioteca para llamar por teléfono al jefe de los ronderos para pedirle apoyo en la búsqueda de Mauricio pero la línea telefónica estaba averiada, solo se escuchaba un sonido de interferencia… entonces sintió un extraño temblor semejante a la onda expansiva de una explosión pero sin ruido y a través de las cortinas de la ventana vio un gran resplandor fosforescente que lo encegueció y cayó desvanecido en el suelo.
 
Cuando se recuperó y pudo ponerse de pie salió al patio trasero para averiguar el origen de aquel extraño resplandor fosforescente que había visto a través de las cortinas de la ventana y encontró la pérgola ardiendo en llamas… pero ése no era el extraño resplandor fosforescente que él había vislumbrado antes de desmayarse, el fuego que consumía la pérgola era de un peculiar color azulado y empezó a extenderse rápidamente por los matorrales del jardín… de inmediato tomó la manguera para apagar el fuego con la ayuda de dos enfermeras que también se habían percatado del incendio y acudieron a auxiliarlo pero el fuego se resistía al agua y las llamas crepitaban tomando formas malignas y parecían sisear una maldición en el lenguaje del Diablo… entonces él recordó que bajo ésa pérgola se encontraba la celda donde estuvo recluido durante el tiempo que se ofreció a ser el receptáculo de un demonio y dedujo que el demonio se había quedado prisionero en aquella celda protegida por los símbolos cabalísticos tallados en el techo de madera de la pérgola que estaba siendo destruida por ése fuego… empuñó su rosario, recitó una plegaria y el fuego infernal empezó a disminuir.
 
Ni bien habían controlado el fuego y se tomaban un minuto de descanso una de las ventanas del segundo piso de la casona, la correspondiente a la habitación que ocupaba doña Francisca, estalló… él vio las llamaradas, también de un color azulado, saliendo por la ventana… dejó a las enfermeras haciéndose cargo de lo que quedaba del incendio del patio trasero y volvió a la casona para auxiliar a doña Francisca y poner a salvo a los pacientes que estaban encerrados con llave en sus habitaciones del segundo piso y a los que se encontraban recluidos en el sótano.
 
Cuando llegó a la habitación de doña Francisca y abrió la puerta recibió una gran bocanada de humo con olor a azufre y supo que era imposible que ella estuviera viva en medio de ése horno infernal de malignas llamaradas azules que crepitaban y parecían sisear maldiciones… sólo atinó a arrojar su rosario al fuego y murmurar una plegaria por el alma de doña Francisca, entonces una lengua de fuego se alzó como si tuviera vida propia, lo alcanzó y prendió su sotana, él se la arrancó y la pisoteó… de inmediato se apresuró a liberar y poner a salvo a los aterrados pacientes del segundo piso y luego regresó por los pacientes que estaban recluidos en el sótano. Liberó al hombre licántropo quien aullaba terriblemente y salió corriendo hacia el patio ni bien abrió su celda, luego abrió la celda donde se encontraba Teresa pero la encontró inexplicablemente vacía y envuelta en un extraño resplandor fosforescente, el mismo resplandor que él había vislumbrado a través de las cortinas de la ventana de la biblioteca a la par que fue golpeado por esa onda expansiva sin sonido… sólo quedaba la corona de flores de la muchacha sobre la cama… en ése momento no pudo razonar y corrió velozmente a la biblioteca para rescatar los documentos importantes seguro que el caserón terminaría convertido en cenizas por el fuego infernal… luego salió al patio y reunió a los pacientes.
 
Extrañamente el incendio del caserón no se propagó, se consumió a si mismo y afectó solo la habitación de doña Francisca. Al amanecer llegaron los ronderos y les ayudaron a limpiar los escombros. Cuando subieron y entraron a la habitación de doña Francisca encontraron su cuerpo completamente calcinado sobre los restos quemados de su cama de madera en una postura que indicaba que ni había intentado levantarse mientras se quemaba, pero su brazo y su mano derecha, donde llevaba su anillo de plata con una turquesa, estaban intactos… ni siquiera sus largas uñas amarillentas por la nicotina se habían quemado.
 
Según las investigaciones que hicieron los ronderos el incendio del patio trasero se había iniciado por un carbón mal apagado de la parrilla sobre la que habían caído algunas hojas secas de las enredaderas de la pérgola y el fuego en la habitación de doña Francisca había sido causado por un cigarro que ella había estado fumando en su cama cuando se quedó dormida y  las favilas habían caído sobre las colchas… la explicación era razonable pero ellos no habían visto que en ambos fuegos las llamaradas eran de un peculiar color azulado.
 
En la mañana regresó Alberto cojeando y con un feo golpe en el pómulo, según lo que contó Julio y él lograron darle alcance a Mauricio y él consiguió someterlo pero Mauricio se resistió con una fuerza sobrehumana balbuceando que “los seres superiores estaban esperándolo en el bosque de algarrobos”… logró zafarse, le dio un brutal puñetazo en la cara y huyó… al intentar ir tras él se tropezó con una rama saliente, se torció el tobillo y Julio fue tras Mauricio. Los ronderos fueron a buscar a Julio y Mauricio, regresaron al atardecer trayendo a Julio en un estado de shock muy grave… lo habían encontrado en el bosque de algarrobos en una zona de terreno baldío que parecía quemado balbuceando incoherencias sobre una nave espacial que había aterrizado en aquel lugar y sobre unos extraterrestres de aspecto humanoide altos, sin cabello, ojos negros sin pupilas y piel fosforescente que se habían llevado a Mauricio.
 
Damon y yo intercambiamos miradas… ¿Teresa había sido abducida de su celda cerrada por su galán extraterrestre?... ¿los seres superiores se habían llevado a Mauricio en una nave espacial?... ¿un demonio había causado el incendio de la pérgola para huir de su prisión y luego había intentado apoderarse del cuerpo de doña Francisca y al no conseguirlo la había matado… o ésta había muerto en un extraño episodio de combustión espontánea?
 
El padre Miguel nos sirvió dos copas de pisco y nos ofreció unos cigarros, yo acepté uno, Damon rechazó su ofrecimiento educadamente… el padre Miguel me ofreció fuego, noté con cierto sobresalto que la llama que producía el encendedor era azulada. Miré los ojos del sacerdote renegado, aquellos ojos oscuros de mirada profunda que hacían que me pareciera la viva imagen del seminarista de los ojos negros y demoré mi mano sobre la suya que sujetaba el encendedor más tiempo del necesario mientras encendía mi cigarro… Damon protestó por eso… el padre Miguel le devolvió una pícara sonrisa, la misma que años atrás había causado los celos de Luis y le hizo una propuesta indecorosa… los tres nos reímos.
 
Tomé una de las botellas de macerado de pisco que el arqueólogo guardaba en el armario y serví tres vasos, el alcohol ayudaría a convencer a Damon de aceptar la picaresca propuesta del sacerdote renegado… no viene al caso que cuente con detalles lo que hicimos esa noche, el lector seguramente lo imagina. Me desperté antes de que rayara el alba y fui al baño, luego me senté en un sofá y encendí un cigarro mientras observaba a Damon y al padre Miguel durmiendo en la cama. Damon se despertó y con un gesto somnoliento me indicó que el olor del humo le molestaba… abrí la ventana para airear el ambiente…  entonces me pareció ver una sombra azulosa arrastrándose en el terreno yermo del jardín hasta el lugar que había ocupado la pérgola y desaparecer en la ergástula que ahora era un depósito de desechos… ¿sería el demonio regresando a su madriguera?
 
Nota final: Ha pasado un año más de aquella visita… algunas veces pienso en los extraños sucesos de la casa de la locura, luego fumo un cigarro y me alzo de hombros… hay cosas que no tienen una explicación razonable y no es prudente seguir indagando.

Liliana Celeste Flores Vega - 2015
Imagen: Google

viernes, 13 de mayo de 2011

La Biblioteca

Era la hora del ocaso y los resplandores de bronce se colaban por el amplio ventanal. Lord Ramiro Vanderloph encendió su pipa y se sentó en el mullido sillón al lado de la chimenea, sus ojos grises se pasearon por los estantes que cubrían casi todas las paredes de la vetusta biblioteca.

Recordó la historia de su familia: Según la leyenda se decía que su bisabuelo el aventurero Ramiro Vanderloph, había dado muerte en un duelo al Conde Vradleska, dueño original del castillo y vil tirano de quien además decían los supersticiosos campesinos, era un vampiro. Luego los habitantes de la aldea, agradecidos por haber sido liberados del yugo opresor, le otorgaron a Ramiro el título honorario de Lord y le entregaron el castillo.

Su bisabuelo Lord Ramiro Vanderloph I se casó con una dulce campesina llamada Marietta y se convirtió en un líder muy respetado y amado por el pueblo. Su abuelo, Lord Ramiro Vanderloph II y su padre Lord Ramiro Vanderloph III continuaron el legado de su ancestro… pero él, Lord Ramiro Vanderloph IV se había sentido abrumado por el peso de la tradición y en su juventud partió hacia España donde estudió y llegó a ser un respetado profesor de literatura, después se casó con una bella y culta dama llamada Doña Consuelo y tuvieron dos hijos: Cecilia y Alfonso.

Don Fernando, hermano menor de doña Consuelo, era un hombre vicioso dado al juego y a la bebida, malgastó el patrimonio familiar y además comprometió el buen nombre de Lord Ramiro en un incidente vergonzoso. Ése deshonroso hecho y los problemas económicos le hicieron regresar con su familia al castillo de sus ancestros.

Doña Consuelo no se sentía a gusto en aquella aldea tan lejana poblada por campesinos supersticiosos. Tampoco Cecilia, quien tenía 20 años y sabía que le sería difícil encontrar un esposo en aquél lugar y menos Alfonso, quien tenía 18 años y no le había gustado para nada dejar su activa vida social en Madrid para refundirse en ése añoso castillo rumano.

La noche cayó, desde las lejanías llegaba el rumor de la tormenta. Lord Ramiro Vanderloph clavó su mirada en un descolorido tapiz que cubría una pared y recordó los lejanos días de su infancia cuando pasaba las sombrías tardes en aquella biblioteca estudiando… un estremecimiento recorrió su espalda… el descolorido tapiz cubría un cuadro ya ennegrecido por el tiempo: Un antiguo retrato del Conde Vradleska.

Lord Ramiro Vanderloph, durante los años de su infancia, siempre se había preguntado porque su bisabuelo no retiró aquél cuadro cuando tomó posesión del castillo. Recordó el terror que le inspiraba la imagen del Conde cuando era niño pues muchas veces cuando estaba estudiando se había sentido observado por los oscuros ojos del retrato pero nunca se lo había comentado a su padre por vergüenza de que lo creyera un cobarde supersticioso como los ignorantes campesinos del pueblo. Le dio una profunda aspiración a su pipa, el tabaco lleno sus pulmones y se recompuso.

- Tontos temores infantiles – murmuró… pero no pudo evitar la remembranza del fatal incidente que lo marcaría de por vida:

Una noche, cuando él tenía un poco más de doce años y se encontraba enfermo recluido en su habitación, le pidió a su madre que le trajera un libro de la biblioteca. Lady Isabella fue a la biblioteca en busca del libro pedido y al poco rato se escuchó un grito desgarrador que alarmó a todos… él dejó su lecho y acudió en auxilio de su madre, la encontró en el pasillo, pálida y descompuesta, sollozando entre los brazos de su padre y jurando que había visto el fantasma del Conde Vradleska de pie al lado de su retrato. En un principio su padre se alarmó pero luego le restó importancia al incidente diciéndole a su esposa que seguramente había sido una impresión errónea causada por las sombras o un engaño de sus nervios… sin embargo, ante la insistencia de Lady Isabella colocó un tapiz para cubrir el cuadro.

Días después Lady Isabella enfermó y los doctores que la examinaron no pudieron encontrar el origen de la debilidad física que la tenía postrada en el lecho. Lord Ramiro Vanderloph recordó con amargura como vio a su madre marchitarse y luego sufrir de delirios en los que gritaba enajenada que amaba al Conde Vradleska. Tuvo que aceptar que su madre había enloquecido sin explicación razonable mientras que los campesinos murmuraban que la señora había sido víctima de la seducción del vampiro.
Una noche, en lo que pareció un último instante de lucidez, Lady Isabella le pidió a su esposo que quemara el retrato del Conde maldito pero él se negó a hacerlo… a la noche siguiente ella se suicidó arrojándose del torreón.

Lord Ramiro Vanderloph no pudo evitar recordar con rencor que en aquella ocasión le rogó a su padre que accediera a la petición de su madre y quemara el cuadro del Conde pero su padre le respondió que si hacía eso estaría aceptando que su esposa había caído bajo el hechizo de seducción del vampiro y caer en la superstición. Durante años odió a su padre por no haber accedido a la petición de su madre, aunque hubiera sido absurda… pero no podía evitar pensar que si su padre hubiera quemado ése cuadro maldito tal vez su madre no se hubiera suicidado.

Enemistado con su padre y negándose a seguir con la tradición de la familia decidió viajar a España, estudiar y hacer su vida lejos de aquél castillo que le traía tan trágicos recuerdos. Investigó casos de vampirismo pero después de sus largos años de estudio y conversaciones con amigos doctos en el tema terminó de convencerse de que la existencia de los vampiros era sólo un mito originado por un trastorno físico y psicológico que aquejaba a algunas personas y aceptó que su madre simplemente había enloquecido y que tarde o temprano se hubiera quitado la vida por uno u otro motivo.

Lord Ramiro se puso de pie con decisión, se acercó al tapiz y lo descorrió… contempló el retrato del Conde, mas ennegrecido por el paso de los años y levemente carcomido por el moho… aquellos ojos apagados ya no le inspiraban terror, ahora estaba seguro que el Conde no había tenido la culpa de la locura que consumió la vida de su madre.

- Pobre madre mía – murmuró y bajó a cenar con su familia.



Pasaron las semanas. Doña Consuelo había hecho amistad con el cura del pueblo y para entretenerse empezó a dar clases de canto en la iglesia. El joven Alonso pasaba las tardes montando a caballo y cortejando a las cándidas muchachas del pueblo. Y Cecilia se resignó ante la promesa de su padre de escribir una carta a su tía, Doña Esperanza, quien se había casado con un adinerado comerciante inglés y vivía con su esposo e hijos en Inglaterra, para que le buscara un digno pretendiente entre sus conocidos… ilusionada pasaba las tardes en la biblioteca estudiando inglés.

Una tarde gris llegó una carta de Doña Esperanza comunicándole a su cuñado que había encontrado un pretendiente para Cecilia. Se trataba del joven Lord Walter, segundo hijo de Lord Scout. El joven pertenecía a una noble familia inglesa un poco venida a menos económicamente pero era apuesto y culto, además tenía deseos de trabajar para labrarse una fortuna en aquellas lejanas tierras. Lord Walter solicitó el permiso de Lord Ramiro para mantener correspondencia con Cecilia. La noticia alegró a Cecilia, quien ya temía quedarse solterona, y con el consentimiento de su padre empezó a intercambiar cartas con Lord Walter… muy pronto ambos jóvenes iniciaron un romance.



Los meses pasaron. Entre Lord Ramiro y Lord Scout empezaron a discutirse planes de boda. Una tarde llegó una carta de Lord Walter acompañada de un pequeño paquete, Cecilia tomó la carta y el paquete presintiendo de lo que se trataba y fue a la biblioteca… abrió la carta y la leyó confirmando su presentimiento: Lord Walter, con la aprobación de sus respectivos padres, le pedía su mano en matrimonio. Con manos temblorosas abrió el pequeño paquete que acompañaba la misiva: Era un anillo de oro con un pequeño diamante. Su corazón dio un vuelco, el anillo saltó de su mano y rodó hasta perderse de vista debajo del tapiz que cubría el cuadro del Conde Vradleska.

Cecilia descorrió el tapiz, el anillo había desaparecido… se arrodilló buscando en el suelo y descubrió una hendidura al ras del piso y se dio cuenta que la pared de donde colgaba el cuadro era de madera y la humedad había carcomido su base. Tomó el atizador de la chimenea y empezó a agrandar la pequeña hendidura, metió su mano tanteando esperando encontrar el anillo sin resultado… reviso la pared de madera y descubrió que se trataba de una puerta corrediza, pasó el atizador por el borde y logró abrirla. El olor de la humedad la golpeó en la cara pero ella estaba decidida a encontrar el anillo, tomó una vela y se adentró en la oscuridad desconocida de aquél gabinete oculto.

Distinguió un armario repleto de libros viejos, un sillón destartalado y un ataúd… pero lo que la sobrecogió de espanto fue la visión de un hombre alto y enjuto embozado en una capa carcomida por las polillas, con la piel arrugada y amarillenta como un pergamino y largos cabellos canos, que estaba de pie al lado del ataúd… se quedó paralizada, pero no por el terror… había quedado fascinada por la mirada sombría del vampiro.

El Conde Vradleska se acercó a Cecilia y la tomó entre sus brazos antes de que ella cayera desmayada. Las centurias de encierro habían debilitado al vampiro pero él aún conservaba algunos de sus poderes… clavó sus colmillos en el frágil cuello de Cecilia y bebió con avidez saciando su sed de siglos. El poder vivificante de la sangre hizo que su piel arrugada y amarillenta recobrara su tersura y sobrenatural palidez, sus cabellos canos recuperaron el negro azabache y sus ojos se encendieron… pero se detuvo antes de arrebatarle la vida… Cecilia era demasiado hermosa.

El Conde depositó a Cecilia en el sillón al lado de la chimenea y cubrió la huella que sus colmillos habían dejado en el albo cuello de la muchacha con la mantilla. Luego regresó a su oscuro gabinete, recogió el anillo de oro que había rodado hasta el pie de su ataúd, tomó la mano de Cecilia y se lo colocó en el dedo.

- Me has liberado de mi prisión, por eso serás mi bella desposada – dijo y volvió a ocultarse en su gabinete acomodando otra vez la puerta corrediza.

Doña Consuelo y Lord Ramiro se inquietaron por la tardanza de su hija que no bajaba a cenar, fueron a la biblioteca y la encontraron desmayada en el sillón. Doña Consuelo acudió a socorrer a su hija mientras que Lord Ramiro tomó la carta que Cecilia había dejado abierta sobre el escritorio, la leyó y pensó simplemente que su hija se había desvanecido por la emoción al leer que Lord Walter había pedido su mano. Cecilia volvió en si lentamente… sus recuerdos del encuentro con el vampiro eran confusos… su madre la ayudó a subir a su alcoba y la acomodó en el lecho.

- ¿Estás bien, Cecilia? – preguntó preocupada Doña Consuelo.
- Oh, madre… no sé que me sucedió… me sentí desfallecer – respondió Cecilia obnubilada por el poder del vampiro.
- Debió de ser la emoción, Lord Walter ha pedido tu mano – dijo Doña Consuelo.
- Si… el anillo… el anillo – murmuró confusa Cecilia, su madre la tomó de la mano.
- Es hermoso, hija – dijo Doña Consuelo viendo en anillo de oro en el dedo de su hija – te traeré una infusión de valeriana.

Doña Consuelo salió de la alcoba, afuera la esperaba Lord Ramiro.

- ¿Cecilia se encuentra bien? – preguntó Lord Ramiro.
- Si, le llevaré una infusión de valeriana – respondió doña Consuelo.
- Bien… sin duda Cecilia ha de estar muy enamorada de Lord Walter para que su petición de matrimonio le haya causado semejante conmoción – dijo Lord Ramiro – pero debemos de cuidar la salud de nuestra hija, una joven enfermiza y débil no será una buena esposa… Lord Scout me dijo que esperaba tener nietos pronto.

Doña Consuelo regresó con la infusión de valeriana y dejó a su hija descansar. Durante la cena Lord Ramiro volvió a reconvenir a su esposa de cuidar la salud de Cecilia y luego fue a la biblioteca para escribirle una carta a Lord Scout para fijar la fecha de la boda. Después encendió su pipa y se dispuso a esperar que Alonso regresara de sus francachelas.

Y así llegó la medianoche, el Conde Vradleska espiaba a Lord Ramiro por una rendija, sólo deseaba volver a tener entre sus brazos a la bella Cecilia y decidió eliminar el obstáculo que representaba Lord Ramiro valiéndose de sus poderes oscuros para sumirlo en un sueño profundo. Luego salió de su gabinete y cautelosamente se dirigió a la alcoba de Cecilia… la contempló mientras ella dormía, sus largos cabellos castaños caían en adorable desorden sobre la almohada y se inclinó para darle un beso, apenas rozó sus labios cuando ella abrió los ojos… pero Cecilia no se sobresaltó, estaba bajo el hechizo seductor del vampiro.

- ¿Quién eres? – preguntó Cecilia.
- Soy un hijo de la noche, un maldito de Dios – respondió el Conde quien a pesar de vestir harapos lucía gallardo – soy el Conde Vradleska, siglos atrás fui el amo y señor de éste castillo y éstas tierras hasta que tu bisabuelo, un ambicioso aventurero, se cruzó en mi camino y me retó a un duelo por una supuesta afrenta contra el honor de una campesina… accedí para limpiar mi honor pero él traidoramente me tendió una trampa ayudado por los gitanos y me confinaron en aquél gabinete con un hechizo que sólo se rompería por la mano de una bella doncella de corazón puro descendiente de aquel que me condenó… Cecilia, tú me liberaste de mi prisión y por eso yo te he de recompensar ofreciéndote la inmortalidad y mi eterno amor.

Cecilia, completamente subyugada por la magia oscura del vampiro asintió y le ofreció sus labios… el Conde depositó un beso sobre ellos y la sumergió en un profundo sueño lleno de amorosas promesas. Después escapó por la ventana para saciar su sed con la sangre de los campesinos.



A la mañana siguiente Cecilia despertó, aún débil por la pérdida de sangre, pero recordando perfectamente lo que había sucedido en la biblioteca durante la tarde cuando gracias a un fortuito accidente había descubierto el gabinete oculto detrás del cuadro y la visita nocturna que le había hecho el Conde en su habitación… y en lo profundo de su alma sintió que lo amaba inexplicablemente.

Durante el desayuno Alonso comentó que su criado había desaparecido y más tarde uno de los peones le informó que habían encontrado su cadáver en el río… no se le prestó mas atención al hecho dado el carácter díscolo del muchacho, todos estaban de acuerdo que el muchacho había caído al río ebrio y lamentablemente se había ahogado.

Mientras tanto el conde Vradlesksa se encontraba reposando en su ataúd y empezó a rememorar su pasado: Siglos atrás él había partido para participar en las Cruzadas en representación de su noble familia, luchó incansablemente contra los infieles hasta que fue herido mortalmente en una batalla, pensó que su fin había llegado pero fue auxiliado por un monje que lo llevó a un refugio de los Templarios, el monje lo curó lo mejor que pudo pero sus heridas eran muy graves y se encontraba moribundo… entonces un monje encapuchado entró a la celda donde se encontraba y le dio el oscuro obsequio de la inmortalidad. Luego regresó a sus tierras y tuvo que recuperar lo que le pertenecía con mano dura, los campesinos lo llamaron tirano y cruel pero él sólo había actuado como cualquier otro noble de su época que al regresar de la batalla encuentra a sus siervos sublevados y negándose a pagar el tributo. También cargaba con la maldición de la sed de sangre… ¿qué podía hacer?, sólo obedecer a su naturaleza oscura para sobrevivir… pero no supo ser prudente y los aldeanos descubrieron su condición de vampiro.

Después apareció ése aventurero, Ramiro Vanderloph, quien lo acusó de haber violado a una campesina llamada Marietta… él no podía negar que era un asesino, un hijo de la noche que se veía obligado a matar para alimentarse, pero la acusación de violación era una calumnia… aceptó el duelo y le tendieron una trampa, no pudieron matarlo y lo recluyeron en aquél gabinete, emparedándolo en vida, condenándolo a marchitarse hasta consumirse… durante siglos permaneció esperando su oportunidad para liberarse, intentó seducir a Lady Isabella valiéndose de sus menguados poderes de vampiro manifestándose en sus sueños pero ella no era una descendiente de Ramiro Vanderloph. Y tuvo que volver a replegarse en las sombras hasta que la esperanza apareció con el nombre de Cecilia.

Muchas veces la había espiado por una rendija mientras ella pasaba las tardes leyendo en la biblioteca… la había visto llorar en silencio, desconsolada como una rosa cortada del rosal condenada a marchitar su belleza y juventud entre los oscuros muros del aquél castillo… y la había visto recuperar la ilusión cuando pasaba las tardes leyendo en voz alta las cartas que le escribía Lord Walter… pero él se encontraba muy débil para intentar seducirla… sin embargo, cuando supo que Lord Walter había pedido su mano en matrimonio y vio que su última oportunidad de romper el hechizo que lo confinaba en su prisión se desvanecía, reunió lo que le quedaba de sus poderes oscuros para hacer que aquél anillo escapara de la mano de la muchacha y rodara hasta su gabinete. Lo había logrado… pero ahora que era libre debería de ser más prudente, cazar con discreción y tener la precaución de borrar sus huellas… y cuando recuperara sus poderes huiría con Cecilia.

En la tarde Cecilia fue a la biblioteca, descorrió la puerta y se encontró con el Conde quien se encontraba sentado en su destartalado sillón leyendo un viejo libro a la luz vacilante de una vela.

- ¡Oh, Cecilia! – exclamó el Conde poniéndose de pie – es una imprudencia que me busques a estas horas, tu padre puede sorprendernos.
- Oh, sólo deseaba comprobar que lo sucedió no fue sólo un sueño – respondió ella.
- Dulce amada mía, todo esto es un sueño, un sueño de amor del que nunca despertarás – dijo el Conde abrazando a Cecilia – pero debemos de ser prudentes, no he recuperado todos mis poderes y debo permanecer oculto... será mejor que te vayas, yo iré a visitarte a tu alcoba a la medianoche cuando todos estén dormidos.
- Mi padre se encuentra ocupado, estoy segura que no entrará a la biblioteca – dijo Cecilia – tenemos tanto de que hablar.
- Tendremos la eternidad para eso, amada mía – respondió el Conde sin soltarla del abrazo – pero podemos permitirnos un momento más juntos siempre que seamos cautelosos.

Se besaron apasionadamente. Si en un principio el Conde sólo se había sentido atraído por la belleza de Cecilia ésta vez sintió que su corazón seco para los sentimientos volvía a la vida inundándose de tibieza… algo que no había sentido desde que recibió el don maldito de la oscuridad: Sintió nacer el amor en su corazón.

Igualmente Cecilia… había olvidado por completo su amor por Lord Walter que después de todo sólo había sido un amor cultivado casi a la fuerza por ella misma… no podía negar que durante el tiempo que había intercambiado cartas con Lord Walter se había ilusionado mucho con él pero había sido sólo eso, una ilusión… y un aferrarse al único pretendiente que habían podido encontrarle sus padres. Cecilia había sido siempre un alma sensible, una romántica enamorada del amor… desde su adolescencia su sueño había sido conocer a un hombre de quien se enamorara apasionadamente y ése sueño se había roto cuando las desgracias hicieron que su familia terminara confinada en aquél lejano pueblo. Lord Walter había sido su única esperanza de no quedarse soltera… pero ahora que había conocido al Conde sólo deseaba unirse a él para toda la eternidad. Y así fue como ambos sintieron que estaban predestinados a conocerse y a amarse… dolorosamente se separaron pero con la promesa de volver a encontrarse a la medianoche.

Cecilia salió de la biblioteca y fue al salón para reunirse con su madre quien le dijo con una sonrisa que deberían de empezar con los preparativos para su ajuar de novia. Cecilia se sintió desazogada, no quería ser ingrata con Lord Walter pero no deseaba renunciar al amor del Conde.



Las semanas pasaron. En el pueblo se comentaba de misteriosas muertes accidentales pero ni siquiera los supersticiosos campesinos mencionaron la maldición del vampiro ya que los cuerpos eran hallados ahogados en el río o despeñados en los precipicios… se empezó a murmurar de un nuevo terror: Ninfas del río y duendes de los abismos. Mientras tanto el Conde recuperaba sus poderes. Cecilia lo visitaba algunas tardes manteniendo la discreción y también lo recibía a la medianoche en su alcoba.

Sin embargo los preparativos para la boda seguían su curso, Cecilia no había encontrado la manera de romper con su prometido sin levantar las sospechas. Y llegó el día señalado… se esperaba la llegada de Lord Walter para el día siguiente y la boda estaba fijada para dentro de una semana. Ésa noche el Conde usó sus poderes para sumir en un sueño profundo a todos los habitantes del castillo y se dirigió a la alcoba de Cecilia… ella ya lo esperaba como habían acordado, se había puesto su capa de viaje y tenía hecha una maleta en la que llevaba lo necesario… y amparados en las sombras, con la luna como testigo de su amor, huyeron del castillo. Antes del alba ya se encontraban a salvo ocultos entre las ruinas de un monasterio y a la espera de que cayera la tarde para seguir su camino, bajo el disfraz de dos humildes aldeanos y con el plan de hacerse a la mar en busca de otras tierras y la felicidad.

Lord Ramiro, Doña Consuelo, Alonso y los criados del castillo salieron de su sopor pasado el mediodía. Buscaron a Cecilia por todo el castillo… Alonso tomó su caballo para buscar a su hermana desesperadamente por el río y los barrancos temiendo lo peor. Doña Consuelo no dejaba de llorar en brazos del cura del pueblo. Lord Ramiro fue a la biblioteca… entonces encontró dos cartas escritas por Cecilia, una dirigida a su familia y la otra a Lord Walter… tomó la que le correspondía y la leyó… en ella Cecilia le resumía los sucesos de los últimos meses, como fue que fortuitamente halló el gabinete oculto detrás del cuadro y al Conde Vradleska, le confesaba su amoríos y le suplicaba que no los buscaran.

Lord Ramiro se dirigió hacia el cuadro maldito, descorrió la puerta corrediza y descubrió el gabinete oculto… un grito de rabia e impotencia estalló en su garganta: ¡El mito del maldito vampiro era real!

Su primer impulso fue destruir el ataúd pero en ése preciso instante llegó Lord Walter. De inmediato fue informado por Alonso de la desaparición de Cecilia, él quedó desconcertado. Lord Walter entró al castillo y entró a la biblioteca en donde se encontró con Lord Ramiro… le entregaron la carta que Cecilia había dejado para él, Lord Walter la leyó… no, él no podía creer lo que Cecilia contaba sobre el Conde Vradleska ni conformarse con sus disculpas.

- Esto es imposible, los vampiros no existen – dijo Lord Walter destrozando la carta.
- He aquí la guarida del vampiro – dijo Lord Ramiro mostrándole el gabinete oculto.
- Eso no prueba la existencia del vampiro – respondió Lord Walter incrédulo – sin duda un hombre infame, aprovechándose de la leyenda del vampiro y de la inocencia de Cecilia, se ha hecho pasar por el Conde y la ha seducido.
- ¡Es posible! – exclamó Lord Ramiro aferrándose a una explicación razonable.
- Debemos de ir tras ellos – dijo Lord Walter.

Pero la búsqueda fue infructuosa. El Conde Vradleska y Cecilia ya se encontraban lejos. Lord Ramiro Vanderloph IV hizo lo que debió de haber hecho su padre años atrás: Quemó el cuadro maldito del Conde… pero el fuego se salió de control, se extendió por la biblioteca y a duras penas evitaron que consumiera el castillo.

Liliana Celeste Flores Vega - 13 de mayo del 2011.

PD: Ejercicio semanal para el grupo LiteraturaEspanol de Deviantart. 
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